Alerta por el virus Nipah: un paciente puede contagiar durante 45 días e Indonesia controla los aeropuertos
Indonesia utiliza ya escáneres térmicos para medir la temperaturas de los viajeros
La OMS lo incluye en su lista de enfermedades por su potencial para causar emergencias de salud de alcance internacional

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El virus Nipah vuelve a encender las alertas sanitarias internacionales y recuerda al mundo que la amenaza de nuevas pandemias sigue latente, ya que, entre otras cosas, su incubación se prolonga hasta 45 días. Se trata de un patógeno zoonótico de alta letalidad, transmitido originalmente desde murciélagos frugívoros a humanos, que no cuenta actualmente con una vacuna ni con un tratamiento específico aprobado. La Organización Mundial de la Salud (OMS) lo incluye desde hace años en su lista de enfermedades prioritarias por su potencial para causar emergencias de salud pública de alcance internacional.
De esta forma, Indonesia ha comenzado a instalar escáneres térmicos en sus principales aeropuertos, incluida la isla turística de Bali, para controlar la temperatura de los pasajeros tras el brote del virus Nipah detectado en India, en unas escenas que evocan las medidas adoptadas durante la pandemia de covid.
Uno de los aspectos que más preocupa a la comunidad científica es su prolongado y variable periodo de incubación. Aunque en la mayoría de los casos los síntomas aparecen entre los 4 y 14 días tras la exposición, estudios y brotes documentados han registrado incubaciones excepcionalmente largas, de hasta 45 días. Esta característica obliga a las autoridades sanitarias a imponer cuarentenas extensas y a mantener una vigilancia epidemiológica prolongada incluso después de que se detecte el último caso confirmado.
Por este motivo, los protocolos de control suelen considerar prudente un periodo de hasta tres meses sin nuevos contagios para dar por cerrado un brote. Durante ese tiempo, el riesgo de reaparición no desaparece, especialmente en contextos donde persisten las condiciones que favorecen el salto del virus de animales a humanos. En un mundo con una movilidad global intensa —viajes internacionales, comercio y flujos migratorios constantes—, este tipo de patógenos no puede considerarse un problema exclusivamente local.
India detectó los primeros brotes humanos del virus Nipah en Bengala Occidental en 2001 y 2007, con al menos 50 fallecidos, y desde 2018 los contagios se han concentrado principalmente en el estado de Kerala, donde el brote más reciente, registrado en julio de 2025, dejó dos fallecidos.

Subestimar una zoonosis
La experiencia reciente con la pandemia de covid demuestra que subestimar una zoonosis emergente puede tener consecuencias devastadoras. Al igual que ocurrió con el coronavirus, el virus Nipah tiene un origen animal, carece de inmunidad previa en la población humana y puede causar enfermedad grave, incluyendo encefalitis y fallo respiratorio, con tasas de mortalidad que en algunos brotes ha alcanzado hasta el 70%. Estas características explican por qué los expertos advierten que, aunque hasta ahora los brotes hayan sido regionales, el potencial de expansión existe si fallan los sistemas de detección y contención temprana.
La historia ofrece ejemplos claros de enfermedades que, pese a considerarse inicialmente confinadas a determinadas regiones, lograron cruzar fronteras. El ébola, por ejemplo, se expandió fuera de África occidental durante el brote de 2014-2016 y obligó a una respuesta sanitaria global; hoy existen vacunas y tratamientos eficaces gracias a aquella crisis. En contraste, el virus Nipah continúa siendo una amenaza sin herramientas terapéuticas específicas, lo que aumenta su peligrosidad potencial.
El control del reservorio animal es otro punto crítico. Los murciélagos frugívoros, principales portadores naturales del virus, cumplen un papel ecológico fundamental, pero su creciente interacción con poblaciones humanas (debido a la deforestación, la urbanización y ciertas prácticas agrícolas y alimentarias) incrementa el riesgo de transmisión. Los expertos en salud pública coinciden en que los países afectados deben reforzar las medidas de vigilancia, reducir el contacto indirecto con estos animales y aplicar estrategias integradas bajo el enfoque de Una sola salud, que vincula la salud humana, animal y ambiental.
El virus Nipah representa una advertencia clara: aunque los brotes actuales estén contenidos, el mundo sigue, en cierto modo, en cuarentena frente a una amenaza que no ha sido erradicada. La ausencia de cura, la posibilidad de incubaciones prolongadas y la alta movilidad global hacen que la vigilancia no pueda relajarse. Ignorar estas señales sería repetir errores del pasado, con riesgos potencialmente graves para la humanidad.
Reservorio animal
El control del reservorio animal es un eje central en la prevención. Los murciélagos frugívoros, principales portadores del virus, desempeñan un papel ecológico clave, pero la deforestación, la expansión urbana y ciertas prácticas agrícolas aumentan el contacto con las poblaciones humanas. Especialistas en salud pública insisten en que los países afectados deben endurecer las medidas de control, vigilancia y prevención, reduciendo las vías de transmisión sin dañar los ecosistemas.