Zoología

Los zoólogos no salen del asombro: descubren en Japón un molusco con lengua de hierro a 5500 metros bajo el mar

Molusco ferreiraella populi
Ilustración ficticia del molusco. Foto: ilustración propia.
  • Alejo Lucarás
  • Periodista y redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

El descubrimiento de un molusco en la fosa de Izu-Ogasawara, a 5.500 metros de profundidad, ha vuelto a situar el foco en los ecosistemas abisales. En ese entorno, caracterizado por temperaturas cercanas a los 2 o 4 grados y presiones superiores a las 500 atmósferas, la supervivencia depende de adaptaciones muy específicas.

Pero este molusco no solo destaca por el lugar en el que vive, sino por una característica anatómica que lo diferencia de otros invertebrados. Su estudio, iniciado en 2024 y publicado este 2026 en la revista Biodiversity Data Journal, pone de relieve la capacidad de la evolución para encontrar soluciones funcionales en condiciones extremas.

Así es el molusco con lengua de hierro que se halló en las profundidades de Japón

La nueva especie, impulsada por especialistas vinculados a la Alianza de especies oceánicas de Senckenberg, ha sido bautizada como Ferreiraella populi y pertenece al grupo de los poliplacóforos, conocidos como quitones.

Este tipo de molusco posee ocho placas dorsales articuladas que actúan como una armadura flexible. Gracias a esta estructura puede adherirse con firmeza a superficies irregulares, algo esencial en un entorno inestable como el fondo marino.

El rasgo que más interés ha generado es su rádula, una estructura raspadora presente en muchos moluscos. En este caso, la rádula está recubierta por minerales de hierro, como magnetita y goethita. Esta composición convierte su lengua dentada en una herramienta resistente al desgaste.

La función es clara: raspar materia orgánica, especialmente madera endurecida y compactada por la presión y los sedimentos acumulados.

En un hábitat donde los recursos son limitados, la eficiencia mecánica resulta determinante. La mineralización de la rádula permite al molusco aprovechar al máximo cada fragmento de alimento disponible.

No se trata de un elemento ornamental, sino de una adaptación funcional que incrementa sus posibilidades de supervivencia.

¿Cuál es el hábitat de este molusco hallado en la fosa de Izu-Ogasawara?

El molusco Ferreiraella populi vive exclusivamente en los llamados «wood-falls», restos de madera que descienden desde la superficie hasta el lecho oceánico. Troncos y fragmentos vegetales que caen al mar pueden tardar semanas o meses en alcanzar el fondo, pero una vez allí generan microecosistemas especializados.

Estos hábitats son efímeros. Con el paso del tiempo, la madera se degrada y desaparece, lo que obliga a las especies asociadas a colonizar nuevos restos cuando estos aparecen. El género Ferreiraella es poco frecuente y está altamente especializado y adaptado a este tipo de entorno tan hostil.

Molusco
Ferreiraella populi. Foto: Alianza de especies oceánicas de Senckenberg.

En torno a este molusco se han observado también gusanos que se alimentan de sus desechos, formando una cadena ecológica en miniatura. La interacción entre especies demuestra que incluso en la oscuridad total pueden organizarse sistemas biológicos complejos y funcionales.

Por otra parte, cabe remarcar que la profundidad de 5.500 metros implica ausencia total de luz solar. No hay fotosíntesis ni producción primaria basada en la energía del sol.

La materia orgánica que llega desde capas superiores o que desciende en forma de madera constituye una de las pocas fuentes de energía disponibles. Por ello, la adaptación del molusco a este recurso concreto resulta clave.

¿Por qué el hallazgo de este quitón es relevante para la ciencia?

La descripción oficial de Ferreiraella populi se produjo en este febrero de 2026. El proceso fue relativamente rápido: apenas dos años desde su hallazgo inicial en 2024. Recordemos que en biología marina, la identificación y publicación de nuevas especies puede prolongarse durante una o dos décadas.

La investigadora Julia Sigwart, del Instituto Senckenberg, explicó en un comunicado difundido por Pensoft Publishers: «Puede llevar 10, si no 20 años, que una nueva especie sea estudiada, descrita científicamente, nombrada y publicada».

En este caso, el trabajo se aceleró, algo relevante en un contexto donde muchos invertebrados marinos podrían desaparecer antes de ser catalogados.

El nombre específico «populi», que en latín significa «del pueblo», fue elegido tras una votación pública organizada por la Senckenberg Ocean Species Alliance. Más de 8.000 personas participaron en el proceso. Esta iniciativa simboliza la colaboración entre la comunidad científica y la sociedad en la denominación de nuevas especies.

Nombrar un molusco no es un mero trámite administrativo. La descripción formal le otorga reconocimiento científico y facilita su inclusión en estudios de conservación y biodiversidad.

La relación del molusco de hierro con la minería submarina

El hallazgo de este molusco coincide con un aumento del interés por la minería submarina en grandes profundidades. Diversos países, entre ellos Japón, han intensificado las exploraciones en áreas situadas entre 5.500 y 6.000 metros en busca de minerales estratégicos.

La extracción de recursos en el fondo marino implica la remoción de sedimentos y la alteración de hábitats poco estudiados. En el caso de los «wood-falls», cualquier perturbación podría afectar a comunidades altamente especializadas como la que integra Ferreiraella populi.

El estudio de este molusco pone de relieve que los ecosistemas abisales siguen siendo en gran medida desconocidos. Antes de transformar estos entornos, la comunidad científica insiste en la necesidad de comprender su funcionamiento y su biodiversidad.

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