Sobrevivir a duras penas en la España de Sánchez

Sobrevivir a duras penas en la España de Sánchez
  • Graciano Palomo
  • Periodista y escritor con más de 40 años de experiencia. Especializado en la Transición y el centro derecha español. Fui jefe de Información Política en la agencia EFE. Escribo sobre política nacional

Hubo un tiempo en el que Pedro Sánchez se veía a sí mismo pasando a engrosar los libros de historia como el gran líder que aniquilaría la pobreza infantil, liquidando las listas del paro… Ocho años después ha vuelto la sarna a territorio nacional y hay tres millones de familias (como mínimo) que a duras penas pueden cuadrar sus cuentas a final de mes.

El hombre que se ha dedicado a repartir por el mundo la inmensidad de recursos que una legislación fiscal confiscatoria es incapaz de reconocer que de «Gobierno progresista» muy poco; en todo caso, Gobierno manirroto y pésimo gestor.

Con una inflación galopante, intratable e intratada, más de tres millones de familias españolas bordean el umbral de la pobreza, asunto que se trata de capear apelando a las benevolentes macrocifras que también son engañosas; sencillamente, están dopadas.

Sin los fondos extraordinarios que han llegado y llegan de la Unión Europea y sin el aumento extraordinario de la deuda pública, los niveles de crecimiento de los que tanto presumen quedarían en nada o muy poco.

Desde el 2018 los alimentos han subido un 40%; la electricidad está completamente disparada en récords históricos (cómo será el asunto que hasta han tenido que dar marcha atrás en el cierre de centrales nucleares), de la vivienda ni hablamos… ¿A quiénes golpea más la inflación, ese impuesto a los pobres? Pues a los más débiles… Mientras tanto, Sánchez sigue viajando sin parar por el mundo extendiendo cheques y comprometiendo un dinero que ni es suyo y que hace falta en España.

Resumiendo: es mentira que esto vaya como un cañón; falso. Vivir en España para las personas que generalmente votan a Sánchez se ha puesto difícil, muy difícil. Y para las que no le votan, también.

Y todo ello, sin hablar de la enormidad de la deuda pública (1,8 billones y subiendo), que será la losa que aplaste el futuro de las próximas generaciones. Nadie puede entender que, con este escenario, los españoles todavía tengan que soportar a un primer ministro tan manirroto como corrupto, tan falsario como chulo sin causa.

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