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En este pueblo de Málaga hay un misterioso símbolo en lo alto de un cerro que mira al mar y es el más grande del mundo

pueblo de Málaga
Blanca Espada

Muchos son los monumentos y rincones que podemos descubrir en Málaga capital, pero también en sus pueblos y municipios, tal y como sucede en Benalmádena donde podemos encontrar el que para muchos es un misterioso símbolo que domina en lo alto del cerro. Un monumento que protagoniza las conversaciones de todo aquel que visita este pueblo de Málaga y desconoce de su existencia ya que es el más grande que hay en el mundo y es cierto que no pasa desapercibido.

¿Pero qué simboliza exactamente? En este pueblo de Málaga podemos encontrar este monumento que no es una iglesia, ni un mirador convencional. Es la Estupa de la Iluminación, y está considerada la estupa budista más grande del mundo occidental. Mide más de 33 metros de altura y su base ocupa 25 metros por 25. Sus dimensiones explican por qué se ve desde buena parte del litoral que conecta Benalmádena con Fuengirola. Pero lo llamativo no es sólo su tamaño. Es el contraste. Un monumento budista tibetano, con simbología milenaria, levantado frente al Mediterráneo.

En este pueblo de Málaga hay un misterioso símbolo en lo alto de un cerro

Para quien no esté familiarizado con el budismo, una estupa no es simplemente un edificio. Es un monumento que simboliza la mente iluminada del Buda. Existen ocho tipos principales dentro de la tradición tibetana, cada uno vinculado a un momento importante de la vida de Buda Shakyamuni.

La de Benalmádena corresponde a la Estupa de la Iluminación, conocida en tibetano como Chang Chub Chorten. Representa el despertar espiritual, el momento en el que Buda alcanza la iluminación completa. Su estructura no es arbitraria ya que cada proporción está regulada por instrucciones tradicionales muy precisas. Podemos fijarnos en su forma escalonada, en la cúpula, la aguja dorada y ninguno de esos elementos están colocados al azar.

Cómo llegó un monumento tibetano a la Costa del Sol

La idea no nació en la Costa del Sol. Detrás del proyecto estaba Lopon Tsechu Rinpoche, un maestro budista de Bután que durante años promovió la construcción de estupas en distintos puntos de Europa. Su intención era sencilla y ambiciosa a la vez: levantar espacios dedicados a la paz y a la práctica espiritual fuera de Asia. En Benalmádena encontró el lugar adecuado y el respaldo necesario ya que Ayuntamiento apoyó la iniciativa y varios discípulos occidentales colaboraron para que el monumento saliera adelante. Tras meses de trabajo, la estupa abrió oficialmente el 5 de octubre de 2003.

Aquel día se congregaron miles de personas. La ceremonia de consagración reunió a figuras relevantes del budismo tibetano y a representantes llegados desde Bután. Desde entonces, el espacio está gestionado por la Asociación Cultural Karma Kagyu de Benalmádena y mantiene su actividad como centro vivo, no solo como monumento. Con el paso del tiempo, lo que empezó como una iniciativa espiritual terminó formando parte de la identidad del propio municipio.

Lo que la hace diferente a otras estupas

Hay un detalle que la distingue de la mayoría de monumentos de este tipo. Normalmente, las estupas son estructuras macizas, cerradas, alrededor de las cuales los practicantes realizan circunvalaciones rituales en sentido horario, una práctica conocida como kora. Pero la que podemos encontrar en Benalmádena es algo distinta ya que el interior está abierto. La estupa alberga una sala de meditación de más de 100 metros cuadrados. Esa amplitud fue posible gracias a sus dimensiones excepcionales.

El espacio interior permite organizar actividades, encuentros y momentos de recogimiento. No es necesario ser budista para entrar. Muchos visitantes acuden simplemente buscando silencio o una vista diferente del litoral malagueño.

Un mirador espiritual sobre el Mediterráneo

Más allá del simbolismo religioso, el entorno influye en la experiencia. Desde el cerro donde se levanta la estupa se domina buena parte de la costa. El azul del mar se extiende hasta el horizonte y, en días despejados, la luz transforma la estructura en un punto brillante visible a kilómetros. Y todo gracias al cono dorado que la corona que actúa como referencia visual desde distintos puntos.

¿Por qué se la considera la más grande del mundo occidental?

El dato que más curiosidad despierta es su tamaño. Con más de 33 metros de altura, supera a otras estupas construidas en Europa y América. Eso la convierte en la más grande del mundo occidental dentro de su tipología. En Asia existen estructuras mayores, pero fuera de ese ámbito cultural la de Benalmádena destaca por sus dimensiones y por su fidelidad a las proporciones tradicionales tibetanas.

Un símbolo que ya forma parte del pueblo

Con el paso de los años, la estupa ha dejado de ser una curiosidad exótica para convertirse en un elemento integrado en la vida del municipio. Recibe visitantes de perfiles muy distintos tanto familias, parejas, viajeros solitarios, personas mayores, jóvenes.

Quizá ese sea el motivo por el que el monumento genera tanta fascinación. No encaja con la imagen tradicional de un pueblo de Málaga, pero tampoco desentona. Está ahí, blanca y silenciosa, mirando al mar. Y desde 2003, ese misterioso símbolo que corona el cerro ya no es solo un proyecto espiritual venido de los Himalayas. Es parte del horizonte de Benalmádena.

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