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La botánica mundial activa las alarmas: es la flor más popular en México pero ya está al borde de la extinción

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Recreación de un campo de flores de cempasúchil.
  • Sofía Narváez
  • Periodista multimedia graduada en la Universidad Francisco de Vitoria, con un Máster en Multiplataforma por la Universidad Loyola. Editora en Lisa News con experiencia en CNN y ABC.

La variedad de plantas que crece de forma natural en México es una de las más ricas del continente. Muchas destacan por sus colores intensos y por su presencia constante en la vida cotidiana, en los campos de cultivo, en las fiestas populares e incluso en películas.

El cempasúchil forma parte de ese patrimonio. En América existen 58 especies del género Tagetes y entre 30 y 36 tienen origen mexicano. Esa concentración convierte a México en el principal reservorio de esta flor. El problema es que, si esta dinámica continúa, varias de esas variedades acabarán desapareciendo de los cultivos.

Esta es la flor de México que se está quedando sin variedad

La imagen más conocida es la del cempasúchil de flor grande y naranja intenso, el que cada año cubre altares y cementerios durante el Día de Muertos. Esta planta no figura como especie en peligro de extinción en los registros oficiales, pero eso no quiere decir que no haya un problema.

Según ha documentado Euronews, muchos agricultores han sustituido las semillas tradicionales por híbridos importados, sobre todo para la venta en maceta. Son plantas más bajas, uniformes y fáciles de comercializar. El inconveniente aparece después: no producen semillas fértiles y obligan a comprar simiente nueva cada temporada.

Ese cambio ha desplazado a las variedades criollas, más altas, irregulares y con una diversidad genética mucho mayor. Durante décadas, esas plantas se adaptaron a suelos distintos, a lluvias intensas o a periodos secos. Hoy ocupan menos espacio en los cultivos y, en algunos casos, sólo sobreviven en parcelas aisladas.

Por otro lado, el clima tampoco ayuda. En los últimos años, lluvias torrenciales fuera de temporada, sequías prolongadas e inundaciones han afectado a zonas clave como Puebla, el Estado de México o Xochimilco. Las raíces se pudren, proliferan plagas y las pérdidas se acumulan. En algunas campañas, los agricultores han llegado a perder hasta la mitad de la cosecha.

El problema principal es que la flor sigue llegando a los mercados y, a simple vista, parece que nada cambia. Sin embargo, en los cultivos la base genética se reduce cada vez más, y eso limita la capacidad de adaptación frente a los cambios climáticos.

Qué acciones hacen falta para proteger la flor de México

La conservación del cempasúchil no depende únicamente de los agricultores, también influyen las decisiones de consumo y las políticas públicas.

Se recomienda que las personas empiecen con acciones sencillas. Hay gestos simples que ayudan. Comprar flor de corte, los ramos largos tradicionales, suele apoyar a variedades nativas. Dejar secar las flores tras la festividad y guardar las semillas permite sembrarlas al año siguiente y mantener el linaje local.

Cuando termina el Día de Muertos, evitar que las flores acaben en la basura también marca la diferencia. En varias ciudades existen centros de acopio donde se transforman en composta, pigmentos naturales o insecticidas ecológicos.

Desde el ámbito científico, los bancos de germoplasma actúan como un respaldo clave. En Ciudad de México, el banco de semillas Toxinachcal conserva miles de variantes autóctonas en cámaras frigoríficas. Si una cosecha se pierde por completo, esas semillas pueden volver al campo con variedades más resistentes.

También hacen falta medidas estructurales. Apoyos reales para infraestructuras como invernaderos, inversión en investigación agrícola y una apuesta clara por la semilla nacional reducirían la dependencia de híbridos extranjeros.

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