Expertos veterinarios lo confirman: «Los gatos actúan de forma diferente a los perros y si le vas a regañar, no lo hagas, realmente no va a funcionar»
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Una de las principales razones por las que los gatos no entienden cuando los regañamos tiene que ver con las diferencias entre su forma de comunicarse y la nuestra. A diferencia de los perros, que han desarrollado una mayor capacidad para interpretar las señales humanas, los gatos no presentan el mismo nivel de adaptación a este tipo de comunicación. Normalmente, utilizan señales corporales para relacionarse y transmitir información; la posición de las orejas, el movimiento de la cola, la postura corporal o la expresión de los ojos pueden indicar cómo se encuentran.
Por este motivo, una reprimenda humana, normalmente basada en palabras, gritos o determinados gestos, no coincide con las formas de comunicación que utilizan los gatos de manera natural. Asimismo, cuando una persona levanta la voz o grita, pueden percibir ese comportamiento como una amenaza, especialmente si el tono va acompañado de movimientos bruscos o una postura intimidatoria. En lugar de entender que está recibiendo una reprimenda por una determinada conducta, el animal puede asociar ese momento con la presencia de una persona que le provoca miedo o inseguridad.
Claves para ‘regañar’ a tu gato
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«Si estás a punto de regañar a tu gato, no lo hagas, porque ya te digo que no va a funcionar. Gritarle, reñirle o levantarle la voz solamente hará que el gato se estrese, se asuste y desconfíe de ti. Lo que sí funciona es enseñarle de manera respetuosa. Mira, prueba con esto: redirige su atención. Si tu gato está arañando una puerta, mordisqueando una planta o haciendo algo que no debe, prueba a desviar su interés con una caña o con un juguete que le encante. De esta forma, conseguirás sacarlo de ese comportamiento y centrar su atención en otra actividad.
También puedes ignorarlo cuando busca llamar tu atención de manera insistente. Si, por ejemplo, por la noche te despierta para pedirte comida o para jugar, intenta no hacerle caso. De esta manera, aprenderá que esa estrategia no funciona y, con el tiempo, puede dejar de utilizarla para conseguir tu atención. Éstas son solamente algunas de las estrategias que puedes utilizar para corregir el comportamiento de tu gato de una manera segura y respetuosa».
Cuando un gato recibe una reprimenda, puede reaccionar de diferentes maneras dependiendo de su carácter y de la situación. El miedo es una de las reacciones más habituales ante los gritos o los movimientos bruscos; en lugar de entender que está siendo corregido por una mala conducta , puede interpretar la situación como una amenaza. Si estas experiencias se repiten, pueden terminar afectando a la relación entre el gato y su cuidador.
La confusión y el estrés también son frecuentes cuando el animal no comprende la relación entre su conducta y el enfado.Además, el estrés puede manifestarse de diferentes formas. Algunos gatos pueden modificar sus hábitos, esconderse más, mostrarse inquietos o ponerse a la defensiva. En determinados casos, los cambios de conducta pueden incluir problemas relacionados con el uso del arenero o conflictos con las personas y animales con los que convive.
Por lo tanto, en lugar de recurrir a castigos o reprimendas, existen estrategias mucho más efectivas y respetuosas para enseñar a un gato qué comportamientos son adecuados. La clave está en entender sus necesidades y premiar aquellas conductas que queremos que repita.
- Una de las técnicas más útiles es el refuerzo positivo. Recompensar al gato con una golosina, una caricia o un rato de juego cuando hace algo bien puede ayudarle a asociarla con una experiencia agradable.
- Otra estrategia consiste en redirigir su conducta. Por ejemplo, si empieza a arañar un mueble, podemos redirigir su atención hacia un rascador. Además, los juguetes interactivos pueden servir para canalizar su energía.
- También es importante proporcionarle un entorno suficientemente estimulante. Contar con juguetes, rascadores, escondites y espacios desde los que pueda trepar o explorar ayuda a mantenerlo activo y reduce el aburrimiento.
Corregir el comportamiento de un gato requiere paciencia, comprensión y unas pautas claras que permitan abordar cada situación de forma adecuada. En lugar de recurrir a castigos o reprimendas, se deben utilizar estrategias que ayuden al animal a entender qué conductas son apropiadas y cuáles debe evitar. El objetivo no es generar miedo en el animal, sino ofrecerle alternativas y reforzar aquellos comportamientos que queremos que repita.
«Además de ser cruel, los gatos no entienden la violencia como un castigo. Es más probable que se asusten o se pongan a la defensiva, lo que puede empeorar el comportamiento. Además, puede dañar la relación entre el gato y su dueño porque necesitan sentirse seguros y amados por sus dueños», recoge Caracol Radio en su web.