AVIACIÓN MILITAR

Estados Unidos sacó del “cementerio” de Arizona un bombardero B-1B retirado en 2021 y, tras casi dos años de trabajo, más de 200 especialistas y 500 componentes sustituidos, el avión supersónico ha vuelto completamente operativo con un nuevo nombre: Apmiocalypse II

El aparato necesitó casi dos años de trabajos, centenares de componentes nuevos y la participación de más de 200 especialistas antes de recuperar su capacidad operativa.

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B-1B Lancer dentro de una instalación de pintura en Tinker Air Force Base tras completar su repintado
Un B-1B Lancer en la instalación de pintura de Tinker Air Force Base, Oklahoma, el 15 de abril de 2026, tras completar el repintado previo a su regreso al servicio. Foto: U.S. Air Force / Courtney Landsberger.
Adrián Villellas

Llevaba desde 2021 en el mayor cementerio de aviones del mundo, en pleno desierto de Arizona: Estados Unidos ha devuelto al combate un bombardero B-1B tras casi dos años de trabajos y 500 piezas sustituidas

Un bombardero B-1B Lancer que llevaba estacionado desde 2021 en el «cementerio» de aviones de Davis-Monthan, en Arizona, vuelve a estar operativo. El avión en cuestión lleva el número de cola 86-0115. Partió de la Base Aérea de Tinker el 22 de abril de 2026, tras casi dos años de reparaciones, pruebas y un gran esfuerzo para volver a ponerlo en servicio.

Y no se trataba simplemente de quitarle de encima el polvo e intentar volver a ponerlo en marcha. Más de 200 militares y civiles participaron en el proceso y tuvieron que sustituir más de 500 componentes. ¿El motivo? El avión estaba clasificado en una categoría destinada principalmente a la recuperación de sus piezas. Explicado en otras palabras, se parecía más a un enorme almacén de repuestos que a un bombardero listo para volver a surcar los cielos.

Del desierto al taller

El B-1B fue uno de los 17 aviones retirados en 2021 y enviados al 309.º Grupo de Mantenimiento y Regeneración Aeroespacial. Allí acabó en el famoso «cementerio» de Arizona, una enorme zona donde el clima seco ayuda a que estos gigantes de metal no se deterioren tan rápido.

Su clasificación era de almacenamiento tipo 2000. Explicandolo de forma sencilla, el avión se queda guardado con lo justo y lo necesario, casi como si se pusiera “en modo pausa”, para poder así aprovechar sus piezas más adelante.

El problema es que devolverlo entero al servicio ya es otra historia. No basta con quitarle el polvo y arrancar motores. Hay que reconstruir sistemas, reponer piezas que fueron retiradas y cambiar otras que se han estropeado con el paso del tiempo.

El Complejo Logístico Aéreo de Oklahoma City dirigió los trabajos en Tinker, con el 567.º Escuadrón de Mantenimiento de Aeronaves como pieza central. Después, pilotos del 10.º Escuadrón de Pruebas de Vuelo comprobaron el bombardero sobre Oklahoma con el fuselaje todavía en metal desnudo. Solo tras validar sistemas y prestaciones pasó a pintura y fue declarado plenamente apto para la misión.

Por qué sigue siendo útil y la razón del regreso

El B-1B es un bombardero supersónico de largo alcance. Una de sus características más llamativas son sus alas, que pueden cambiar de ángulo según la fase del vuelo. Nació en plena Guerra Fría y originalmente también tenía una función nuclear. Pero eso cambió. En marzo de 2011, Estados Unidos completó su conversión para utilizar únicamente armamento convencional.

Su radar también cumple varias funciones. Puede seguir vehículos en movimiento, ayudar a elegir objetivos y facilitar el vuelo cerca del terreno. Para poder orientarse utiliza GPS con sensores internos. Además, el sistema Link-16 le permite recibir información de otras aeronaves y de centros de mando mientras está en misión.

Para protegerse, cuenta con equipos capaces de detectar radares hostiles e intentar interferir sus señales. A eso se le sumaa bengalas, material metálico diseñado para confundir determinados radares y un señuelo remolcado. Con todo esto lo que se busca es reducir el riesgo cuando el avión entra en un espacio aéreo defendido.

La Fuerza Aérea recuperó el aparato para sustituir a otro B-1B sometido a reparaciones estructurales importantes. La decisión también ayudó a mantener la flota de 45 bombarderos exigida por el Congreso, según la información oficial de la 7.ª Ala de Bombardeo.

Jason «JJ» Justice, analista técnico del programa B-1, vivió las dos caras de la historia. Participó tanto en el envío del avión al desierto como en su regreso. «Llevo 32 años con este avión», dijo. Y no fue una vuelta sencilla.

En paralelo, Estados Unidos sigue avanzando con el B-21 Raider, que reemplazará progresivamente al B-1B y al B-2. El Mando de Ataque Global sitúa su capacidad inicial en 2028 y señala que, hasta que esté plenamente desplegado, debe combinar la modernización con el mantenimiento de los bombarderos actuales.

El nombre Apocalypse II y lo que demuestra la recuperación

Al llegar a la Base Aérea Dyess, en Texas, el antiguo «Rage» comenzó una nueva etapa. Ahora es el avión insignia de la 7.ª Ala de Bombardeo y tiene un nuevo nombre: «Apocalypse II». También luce un diseño conmemorativo en el morro. Un detalle que termina de marcar su cambio de estar almacenado a volver a poder convertirse en un bombardero totalmente operativo.

¿Y de dónde sale el nombre? Es un homenaje al B-24J Liberator «Apocalypse» y a su tripulación del 436.º Escuadrón de Bombardeo. Aquel avión fue derribado sobre Birmania el 1 de diciembre de 1942. Más de ocho décadas después, el nuevo emblema conecta aquella historia con el regreso del 86-0115 al servicio.

El caso confirma que el cementerio de Arizona también funciona como una reserva de material aéreo, pero casi dos años de trabajo, más de 200 profesionales y centenares de componentes muestran que sacar un bombardero de allí no es un atajo. Es una reconstrucción compleja.

La información oficial se ha publicado en la Base Aérea Tinker.

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