6 de febrero, ¡¡¡dieciocho días antes!!!

6 de febrero, ¡¡¡dieciocho días antes!!!
  • Jaime Peñafiel

No hace mucho me reunía en el restaurante Yakitoro del Paseo de la Castellana con el general Félix Sanz Roldán, responsable durante muchos años del CNI. En el transcurso del almuerzo, le pregunté: ¿Sabes lo que sucedió el 6 de febrero de 1981, dieciocho días antes del 23-F? Ante mi sorpresa, me reconoció no saber nada sobre esta fecha. Y quise informarle de lo que yo pensaba sobre la misma de ese mes tan corto y en el que iban a pasar tantas cosas y todas malas, entre ellas, el 23-F y la muerte de la reina Federica, que fallecería en la tarde del 6 de febrero, mientras los Reyes se encontraban descansando en Baqueira, después del polémico viaje al País Vasco.

Aprovechando esta ausencia, fue deseo de Federica someterse a una intervención que podemos considerar de cirugía estética, ya que solo se trataba de eliminar unas pequeñas manchas de colesterina, conocidas como xantelasma, sobre los párpados de sus bellísimos ojos. Aunque no era necesario, fue deseo de Federica que la operación, aunque breve y leve, fuera bajo anestesia total. Esta decisión le costó la vida a las 6 de la tarde.

Había que dar la noticia a los reyes. De ello se encargó el general Sabino. Mi informador de aquella terrible noche. El Rey lo supo cuando se disponía a acudir al restaurante Arties, donde había quedado citado para cenar con, ¡¡¡atención!!!, el general Armada, por entonces gobernador militar de Lérida y que tan decisiva participación tuvo en el golpe del 23-F.

Don Juan Carlos no se atrevió a dar la noticia a doña Sofía, indicándole solo que había llamado Sabino desde Madrid para comunicarle que la reina Federica se encontraba ligeramente indispuesta y que era mejor regresar. Para ello, doña Sofía tomó un helicóptero desde Baqueira a Zaragoza, donde le esperaría un avión DC-9 de las Fuerzas Aéreas que la llevaría a Madrid.

Mientras, don Juan Carlos se reunía a cenar en Baqueira con Alfonso Armada. Estuvieron reunidos hasta la madrugada. Para hablar, ¿sobre qué? ¿Cuál sería el motivo por el que el rey no acompañó a la reina en tan dramáticas circunstancias, permitiendo que regresara sola? Él lo hizo al día siguiente a las 11 de la mañana.

En Zarzuela se encontraba el cadáver de la reina Federica, esperando que las autoridades griegas autorizaran su enterramiento en Tatoi, que se produciría el día 12.

Mientras, en el Palacio de La Zarzuela, todas las tardes se celebraban oficios religiosos ortodoxos, en memoria de la reina, a los que asistía el general Armada. Cuenta el general en sus memorias: “Después del oficio, el rey me dice que tiene mucho interés en verme y me cita personalmente para el día 13 a las 10:30. Llama a Sabino para que lo apunte en el libro de visitas. Sabino se resiste “pues ya está cubierto el cupo”. El Rey insiste. “Habrá que suprimir a don Alfonso de Borbón, que ya se había confirmado”. “Pues quítale”.

Y el día 13, a las 10 de la mañana, el general Armada llega a La Zarzuela para la cita real. Antes de entrar a la cita de don Juan Carlos, lo hace al despacho del general Sabino, con quien permanece unos minutos charlando animadamente. Sale después de dos horas, y a Sabino, que ha dejado la puerta abierta para despedirle, ni le saluda. ¿De qué habían hablado y que había pasado para que Armada no saludara a su compañero?

Verdad, verdad, verdad, lo del 23-F solo hay tres personas que lo sabían: el general Armada que ya está muerto; el general Sabino Fernández Campo que también murió aunque debió dejarlo escrito en sus “memorias”, que María Teresa, su viuda, niega que existan, y el Rey Juan Carlos, que nunca hablará, of course.

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