‘Anatomía de un farsante’ refugiado en su muro
Las peores previsiones respecto a la deriva de Pedro Sánchez se van cumpliendo. Da igual que su «cohete» económico sea un bluf; que todo su entorno esté bajo sospecha; que la pobreza infantil española lidere en la Unión Europea; que su cacareada «mayoría progresista» se haya disuelto como un mal azucarillo; que no pueda salir a la calle; que se le haya descubierto chapoteando en cloacas para destruir a jueces, fiscales, periodistas y empresarios. Le da igual mientras pueda dormir bajo la atenta mirada de guardias civiles apostados en la residencia del presidente del Gobierno, que ha terminado por creerse que le pertenece en rigurosa exclusiva.
Está bien visto el título de su documental: Anatomía de un farsante. Le falta siquiera un subtítulo: «… refugiado tras un muro». Porque Sánchez sin su muro no es nadie. Lástima que cuando título y subtítulo podían haber penetrado en todos los hogares españoles, va Alberto Núñez Feijóo y trastabillea. ¿Qué le pasa al jefe de la oposición? Se preguntan muchos españoles a los que gustaría ver al presidente del Partido Popular con más ánimo y fuelle. Sinceramente, no lo sé.
A la vista del panorama patrio que nos circunda, me permito el detalle de aconsejar a todos aquellos entusiastas que avanzan la pronta, sino inmediata, caída del leviatán monclovita que enfríen un tanto sus exaltados deseos. Porque cierto es que está acorralado por sus propios procederes, pero no es menos cierto que se trata de un personaje tan singular (por lo peligroso) y tan escasamente respetuoso con los principios democráticos más elementales que, con el poder en la mano, puede tener la tentación de cualquier cosa. Si hasta llegó al País Vasco para entrevistarse y pactar con el terrorista Otegi.
Sánchez representa en esencia el tapón que impide avanzar hacia adelante a la nación española. Y se van a necesitar muchos años para recuperar esa nación en lo institucional, en lo económico, en el auto respeto y en olvidar el guerracivilismo que los Zapatero, primero, y Sánchez, después, han inoculado a una parte significativa del gran país que es España.
Cómo hacer saltar ese tapón, democráticamente hablando (of course), es la gran cuestión. Por de pronto, ahí sigue exhibiendo poder con burlas antidemocráticas y sin sonrojo.
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