La necesidad de que el centroderecha derrote a Sánchez
Aunque otros acontecimientos de estos días no dejen verlo, el presidente Sánchez está débil. Pese a que el ámbito gubernamental trate de negarlo, el Gobierno flaquea por muchos lados y se tambalea. Por todos los frentes, se le presentan problemas. Dentro del propio Ejecutivo hay un desorden propio de una asamblea izquierdista de universidad de los años setenta, que siguen existiendo y de donde muchos de sus integrantes han salido sin haber apenas cotizado antes a la Seguridad Social -y el “apenas” puede ser generoso-. En él hay algunos miembros de una izquierda rencorosa sin motivo, que está dispuesta a derrumbar la concordia nacional de la Constitución, bajo el envoltorio de la envidia, pues vuelve a reproducirse de manera perfecta lo que Foxá dejó escrito en Madrid de Corte a Checa: “(…) en realidad no eran marxistas, sino envidiosos”.
Y en cuanto a los problemas a los que el Gobierno se enfrenta, cada vez son más y más difíciles de tapar, pese a que lo intenten con múltiples cortinas de humo, señuelos y tretas políticas.
La luz sube porque el Gobierno ha renunciado a contar con una alternativa energética que le proporcione un grado de independencia como el de Francia, que apuesta, sin tapujos, por la energía nuclear, al menos como transición.
El precio de la luz encarece, a su vez, la producción industrial -máximo de precios industriales de toda la serie histórica, desde su inicio en 1976- y el transporte y, por ende, se transmite a toda la cadena de valor, siendo repercutido en los productos destinados al consumidor final. No hay más que hacer la compra para darse cuenta de cómo, en el período de trimestre, los precios han subido de manera muy importante en una amplia gama de productos.
Con ello, la inflación se desboca, situándose ya casi en el 6,1% en enero, con una importante subida de las materias primas, de los costes logísticos y con un aumento de precios de muchos componentes, como los semiconductores. Todo está ralentizando la producción en la industria, por ejemplo, en los vehículos, elementos que contribuirán a la subida del precio por la reducción de la oferta. Todo ello, empobrece a los ciudadanos, al dejarles menor renta disponible.
La inflación es un fenómeno monetario y si no se ajusta mediante el vaciado de mercados -el dinero es finito y, por tanto, si los precios suben en unos mercados habrán de bajar en otros de manera equivalente- se deberá a que artificialmente se están financiando esos cuellos de botella con una política monetaria tremendamente expansiva, como está sucediendo.
Ahora bien, como dicha espiral inflacionista aparece también en el resto de países de la eurozona, las presiones alemanas al BCE para una subida de tipos pueden empezar a ser intensas, aunque Lagarde asegure que no prevé subir tipos en 2022, pese a que últimamente haya abierto mínimamente esa posibilidad. Si dicha subida de tipos se produjese, la financiación a tipo variable -hipotecas de economías domésticas, en muchos casos- sufrirían un incremento de su coste muy importante, con una merma de la renta disponible de las familias; es más, aunque el BCE no suba tipos, si los mercados anticipan esa subida como expectativa, los tipos interbancarios se incrementarán -ya lo está haciendo el Euribor a un año- y también se notará, en cierta medida, en el incremento de la cuota hipotecaria, con empobrecimiento de la sociedad. Es el problema de haber tenido -y continuar con ella todavía- una política monetaria sumamente laxa. Medida de política monetaria restrictiva que será necesario tomar debido a dicho recalentamiento, alimentado en gran parte por el ingente gasto público, como el llevado a cabo por el Gobierno del presidente Sánchez, de manera que tendrá parte de responsabilidad indirecta en la subida de las cuotas hipotecarias que sufran los españoles.
El Gobierno trata de ganar tiempo, pero su tiempo se acaba y es preciso que no goce de ninguna oportunidad para remontar su declive. Las próximas elecciones generales han de ser el momento de cambio hacia el centroderecha, como lo fue en 1996 y en 2011; es la hora de que la opción liberal-conservadora acuda, de nuevo, a arreglar la situación que dejará maltrecha la izquierda, que se concreta en una insuficiente actividad económica, alto desempleo y las cuentas públicas, especialmente la Seguridad Social, en profundo desequilibrio. Se repite una y otra vez la misma situación, lo cual es terrible, porque implica que, cual manto de Penélope, la izquierda deshace, cuando gobierna, la prosperidad tejida por las reformas del centroderecha en sus años de administración. Ahora bien, al mismo tiempo esa situación proporciona esperanza, porque indica que, al igual que en los anteriores momentos citados, España puede volver a remontar cuando se aplique la gestión liberal-conservadora.
Por eso es esencial que el centroderecha vaya preparando bien su alternativa: montando equipos, recabando opiniones, evaluando actuaciones y decidiendo un plan de acción inmediata para los primeros cien días de Gobierno.
Es indispensable conformar un bloque unido. El Gobierno lleva dos derrotas en las dos elecciones regionales celebradas -Madrid y Castilla y León- y si pierde en Andalucía cuando se celebren allí las elecciones regionales, que han de ser antes de que termine este año, acumulará otra más. Eso debería dar paso previo a lo que tendría que ser una gran victoria del centroderecha a nivel nacional -liderado por el PP-, en las elecciones municipales y autonómicas de mayo de 2023, a modo de lo que en mayo de 1995.
Por tanto, el centroderecha no debe perder ni un minuto en disputas y emplear todas sus fuerzas en aprovechar la oportunidad que tiene ante sus manos, que no es otra que volver al Gobierno para, una vez más, enderezar el rumbo de España hacia la prosperidad, tras dejarla mermada, de nuevo, la izquierda. Distraerse en otras cosas sería nocivo tanto para el centroderecha como para la economía española y, por tanto, para los españoles, pues le concedería a Sánchez una prórroga letal para la prosperidad. El tiempo del centroderecha, como digo, ha llegado y ha de centrarse en aprovecharlo.
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