Expertos aseguran que la actividad sexual en los JJOO no afecta al rendimiento deportivo
El reparto gratuito de preservativos en las villas olímpicas responde a una estrategia de salud pública

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La convivencia de miles de deportistas jóvenes en la Villa Olímpica convierte a los Juegos de Invierno en un microcosmos humano donde la exigencia deportiva convive con la vida social y afectiva. En los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina 2026, la distribución inicial de unos 10.000 preservativos se agotó en apenas tres días, evidenciando una realidad que se repite en cada edición: los atletas, en su mayoría de entre 20 y 30 años, mantienen relaciones personales durante el evento y recurren al sexo seguro como parte de su cuidado integral.
Este fenómeno no supone una contradicción con el alto rendimiento deportivo. Diversos estudios sobre fisiología del deporte indican que la actividad sexual moderada no perjudica el rendimiento físico si se acompaña de descanso y planificación adecuados. Para los deportistas de élite, el equilibrio emocional y psicológico es clave, y las relaciones personales forman parte de esa estabilidad durante semanas de competición sometidas a gran presión mediática y competitiva.
Según el médico deportivo Ángel Luis Hernando, la actividad sexual no perjudica el rendimiento deportivo cuando se realiza con normalidad y dentro de un adecuado descanso, ya que no produce un gasto energético significativo ni altera la capacidad física del atleta. De hecho, explica que el sexo puede favorecer la relajación, reducir la ansiedad competitiva y mejorar el bienestar emocional, factores que contribuyen a un mejor enfoque mental en la competición. Además, desde el punto de vista fisiológico, no existe evidencia sólida que demuestre una disminución de la fuerza, la resistencia o la velocidad tras mantener relaciones sexuales, siempre que no interfieran con los horarios de sueño o recuperación del deportista.
El reparto gratuito de preservativos en las villas olímpicas responde a una estrategia de salud pública promovida por el Comité Olímpico Internacional desde finales del siglo XX. La medida busca prevenir infecciones de transmisión sexual y embarazos no deseados en un contexto donde conviven miles de jóvenes adultos procedentes de distintos países y culturas. Lejos de ser un gesto simbólico, se trata de una política sanitaria que reconoce la realidad social de los atletas sin estigmatizar su sexualidad.
Conciencia preventiva
El hecho de que se hayan quedado sin preservativos no debe interpretarse como frivolidad o falta de compromiso con el deporte. Al contrario, revela una mayor conciencia preventiva entre deportistas que, pese a su sacrificio y disciplina extrema, asumen la importancia de proteger su salud. El uso del preservativo, además de evitar riesgos sanitarios, contribuye al bienestar emocional y a la tranquilidad mental durante la competición.
En un contexto global donde las infecciones de transmisión sexual siguen aumentando entre jóvenes adultos, el comportamiento de los atletas olímpicos ofrece un mensaje relevante: incluso en el máximo nivel del deporte, la responsabilidad personal y el cuidado de la salud sexual forman parte del rendimiento integral. Así, el agotamiento de preservativos en la Villa Olímpica no refleja descontrol, sino prevención activa entre una generación que compite al límite sin renunciar a proteger su salud y su futuro.
Más allá del morbo: responsabilidad y prevención
La noticia del desabastecimiento de preservativos suele presentarse con un tono anecdótico o sensacionalista. Sin embargo, interpretarla desde la salud pública cambia su significado:
- No se trata de exceso, sino de previsión insuficiente.
- No refleja falta de compromiso deportivo, sino convivencia humana normal.
- Y, sobre todo, demuestra que los atletas optan por el sexo protegido, un indicador positivo de responsabilidad individual.