Bombazo en la agricultura española: científicos crean tomates que resisten la sal y plantas que respiran nitrógeno
Dentro de tres décadas, la humanidad tendrá el reto de alimentar a casi 10.000 millones de personas en un planeta más caliente, más seco y con un clima más extremo. Por ello es fundamental que los científicos encuentren la forma de cultivar tomates más resistentes.
De hecho, es un desafió que tenemos que afrontar ya mismo. Según datos publicados en Nature Medicine, España fue el segundo país con más fallecimientos por culpa del calor extremo.
Pero no todo está perdido. Poco a poco la agricultura encuentra maneras de combatir esta presión provocada por los suelos degradados y las sequías. El Centro de Biotecnología y Genómica de Plantas (CBGP) podría haber encontrado dos vías para garantizar la seguridad alimentaria en los próximos años.
Científicos consiguen que los tomates crezcan donde antes no se podía
Uno de los grandes avances de los investigadores del CBGP es el desarrollo de tomates capaces de resistir la salinidad del suelo, uno de los principales enemigos de la agricultura en muchas regiones del mundo.
Esto es esencial, ya que la acumulación de sal impide el crecimiento de numerosos cultivos y reduce de forma drástica su productividad.
Los científicos encontraron una estrategia para solucionar el problema. Lo principal era identificar mecanismos moleculares y proteínas de resistencia que permitieran a las plantas soportar las condiciones extremas.
A partir de estos descubrimientos, han creado variedades transgénicas que activan dichas defensas naturales. El resultado son plantas de tomate que pueden crecer en suelos salinos.
Además, esta tecnología no se limita a esta hortaliza. Puede aplicarse a otros cultivos sensibles a la sal, como los guisantes, las judías, el maíz o las fresas. También trabajan para lograrlo en las brásicas, el grupo de verduras que incluye col, repollo y brócoli, fundamentales para una buena dieta.
Bombazo en la agricultura: crean plantas que ‘respiran’ con nitrógeno
Otro de los proyectos más ambiciosos del CBGP busca revolucionar la forma en la que los cereales obtienen nutrientes. Aunque el nitrógeno constituye cerca del 78% del aire, las plantas no pueden aprovecharlo directamente.
Sólo algunas bacterias son capaces de fijarlo gracias a una enzima llamada nitrogenasa. El objetivo es transferir genes de bacterias fijadoras de nitrógeno a las plantas.
Con ello conseguirían que cultivos como el arroz, el trigo o el maíz puedan respirar este gas y utilizarlo para crecer. Si se logra, la necesidad de fertilizantes químicos se reduciría de forma exponencial.
Estos productos son vitales para obtener buenos rendimientos agrícolas, pero tienen un elevado coste ambiental. Contaminan el aire, degradan los suelos y dañan los ecosistemas acuáticos.
Disminuir su uso permitiría una agricultura más sostenible, con menos impacto climático y mayor protección de los recursos naturales.
El experimento agrícola para crear el invernadero del futuro con tomates
Para llevar a cabo estos proyectos, el CBGP dispone de unas instalaciones de 1.900 metros cuadrados diseñadas para el cultivo en condiciones controladas.
Destaca un invernadero de 1.200 metros con sistemas avanzados de climatización e iluminación que permiten simular escenarios extremos.
El centro también cuenta con tecnología de fenotipado digital automatizado, capaz de medir el crecimiento de las plantas, su nivel de hidratación y los síntomas de estrés. Dos módulos climatizados permiten trabajar con temperaturas que oscilan entre los 10 y los 45 grados.