Dr. Gustavo Sordo | Psiquiatra, Ana Isabel Sanz

Otoplastia infantil: una pregunta antes de pasar por quirófano, ¿realmente quiere hacerlo el niño?

«La intervención puede realizarse a partir de los seis años»

Otoplastia infantil: una pregunta antes de pasar por quirófano, ¿realmente quiere hacerlo el niño?
Diego Buenosvinos

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Las orejas prominentes pueden convertirse en un motivo de preocupación para algunos niños desde el inicio de la etapa escolar y, en algunos casos, dar lugar a burlas o situaciones de acoso por parte de sus compañeros. Pero ¿cuándo debe plantearse una otoplastia? ¿Basta con valorar la anatomía de la oreja o hay que tener en cuenta también la madurez y el bienestar emocional del menor?

El cirujano plástico Gustavo Sordo, del HLA Universitario Moncloa y director de la Clínica Dr. Sordo, y la psiquiatra Ana Isabel Sanz, directora del Instituto Psiquiátrico Ipsias, analizan las claves de una decisión que, según ambos especialistas, requiere mucho más que una valoración física.

El cirujano plástico Gustavo Sordo subraya que la decisión de realizar una otoplastia infantil no debe basarse únicamente en la anatomía de las orejas. Aunque la intervención puede plantearse a partir de los seis años en los casos en los que exista una oreja prominente con relevancia suficiente, considera fundamental valorar también la madurez del menor, su motivación y el consenso de la familia. La primera consulta, explica, tiene una importante dimensión psicológica y permite preparar al niño para el cambio, resolver dudas y comprobar que la decisión es compartida antes de pasar por quirófano.

Por su parte, la psiquiatra Ana Isabel Sanz advierte de que las orejas prominentes pueden afectar a la seguridad y las relaciones sociales de algunos menores cuando son objeto de burlas o acoso, pero recuerda que la cirugía no debe ser la única respuesta. La especialista considera esencial escuchar al niño, determinar si el deseo de cambiar parte realmente de él y valorar posibles señales de malestar emocional. Además, insiste en que modificar una característica física no garantiza por sí solo que cambie la forma en que el menor se siente consigo mismo, por lo que también es necesario trabajar las expectativas familiares y, cuando sea preciso, recurrir al apoyo psicológico y a la intervención del entorno educativo.

Pregunta. ¿Cuál es el principal criterio médico para plantear una otoplastia en un niño?

Gustavo Sordo. El principal criterio médico es la presencia de una oreja prominente con la relevancia suficiente como para plantear la cirugía. Una vez confirmado esto, la intervención puede realizarse a partir de los seis años, que es cuando la oreja alcanza un tamaño similar al del adulto y coincide con el inicio de la edad escolar, lo que permite anticiparnos a posibles burlas o acoso.

Pregunta. Antes de decidir la intervención, ¿qué importancia tiene la primera consulta?

Gustavo Sordo. Es clave ser empáticos, dedicar tiempo y hablar mucho con la familia para que todos —padres e hijo— estén alineados y trabajemos en equipo. Dedicamos tiempo delante del espejo para mostrar cuál será el cambio, evitando así el rechazo psicológico, y también trabajamos con imágenes de otros pacientes, compartidas con su permiso, que ayudan tanto a la familia como al niño a visualizar el resultado.

Pregunta. ¿La consulta va, por tanto, más allá de una simple exploración médica?

Gustavo Sordo. La consulta tiene además una dimensión psicológica muy importante: exploramos el grado de madurez de la decisión, si se ha hablado en casa, si existe consenso familiar y si realmente se trata de un caso adecuado para la intervención en función de la madurez del niño y de la familia que lo acompaña.

«La cirugía no debe contemplarse como la única respuesta».

Pregunta. ¿Cómo pueden afectar las orejas prominentes a un niño desde el punto de vista psicológico?

Ana Isabel Sanz. Las orejas prominentes, conocidas coloquialmente como orejas de soplillo, pueden generar en algunos menores inseguridad sobre su aspecto, especialmente cuando provocan miradas, comentarios o burlas por parte de otros niños. Esta inseguridad puede llevarles a tratar de ocultar sus orejas con el pelo o determinadas prendas e, incluso, a relacionarse con menor frecuencia o aislarse de sus iguales.

Pregunta. ¿Qué señales deberían alertar a las familias de que las burlas están teniendo consecuencias en la vida cotidiana del menor?

Ana Isabel Sanz. Algunas señales que deberían llamar la atención de las familias son la resistencia a acudir al colegio, el llanto, la ansiedad, el mal humor, la tristeza o la pérdida de interés por actividades habituales. También pueden aparecer manifestaciones físicas vinculadas al entorno escolar o social, como dolores de cabeza o de estómago.

Pregunta. Si el niño está sufriendo burlas o un trato vejatorio, ¿la cirugía es necesariamente la solución?

Ana Isabel Sanz. Si el menor manifiesta que está recibiendo un trato vejatorio o que determinadas actitudes de sus compañeros le hacen sentirse mal, es importante no permanecer indiferentes y valorar la intervención del centro educativo y, cuando sea necesario, el apoyo psicológico. La cirugía, por tanto, no debe contemplarse como la única respuesta posible ante una situación de este tipo.

Pregunta. ¿Qué importancia tiene que el deseo de operarse parta realmente del niño?

Ana Isabel Sanz. Una otoplastia es una intervención optativa y existen personas con orejas prominentes que conviven perfectamente con esta característica sin que afecte a su seguridad, felicidad o relaciones sociales. Por ello, antes de tomar una decisión resulta importante conocer hasta qué punto el deseo de cambio parte realmente del menor y qué expectativas existen alrededor de la intervención.

Pregunta. ¿Existe el riesgo de pensar que cambiar una característica física resolverá todos los problemas del niño?

Ana Isabel Sanz. Es necesario evitar que el niño concentre todas sus dificultades en una característica física modificable. Aunque las orejas puedan convertirse en el motivo de determinadas burlas, cambiar su forma no implica necesariamente modificar cómo el menor se siente consigo mismo. Del mismo modo, resulta especialmente relevante valorar las expectativas de los padres, ya que en algunas ocasiones es la propia familia, y no el niño, quien muestra una mayor preocupación por esta característica estética.

Gustavo Sordo: «No todas las orejas prominentes presentan la misma anatomía».

Pregunta. Desde el punto de vista quirúrgico, ¿son iguales todos los casos de orejas prominentes?

Gustavo Sordo. No. No todas las orejas prominentes presentan la misma anatomía. Por ese motivo, el análisis y el diagnóstico de cada caso resultan esenciales antes de plantear la intervención, que cuenta con un anestesista especializado en anestesia infantil.

Habitualmente encontramos orejas despegadas de la cabeza por dos causas principales, que pueden darse de forma aislada o combinada. La primera es la falta de un antihélix bien definido, el pliegue que hace que la oreja quede cerca de la cabeza. La segunda es una concha auricular —la zona cercana al conducto auditivo— excesivamente grande, que separa la oreja del cráneo. Algunos pacientes presentan, además, pequeñas deformidades, como tubérculos de Darwin o asimetrías.

Pregunta. ¿Qué técnica utilizan para conseguir un resultado natural?

Gustavo Sordo. En nuestra clínica utilizamos la técnica de Mustardé porque consideramos que produce menos desvascularización en la oreja. Desde nuestro punto de vista, esta técnica es la que menos daño vascular y menos despegamiento exige sobre la oreja. Consiste en generar los pliegues y acercar la oreja a la cabeza mediante suturas, con el mínimo despegamiento posible. Esto deja resultados muy naturales y agradables, y permite al cirujano ajustar los pliegues y el acercamiento de forma personalizada para cada paciente.

El primer mes tras la cirugía

Pregunta. ¿Qué cuidados necesita el niño después de una otoplastia?

Gustavo Sordo. Tras la intervención, hay que proteger las orejas durante las primeras semanas para favorecer la cicatrización. El cuidado principal consiste en llevar una cinta en la cabeza, día y noche, durante los primeros 15 días, y solo por las noches durante los 15 días siguientes. Todas las suturas que empleamos son reabsorbibles, por lo que ni siquiera es necesario retirar puntos.

Durante la recuperación también conviene evitar la presión sobre las orejas y mantener una correcta higiene de la zona.

Pregunta. ¿Cómo puede prepararse psicológicamente al niño y a su familia para el postoperatorio?

Ana Isabel Sanz. Es importante explicar antes de la intervención qué pueden esperar del postoperatorio, resolver los temores del niño y trabajar con la familia unas expectativas realistas sobre el resultado. Una buena información facilita, además, una mayor colaboración en los cuidados posteriores y ayuda a reducir miedos alrededor de la cirugía.

La decisión de corregir unas orejas prominentes, en definitiva, no termina en determinar si anatómicamente pueden operarse. La valoración médica debe acompañarse de una reflexión sobre la motivación del menor, su madurez, la repercusión que esta característica tiene realmente en su vida y las expectativas de la familia antes de decidir si pasar por quirófano.

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