Candilazos

Sánchez aviva la hispanofobia

Sánchez aviva la hispanofobia

Cada minuto que el Doctor CumFraude siga en La Moncloa es otro insuflado de aire al separatismo, y lo que es peor para la convivencia de todos, a la hispanofobia. Porque el mismo Sánchez que no se cansó de repetir que Rajoy era una fábrica de independentistas, está avivando con su silencio, sus guiños y sus negociaciones en la sombra el odio de los secesionistas catalanes hacia todo lo que represente los valores y las señas de identidad de España.

La hispanofobia, que ya existía en el nacionalismo de Mas, luego fue en aumento con el procesismo de Puigdemont, pero en los nueve meses que Pedronono lleva en la Moncloa, coincidiendo con el mandato del xenófobo Torra, se ha disparado a un nivel hasta ahora desconocido. Señalamientos, puñetazos, amenazas, insultos, intimidaciones, acoso, pintadas… es lo que vienen sufriendo los constitucionalistas en una escalada de violencia. La batasunización de Cataluña. Y Sánchez es el primer responsable de ello.

Porque el presidente del Gobierno no ha condenado ninguna de las agresiones sufridas a pie de calle por los demócratas a manos de los radicales (su silencio cuando le rompieron la nariz a un guardia civil le perseguirá siempre), porque ha levantado el control financiero previo de las cuentas de la Generalitat; porque ha permitido la reactivación del polémico Diplocat y su patraña de “internacionalizar el conflicto”, porque se ha limitado a “vigilar” la nuevas embajadas que abrían los separatistas; porque ha retirado los recursos de inconstitucionalidad presentados por el Gobierno anterior; porque ha traicionado al pacto constitucional llegando a ofrecer la figura de “relator” a los Artadi y Aragonés de turno; porque ha evitado —con el agravante de reincidencia—prometer que no indultará a los presos golpistas en caso de continuar en La Moncloa…

Pero hay más. Como ha revelado el abogado del Estado purgado por Sánchez en la causa del procés, Edmundo Bal, flamante fichaje de Ciudadanos, la ministra de Justicia le pidió que retirara las pruebas recabadas que apuntalaban la comisión de un delito de rebelión (no sólo sedición y malversación) por parte de los dirigentes de la Generalitat en el octubre negro de los tumultos y las proclamas inconstitucionales de desconexión. “Cuando tú has visto unos hechos, que el juez también ha visto en la instrucción, y te dicen que no puedes ponerlos en el escrito de acusación, que pases por encima de ellos… yo obedezco, pero ese escrito ya no es mío.”, ha reconocido Edmundo, aludiendo a presiones del departamento de Dolores Delgado. Así se las gasta la ministra machirula, la fiscal estrella amiga de Garzón que llamó “maricón” a Grande-Marlaska y veía un buen negocio la cartera de escorts de Villarejo.

Lo último ha sido el sainete de Torra burlándose de la Junta Electoral y negándose a retirar una pancarta golpista del balcón de la Generalitat con un Sánchez desaparecido para no molestar a los que pueden ser sus futuros socios. El traidor no abrió la boca (un canutazo en Bruselas) hasta que la Junta Electoral emplazó a los Mossos a quitar esta simbología ilegal y remitir el caso a la Fiscalía. Lo grave es que el propio Gobierno podía haber actuado mucho antes instando al Ministerio Público a iniciar las diligencias. Pero claro, el Obama de Pozuelo no sabe diferenciar lo que es el Ejecutivo y lo que es el partido. Y le va la vida monclovita en que el PSOE sume los votos de los separatistas tras el 28A. Si a la condescendencia obscena con quienes se saltan la ley, le sumamos la estrategia de su spin doctor de cabecera, Iván Jode Redondo, tratando de polarizar el espectro político, tenemos un clima irrespirable, una sociedad cada vez más enfrentada y una creciente amenaza sobre la unidad de España.

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