Sánchez da el pésame a ETA

Sánchez da el pésame a ETA
  • Rosa Díez

La Sesión de Control del pasado martes día 8 en el Senado nos dejó unas imágenes y unas palabras del Presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, que han de ser conservadas en la memoria de la infamia.

Pedro Sánchez ha expresado su pésame a un Senador de Bildu que le interpelaba sobre la muerte de Igor González, un terrorista que se ha suicidado mientras cumplía condena en la cárcel de Martutene, en el País Vasco.

Durante su respuesta Sánchez ha lamentado “profundamente” la muerte del terrorista , a quien se ha referido como miembro de “la banda ETA”. Y luego, con desgana,  ha dado una serie de explicaciones técnicas sobre los ratios, los protocolos… Les animo a que vean el video y estudien el lenguaje corporal en ambos momento: el pésame y las explicaciones.

A ver, soy la primera en no celebrar muerte alguna, menos aún un suicidio, aunque la persona que haya decidido quitarse la vida me merezca el mayor de los desprecios por lo que hizo durante su vida. Por eso no me hubiera parecido bien que en respuesta a una pregunta sobre el suicidio de un terrorista el Presidente del Gobierno, este o cualquier otro, hubiera mostrado su alegría por la decisión del terrorista de quitarse la vida. Y me hubiera parecido reprobable que el Presidente se hubiera referido a la muerte del recluso recordando la conocida frase de Mario Benedetti: “Un torturador no se redime suicidándose, pero algo es algo”, a la manera de la expresión utilizada por su vicepresidente Pablo Iglesias cuando hizo esa recomendación a unos policías autonómicos catalanes que habían sido amnistiados por el Gobierno, a la vez que lamentaba que no lo hicieran quienes habían tomado la decisión de amnistiarlos.  Pueden leer aquí el citado artículo, publicado en el 2012. Les copio a continuación el primer párrafo:

“Esta reflexión de Mario Benedetti pone un título triste a mi entrada de hoy. Triste porque, al fin y al cabo, la única esperanza de que se haga justicia tras el nuevo indulto del Gobierno a los mossos condenados por torturas, es que se suicidaran, algo poco probable y que, por otro lado, seguiría dejando impunes a los verdaderos responsables”.

 Pero una cosa es eso y otra la intervención de Pedro Sánchez en el Senado. A mi juicio el pésame presidencial, en Sesión de control Parlamentaria, está de más. El Presidente del Gobierno debió utilizar su réplica para poner desmentir las afirmaciones del Senador de Bildu que mintió para descalificar el sistema penitenciario español y cuyo partido habla de “exterminio” en las cárceles españolas;  el Presidente debió explicar, ahí si con todo énfasis y contundencia, que nuestro sistema penitenciario está entre los más avanzados y humanitarios del mundo; debió defender, también aquí con todo énfasis,  la profesionalidad de los funcionarios de prisiones. Y, en todo caso, lamentar que a pesar de todo no se hubiera podido evitar que el citado preso terrorista se quitara la vida. Como, desgraciadamente, lo hacen otros reclusos que no son terroristas y no merecen lamentaciones oficiales ni pésames presidenciales.

Pero Sánchez puso el énfasis en dar el pésame al Senador con las palabras y el gesto al uso cuando uno va a un funeral y se acerca a la familia del muerto. Sánchez dio el pésame al Senador de Bildu (su socio en Navarra, su apoyo en el Gobierno de España) porque lo considera de la familia (política)  del muerto…. Y resulta que el muerto es un terrorista… Y resulta que aquellos a los que ofrece el pésame, unidos por vínculos de sangre al muerto, son sus socios… Todo resulta tan obsceno como entendible, habida cuenta con quien Gobierna Sánchez.

No es ninguna novedad constatar que Sánchez eligió como compañeros de viaje a gentuza que no solo no ha condenado jamás a ETA ni a su historia de terror sino que le rinden homenaje y se sienten orgullosos de su historia sangrienta. Pero por muy conocida que sea la pulsión de Sánchez de entenderse con los enemigos de España, espeluzna verle compungido componiendo un gesto de dolor que les ha negado a las más de 20000 victimas de la Covid-19 que ni siquiera reconoce…

Están los gestos y están, también, las palabras. Nos hemos fijado mucho en el “lamento profundamente” que Sánchez le dedicó al compañero del finado ; pero quiero destacar por relevante el cuidado con el que el Presidente se refirió a la  organización terrorista de la que era miembro el preso que se suicidó. “La banda ETA”, dijo Sánchez como toda referencia. No es casual que no llamara terrorista ni al muerto ni a la organización a cuyo servicio perpetró los actos criminales. Sánchez no utilizó el término correcto para referirse a la organización terrorista ETA porque estaba dando el pésame a alguien que formaba parte del entramado, a alguien cuyos votos desea, a alguien con quien gobierna en Navarra y que le apoya para seguir en Moncloa… No le iba a llamar “terrorista” en el Pleno… Sabido es que blanquear a sus socios trae como consecuencia blanquear a ETA, a toda su historia de terror. Un nuevo ejemplo de infamia.

Quienes mejor leen estas cosas son quienes habitan en el mundo de las tinieblas, los testaferros de ETA. Por eso la reacción de Bildu no se ha hecho esperar;  ellos si que han tomado buena nota y su portavoz Maddalen Iriarte ha agradecido la “receptividad” de Pedro Sánchez, ha calificado de “paso simbólico” sus palabras y “su gesto” y ha insistido en que tras sus afirmaciones sobre la muerte de Igor González “pase de las palabras a los hechos”.  No se exactamente qué quiere decir, pero me temo que pronto lo veremos…

A Pedro Sánchez poco le importa que sus palabras y sus gestos hayan levantado una polvareda de críticas entre las que se encuentran víctimas del terrorismo o Guardias Civiles y Policías, dos colectivos que sufren la lacra del suicidio de manera inmisericorde. La empatía de Sánchez – siempre escasa en una personalidad psicopática-  está reservada para aquellos cuyos votos necesita para seguir viviendo en la Moncloa.

Cuanta indecencia. Y cuanto silencio cómplice, por cierto.

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