La trampa de esperar al próximo brote: por qué cuidar la piel atópica cuando parece estar bien
La desaparición de los síntomas visibles no significa que haya que abandonar los cuidados diarios de la piel
Cuando desaparecen el enrojecimiento, la descamación o el picor, muchos pacientes con dermatitis atópica tienden a considerar que el problema ha terminado. Sin embargo, la naturaleza crónica de esta enfermedad hace que el cuidado de la piel no deba limitarse exclusivamente a los momentos en los que aparece un brote.
En la actualidad, la dermatitis atópica afecta a aproximadamente 2,7 millones de personas en España, alrededor del 5,6% de la población.
La dermatitis atópica se caracteriza por una piel especialmente seca y sensible, cuya barrera protectora puede verse alterada. Por ello, incluso cuando las lesiones no son visibles, mantener una rutina adecuada de cuidado puede ayudar a proteger la piel frente a los factores externos.
«Uno de los errores más frecuentes es pensar que la piel solo necesita atención cuando aparecen síntomas. En la dermatitis atópica es importante mantener unos cuidados constantes que ayuden a conservar la barrera cutánea y a reducir el impacto de factores como el frío, el viento, la sequedad ambiental o determinados productos», explica el Dr. Miguel Sánchez Viera, director del Instituto de Dermatología Integral (IDEI).
Una piel que parece bien también necesita cuidados
La barrera hidrolipídica actúa como una capa protectora frente a las agresiones externas y ayuda a evitar la pérdida de agua. Cuando se deteriora, pueden aparecer sequedad, irritación, rojeces, descamación, grietas y heridas.
En las personas con dermatitis atópica, el frío, el viento y la sequedad ambiental pueden contribuir a deteriorarla. Por este motivo, el cuidado cotidiano debe formar parte de la estrategia para mantener la piel en mejores condiciones.
El objetivo no es esperar al próximo brote
La rutina diaria de una persona con dermatitis atópica debería adaptarse a las características de su piel y a los factores que desencadenan o empeoran sus molestias.
Entre las principales medidas de cuidado se encuentran:
· Higiene suave: utilizar productos adecuados para pieles sensibles y evitar aquellos que puedan resultar agresivos o irritantes.
· Hidratación habitual: las cremas hidratantes y humectantes ayudan a aportar agua y a reducir su pérdida. Formulaciones con ingredientes como ceramidas, pantenol, urea o ácido hialurónico pueden contribuir al cuidado de la barrera cutánea.
· Secar sin frotar: después de la higiene es preferible secar la piel suavemente para evitar añadir irritación.
· Protegerse del frío: las bajas temperaturas pueden favorecer la sequedad y aumentar la reactividad de la piel.
· Cuidar la ropa: algunas personas con dermatitis atópica presentan sensibilidad a las fibras sintéticas o a la lana. En estos casos puede ser preferible utilizar tejidos suaves como el algodón.
· Controlar el ambiente: la calefacción puede reducir la humedad de los interiores, por lo que mantener una humedad adecuada puede ayudar a prevenir la sequedad.
¿Cuándo hay que consultar?
Que una persona conozca su piel y tenga una rutina de cuidados no significa que deba afrontar por sí misma todos los episodios.
Si aparecen brotes que empeoran, descamaciones que no remiten, grietas o heridas, es recomendable consultar con un dermatólogo para valorar la situación y establecer las medidas necesarias.
«Los cuidados diarios son un complemento del tratamiento médico y no deben sustituir la valoración de un especialista cuando la enfermedad empeora. El objetivo es que el paciente conozca su piel, identifique los factores que la irritan y sepa cuándo necesita ayuda médica», concluye Sánchez Viera.
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