Los socios de Sánchez exigen el peaje pactado

Los socios de Sánchez exigen el peaje pactado

Nada sale gratis en esta vida; y los pactos políticos, mucho menos. Este periodo de espera entre dos elecciones está sirviendo para ver hacia dónde se encaminará la próxima legislatura; y los pactos de Pedro Sánchez con el mundo independentista, singularmente con ERC, tendrán una importancia capital.

La investidura en minoría del presidente socialista parece garantizada, gracias a la abstención de PNV, ERC y PdeCat, entre otros. Falta que Podemos entre por el aro –no les quedará más remedio que hacerlo–. Pero luego vendrá la tensión parlamentaria del día a día, donde Sánchez tendrá que luchar cada una de sus leyes para sacar adelante su acción de Gobierno. Y aquí los 15 diputados de Esquerra serán claves. La formación republicana, sin dejar de luchar por el indulto a los golpistas presos y por la celebración del referéndum, al mismo tiempo querrá escenificar que es un partido sobre el que puede pivotar la gobernabilidad; así logrará quitarle el liderazgo al PdeCat, su gran competidor dentro de Cataluña, tanto en el campo independentista como en la gestión del día a día. Si queda algo de vida inteligente en el PdeCat, tienen que romper con el universo de Puigdemont cuanto antes, porque esta dialéctica les lleva, cada día con más fuerza, a ser subalternos en los planos nacionalistas y económicos de ERC.

Esta es la estrategia. Hay, por tanto, un camino que PSOE y ERC pueden recorrer en paralelo, porque ninguno de los dos actores quiere que la sangre llegue al río. Esquerra sabe que el momento no está maduro para la independencia y que nunca encontrarán a un presidente tan dócil a sus intereses en Moncloa; Sánchez los necesita para agotar la legislatura, y ya ha dado repetidas muestras de que no tiene empacho en pactar con gente de este cariz. ¿Cuánto tiempo durará este viaje antes de que se rompa la cuerda? Porque el tiempo que el Gobierno socialista pacte con ERC, estará alimentando al independentismo, que –no nos engañemos– está a la espera de volver, con renovadas fuerzas, a las andadas.

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