La Rosalía sufre por Palestina

Rosalía, grammy, Palestina
  • Teresa Giménez Barbat
  • Escritora y política. Miembro fundador de Ciutadans de Catalunya, asociación cívica que dio origen al partido político Ciudadanos. Ex eurodiputada por UPyD. Escribo sobre política nacional e internacional.

Nuestra más famosa cantante, Rosalía (ella prefiere «la» Rosalía), actuó por sorpresa en el concierto Act x Palestine que se celebró el 29 de enero del 2026 en el Palau Sant Jordi de Barcelona, causando sensación. Este recital, al parecer, forma parte de una campaña internacional más amplia impulsada por organizaciones palestinas de derechos humanos, ayuda humanitaria y cultura como la Palestinian Performing Arts Network. Es cierto que el conflicto en la zona está lejos de haber sido solucionado, entre otros motivos porque Hamás no ha entregado las armas, sigue siendo una fuerza militar activa y continúan descubriéndose en la franja nuevos túneles del terror. Pero la guerra ya terminó. Pero, ¿por qué un concierto ahora por Palestina? ¿Por qué siguen los progres con el monotema cuando miles de personas están siendo masacradas en Irán, por ejemplo?

La contra revolución iraní no interesa a la izquierda porque las víctimas de la represión de los ayatolas se apartan del perfil homologado: aspiran a un régimen parecido al occidental. Son súbditos que expresan el deseo de ser gobernados como ciudadanos en lugar de ser movilizados como creyentes. La revuelta iraní se entiende mejor como un rechazo al dominio ideológico y una búsqueda de la normalidad política. Esa orientación es precisamente lo que dificulta la comprensión de los acontecimientos en Irán para el progresista occidental contemporáneo, que simpatiza con el conflicto palestino, profundamente antiliberal, teocrático y anti occidental. El progreísmo se enfrenta a un movimiento que no se presenta como una lucha por el reconocimiento, la inclusión o la emancipación moral, y sus marcos morales y analíticos fallan. La revuelta se malinterpreta, no porque su sufrimiento sea ilegible, sino porque su orientación política queda fuera de las categorías mediante las cuales el razonamiento moral de la izquierda asigna el significado.

En la noche de los Grammy nadie defendió al pueblo iraní después de que la República Islámica masacrara a más de 36.000 personas en menos de 48 horas. Las mismas celebridades que hablaron sin parar sobre Gaza durante más de dos años, callaron. Y el concierto por Palestina siguió una dinámica propia que ignora la realidad, que surfea en una ola que marcha sola, sin que nadie se replantee nada, sin espacio para la compasión o la reivindicación fuera del relato caducado de su propio universo. El día del concierto, el alcalde de Barcelona, Jaume Collboni; el ministro de Cultura, Ernest Urtasun; la consellera de Cultura, Sònia Hernández; el de Unión Europea y Cooperación, Jaume Duch; la exalcaldesa Ada Colau y Natalia Ahmad Abu-Sharar, de la Comunitat Palestina a Catalunya agradecieron el apoyo de la sociedad catalana al pueblo palestino diciendo «La lucha palestina es una lucha compartida». Es gente que quiere que esa lucha, esa desgracia de los palestinos, siga, pues no saben estar en el lado adecuado de la historia de otra manera.

Rosalía, en una entrevista y hablando sobre la guerra de Gaza, se quejó de que a los artistas se les exija «que se posicionen», y que ella no se siente cómoda con el «pseudoactivismo de Instagram». Pero rechazó que se considerase su silencio como «una toma de partido». «¿Por qué debe ser todo tan performativo, dijo? Un tema tan delicado como lo que está pasando en Palestina… Yo condeno el genocidio, es obvio. Como persona tomo una serie de decisiones en mi vida que públicamente igual no se conocen y no quiero reducirlas a algo performativo, porque mis redes son eso, el artista y la performance. Me sabe mal que al no ponerle palabras de forma performativa a una cuestión tan delicada y compleja como esta se pueda entender que has escogido bando».

Si dices tantas veces «performativo» es que estás inquieto. Por eso debió aparecer en ese concierto totalmente nostálgico y obstinado en el último momento. Seamos sinceros: lo importante es que no parezca que has escogido el bando que no debes.

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