Hong Kong, la puerta de Asia

Hong Kong, la puerta de Asia

Hong Kong, ese enclave británico hasta 1997 y que es uno de los
países más pequeños del mundo con una elevada densidad de
población (7.500.000 habitantes), se erige en el nervio
económico del este de Asia, puerto de entrada a China y que
hace bueno aquello de “un país, dos sistemas”… Pujante plaza
económica y con una de las bolsas de valores más importante del
mundo… Pero Hong Kong anda revuelto por la ley de extradición
que pretende aprobar su gobierno y que para sus ciudadanos
sería el fin de sus libertades y la pérdida de facto de su estatus
como zona privilegiada. Porque Hong Kong es China, sí, pero la
otra China…

Hong Kong bien merece una visita. La primera vez que estuve allí,
a finales de la década de los años 80 del siglo pasado – ¡parece
qué fue ayer y, en cambio, los años pasan que vuelan! -, tres
cosas me dejaron impresionado. Aterrizar en su viejo aeropuerto
donde la probabilidad de que te salpicaran las aguas de su mar
era muy alta y mientras el avión tomaba tierra, prácticamente
veías el programa televisivo que seguían en cada piso de los
enormes bloques de viviendas vecinos, por su proximidad a la
pista de aterrizaje. Sus edificaciones dibujaban una auténtica
colmena humana. Aeropuerto encajonado en el que, en alguna
ocasión, algún que otro avión había caído en las aguas de la
entonces colonia británica. Los hongkoneses se sentían más
chinos que británicos o, al menos, esa sensación tuve. Sin
embargo, ser chinos bajo bandera británica les iba francamente
bien. La seriedad británica unida al carácter emprendedor de la
gente de Hong Kong, impulsó un potente entramado de
negocios, un mercado financiero de primer nivel, una seriedad
ejemplar y un espíritu económico digno de encomio. Puerto
bullicioso y con enorme tráfico de mercancías. Vuelos desde
Hong Kong hacia todo el mundo. Gente afable y predispuesta
para cualquier tarea.

El pequeño territorio que ocupa Hong Kong está apurado al
máximo. La verticalidad, definitivamente, es una alternativa
inteligente para ganar espacio. Hileras de rascacielos, tiendas
lujosas, hoteles de ensueño y, por momentos, uno creía estar
pisando las frenéticas calles de la Gran Manzana en Nueva York.
Si todo aquello que veía simplemente me cautivaba, lo que me
dejó más sorprendido es que la gente hablaba sola por la calle…
Al principio, aquello me descolocó hasta que me percaté de que
el teléfono móvil era de uso corriente por parte de la mayoría de
hongkoneses. Algo que no había visto ni en el mismo Manhattan
y que me confirmaba la pujanza de ese enclave estratégico del
este de Asia, punto, por aquel entonces, casi obligado para
acceder a China.

El furor mercantil y negociante de Hong Kong lo ratifican algunos
detalles de su vigorosa economía. El producto interior bruto de
Hong Kong en 2018 ascendió a 307.000 millones de euros. Para
hacernos una idea, por encima del PIB de Dinamarca y bastante
cerca del de Irlanda. Sus cuentas públicas son limpias, con una
deuda pública de solo 170 millones de euros que equivalen al
0,05% de su PIB. Los gobernantes europeos podrían tomar buena
nota del ejemplo de Hong Kong. Y el PIB por cápita en 2018 se
situó en 41.000 euros, sin ir más lejos, a la altura del de
Alemania, más que el de Bélgica e incluso que el de Francia, y
muy lejos del de España, que es de 25.854 euros. Con razón, los
hongkoneses gozan de uno de los mejores niveles de vida del
mundo. Y los negocios laten en el corazón de Hong Kong, que se
catapulta al cuarto mejor puesto del ranking mundial para hacer
negocios. Y un detalle cualitativo de primer orden: sin corrupción
gubernamental. Su comercio internacional es de fuste: cerca de
500.000 millones de euros exportados. Hong Kong quiere seguir
siendo Hong Kong, aunque hoy esté bajo pabellón chino. De ahí,
pues, las masivas protestas en defensa de sus libertades y en
contra de extradiciones a China.

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