Dieta antienvejecimiento: qué comer para envejecer con energía y bienestar
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Vivir más es un deseo compartido. Vivir más y mejor, todavía más. Aunque no podemos detener el reloj, sí podemos influir en cómo envejece nuestro organismo. Y uno de los factores más determinantes es lo que ponemos en el plato. La buena noticia: no hace falta seguir dietas complicadas ni invertir en superalimentos exóticos. La clave está en elegir alimentos reales, variados y abundantes en nutrientes.
Belén Fontán Calvo, especialista en Nutrición Clínica del Hospital Universitario Ruber Juan Bravo, lo resume así: “una alimentación equilibrada, variada y adaptada es clave para tener una buena salud”. Y añade algo esencial: los alimentos asociados a una mayor longevidad “son productos que cualquiera puede encontrar en el mercado”.
Con esa base, repasamos cómo es una dieta antienvejecimiento, qué alimentos la componen y por qué ayudan a llegar a más cumpleaños con energía y bienestar.
¿Qué es exactamente una dieta antiedad?
La llamada dieta antiaging no es una moda ni un plan restrictivo. Es un patrón alimentario centrado en alimentos frescos que aportan fibra, vitaminas, minerales, antioxidantes y grasas de calidad. Su finalidad es favorecer el funcionamiento del organismo, proteger las células y reducir el desgaste asociado al paso del tiempo.
No se trata de contar calorías, sino de priorizar lo que la evidencia científica relaciona con una longevidad activa: frutas, verduras, legumbres, granos integrales, pescado, frutos secos y buena hidratación.
1. Legumbres: pequeñas aliadas de la longevidad
Son uno de los alimentos más completos: fibra, proteínas vegetales, vitaminas, minerales y un enorme poder saciante. Estudios recientes indican que consumir entre 100 y 200 gramos diarios puede asociarse a una vida más larga.
Las más respaldadas por la literatura científica son las lentejas y alubias, aunque la especialista aclara que lo importante es la variedad: incorporarlas de forma regular en guisos, ensaladas, hummus o cremas es suficiente para obtener sus beneficios.
Además, cuidan la masa muscular, ayudan en el control del peso y favorecen la salud intestinal.
2. Verduras: un imprescindible para sumar salud
Son uno de los pilares de cualquier patrón alimentario anti edad. La recomendación: 600-800g diarios entre verduras y frutas.
Belén Fontán recuerda que no todas aportan lo mismo y, por eso, la variedad es clave. Según su color, ofrecen beneficios diferentes:
- Hojas verdes (espinacas, acelgas, rúcula): ayudan a proteger la función cognitiva.
- Vegetales ricos en polifenoles (cebolla, espárragos, alcaparras): contribuyen a eliminar células senescentes, aquellas que envejecen y dejan de funcionar correctamente.
- Verduras ricas en fibra (ajo, cebolla, alcachofa, espárragos): favorecen una microbiota diversa y equilibrada.
Cuanta más variedad cromática haya en el plato, más amplio será el abanico de nutrientes.
3. Fruta: hidratación, vitaminas y más años de vida
Los expertos coinciden: la fruta debe estar a diario en nuestra mesa, 2–3 porciones al día son suficientes. Su elevado contenido en agua, fibra, vitaminas y minerales la convierte en un aliado esencial para un envejecimiento saludable.
La recomendación: escoger fruta de temporada, más económica y con su mejor perfil nutricional. En otoño, por ejemplo, destacan kiwis, naranjas, peras, plátanos o chirimoyas.
4. Pescado, protagonista por encima de la carne roja
No es necesario eliminar la carne roja, pero sí reducirla y dar más espacio al pescado, especialmente por su calidad proteica, digestibilidad y aporte de vitaminas del grupo B, vitamina D y minerales como el yodo o el potasio.
Se recomienda 3-4 raciones semanales (125–150g cada una). En especies pequeñas, su espina es además una fuente interesante de calcio.
5. Cereales integrales: energía sostenible para el organismo
La avena es el ejemplo más destacado dentro de este grupo: rica en fibra, nutrientes esenciales y betaglucanos, un tipo de fibra con beneficios probados a nivel intestinal y metabólico.
Estos alimentos mantienen saciedad, aportan energía de liberación lenta y favorecen la salud digestiva.
6. Frutos secos: pequeños, saciantes y relacionados con la longevidad
Consumir 15–20g diarios se asocia a una reducción del 19% de la mortalidad según diversos estudios.
Aunque son calóricos, la especialista recuerda que “su ingesta tiene una baja absorción calórica dado que sus nutrientes son aprovechados por nuestro organismo”. Por eso no deben evitarse, siempre que se tomen en su versión natural o tostada, sin azúcares ni frituras.
Son ricos en grasas saludables, proteínas, fibra prebiótica y micronutrientes esenciales. Y muy fáciles de integrar: en yogures, ensaladas, cremas o como snack.
7. Agua: el hidratante que nunca falla
Beber al menos 2 litros diarios es fundamental. La sed suele aparecer cuando la deshidratación ya ha comenzado, por lo que conviene beber de forma regular, aunque no tengamos sensación de sed.
Además, infusiones como té verde, jengibre, cúrcuma, hinojo o cardamomo ayudan a complementar la hidratación. El té verde, en concreto, se relaciona con beneficios cardiovasculares.
8. Más mercado, menos ultraprocesados
Una despensa antiaging es una despensa fresca, sencilla y basada en alimentos de proximidad. Cuanto menor sea la presencia de productos ultraprocesados —ricos en azúcares añadidos, aditivos y grasas de baja calidad—, mejor para el organismo.
Envejecer mejor empieza con decisiones diarias
La dieta antienvejecimiento no es una carrera de fondo ni una lista de prohibiciones. Es un estilo de vida que apuesta por lo simple: alimentos reales, variedad vegetal, buena hidratación y hábitos sostenibles.
No se trata solo de vivir más, sino de vivir mejor. Y según la especialista del Hospital Universitario Ruber Juan Bravo, la base está clara: una alimentación equilibrada, variada y adaptada a cada persona.
La longevidad no está en una pastilla ni en un superalimento milagroso. Está en el mercado de siempre, en la cocina de casa y en la constancia del día a día.
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