El SOS de Moncloa a Gertrudis refleja la desesperación del Gobierno
El impacto de la imputación de José Luis Rodríguez Zapatero en La Moncloa fue similar al provocado por una bomba de racimo: tras el pánico inicial —que aún dura—, el intento de construir un relato medianamente coherente. Pero ni eso. Moncloa estaba superada, sumida en un absoluto desconcierto y, en pleno estallido de angustia, llamó a María Gertrudis Alcázar, secretaria de la oficina del ex presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero, para saber qué estaba pasando y qué iba hacer, si comparecer públicamente o emitir —como ocurrió— un vídeo.
El pequeño problema es que la llamada pilló a la secretaria en pleno registro policial del despacho donde Zapatero movía sus hilos y no pudo atenderla. Según el juez, María Gertrudis Alcázar, secretaria de la oficina de Rodríguez Zapatero, y Cristóbal Cano habrían conformado un tercer nivel operativo encargado de ejecutar las instrucciones del expresidente en el día a día, por lo que también tienen un negro horizonte penal por delante. El magistrado considera a la secretaria la encargada de la «elaboración y cobertura formal de la documentación». Y a Cristóbal Cano, el magistrado le considera el «gestor del entramado societario y de la facturación ad hoc».
La llamada de socorro de Moncloa revela, sobre todo, que la imputación de Zapatero cogió al Gobierno con el pie cambiado, en Babia o en Belén con los pastores. Y es sorprendente, toda vez que los medios de comunicación estaban radiografiando cómo se estrechaba el cerco sobre el ex presidente. De ahí que su respuesta inicial fuera que todo era lawfare, una salida de pata de banco absurda que tuvieron que ir moldeando con el paso de las horas. Imprevisión y ausencia de plan b. Que Moncloa buscara desesperadamente a Gertrudis, la secretaria de Zapatero, es sintomático. Sintomático del grado de descomposición de un gobierno que ha colapsado. Lo malo es que el colapso lo estamos pagando todos.