La nación sin autoestima
De un tiempo a esta parte hemos conocido un redescubrimiento, nunca mejor dicho, del legado y el potencial de la Hispanidad, que es el fruto histórico de los más de tres siglos de la presencia de España en América. Y se ha producido al arreciar precisamente los ataques a una realidad innegable como es la nueva civilización que los españoles crearon a través de la evangelización, el mestizaje y la incorporación de sus tierras y habitantes a la Monarquía Hispánica en pie de igualdad con lo peninsular.
Esta regurgitación visceral de los tópicos de la «leyenda negra» tiene un propósito presentista, como banderín de enganche a su universo woke por parte de una izquierda delirante que confunde tiempos y circunstancias, hasta el punto de que son políticos con apellidos españoles, como López Obrador en México, quienes llegan a exigir a España perdón por la conquista.
Ya sabe el lector del poderoso papel que desempeña el victimismo en el universo woke, pero en el caso de la presencia de España en tierras americanas este victimismo es un menú a la carta. No deja de ser curioso, por ejemplo, que Stanford, una de las universidades americanas donde surgió hace pocos años la protesta anti-española por el descubrimiento de América, lleve el nombre de Leland Stanford, que fue gobernador de California durante el exterminio indígena por la fiebre del oro.
Así, en este menú a la carta se recuerda la denuncia contra el imperio español de fray Bartolomé de las Casas por el exterminio y la esclavitud de los indígenas, pero se olvida el cruento dominio del imperio azteca sobre tlaxcaltecas, totonacas y cholultecas, que se unieron a Hernán Cortés en la conquista de México para sacudirse el yugo de Tenochtitlán. Como lo hicieron los quechuas y huancas al aliarse con Francisco Pizarro para liberarse del no menos aterrador imperio inca en la conquista del Perú.
Numerosos autores han venido a enriquecer en los últimos años el conocimiento de la aventura en que se embarcó España en 1492 para cambiar el rumbo del mundo. Desde el punto de vista académico, destacan Fernando García de Cortázar, María Elvira Roca Barea, Manuel Lucena Giraldo o Stanley G. Payne.
En el plano divulgativo, se han hecho también merecedores del aprecio de los lectores nombres como Borja Cardelús Muñoz-Seca, Marcelo Gullo, Pedro Insua, Iván Vélez, Pedro Fernández Barbadillo, Javier Santamarta, José Javier Esparza o Javier Rubio Donzé.
Por no olvidar, en el mundo audiovisual, los documentales España, la primera globalización e Hispanidad de José Luis López Linares, que está a punto de estrenar su tercera entrega, We, the hispanos, sobre la raíz hispana de Estados Unidos.
Todas son obras destinadas a proporcionar al lector nuevos y vigorosos anclajes frente a las nuevas galernas negrolegendarias que sacuden la percepción que los españoles tenemos de nosotros mismos y de la Historia de la que somos continuidad y parte.
Añadir a este bien surtido escaparate una nueva obra que pueda suscitar la atención del lector es tarea difícil, aunque no imposible, pues cada año se producen grandes novedades dignas de renovado interés.
Es el caso de La nación sin autoestima” de Rafael Núñez Huesca, que acaba de publicarse como obra ganadora del premio Sapientia Cordis, de CEU Ediciones. Periodista y escritor, profesor de la Universidad Francisco de Vitoria y diputado del PP en la Asamblea de Madrid, su galardonado ensayo está dedicado al Rey Felipe VI, emulando a Julián Juderías, que en 1917 dedicó su germinal obra La leyenda negra y la verdad histórica” a Alfonso XIII, bisabuelo del actual monarca.
El gesto va más allá de lo simbólico, al reivindicar lo que la Corona significa como puente secular por el que cruza la Historia de España, pues el propio Núñez Huesca reconoce que su ensayo tiene la misma vocación que el de Juderías: «vindicar el buen nombre de España».
La nación sin autoestima es un amenísimo trabajo que he leído, y ya son dos veces, de un tirón, sin descanso. Núñez Huesca dijo en la presentación, con Chapu Apaolaza de padrino de la botadura, que el libro lo tenía escrito en la cabeza desde hacía muchos años.
No tengo ninguna duda de ello, viendo cómo página tras página el libro es un continuo fluir, un caudal incesante, unas veces arrollador, otras más remansado, de historias, anécdotas, citas y personajes, combinados con reflexiones y meditaciones llenas de claridad y sentido común.
Núñez Huesca no ha escrito un libro sobre España: lo que ha hecho es mantener una conversación libre y abierta con España, no recostada en el diván del psicoanalista, sino sentada en la mesa de un café, para entablar una amena tertulia con muchas voces y distintas opiniones, de Julián Juderías a Julián Marías, de Cánovas a Aznar, de Largo Caballero a Zapatero, de Arturo Pérez-Reverte a Luis Tosar, de Andrés Calamaro a Luis Alberto de Cuenca, de Fernando Savater a Albert Boadella…
Así, centenares de juicios, testimonios y hechos aparecen compilados y analizados bajo la mirada honesta del autor, que no busca imponer nada, sino ofrecer al lector todos los elementos que le permitan formar su propia opinión sobre nuestra tendencia autoflagelante respecto de nuestro propio pasado y presente. Todo ello bajo un criterio insoslayable: esa baja estima de los españoles hacia su nación es un lastre que dificulta sobremanera nuestro avance.
Núñez Huesca presenta en La nación sin autoestima un ejercicio intelectual de calado a la hora de actualizar las reflexiones sobre la leyenda negra con las agregaciones servidas en los últimos tiempos por la propia cocina política y cultural española. Porque a las visiones más extremas del negacionismo de España por parte de la izquierda y los nacionalistas, se suma el perfil caricaturesco de los productos etiquetados por las industrias culturales en relación con todo lo español.
Ahí está su certero análisis del «franquismo eterno» promovido por las recientes corrientes guerracivilistas de nuestro panorama parlamentario, mediático y cultural, su reflexión sobre el horizonte «plurinacional» ansiado como la nueva tierra prometida o su examen del reiterado complejo de nuestro cine a la hora de presentar las grandes páginas de nuestra Historia.
No crea, sin embargo, el lector que La nación sin autoestima es un libro pesimista, de los que a fuerza de señalar nuestras debilidades y traumas ahonda aún más en nuestra falta de valoración sobre lo que somos. Tampoco es un fácil libro patriotero, con desfile de charanga y pandereta, como quisieran los detractores de la verdad histórica de España.
Es «la España del cincel y de la maza» machadiana la que nos interpela desde sus páginas. La de un patriotismo conciliador, a derecha y a izquierda, que no se embelesa ni se fustiga sobre nuestro pasado, pero sí lo tiene presente para aspirar a un futuro mejor.
Al final, el mensaje de este extraordinario libro de Núñez Huesca responde a la perfección a la máxima de Chesterton: «La tradición no es la adoración de las cenizas, sino la transmisión del fuego».