Astronomía

Aprobada la construcción de una nave espacial que llevará a 1.000 humanos a otra galaxia: tardarían 4 siglos en llegar

Aprobada la construcción de una nave espacial que llevará a 1.000 humanos a otra galaxia: tardarían 4 siglos en llegar
Nave espacial.
Gemma Meca
  • Gemma Meca
  • Licenciada en Historia, máster en Periodismo y Comunicación Digital. Redactora en Ok Diario. Cuento historias, soy amante de los astros, sigo a la luna, los TT de Twitter y las tendencias en moda. Experta en noticias de consumo, lifestyle, recetas y Lotería de Navidad.

Un viaje de 4 siglos no es apto para todos, sino todo lo contrario, un número elegido de 1.000 humanos serán los encargados de vivir en una nave espacial en construcción. Dejar la Tierra para siempre es algo que no es tan complicado, tocará estar pendientes de un cambio de ciclo que puede acabar siendo lo que nos acompañará en estos días. Tocará estar pendientes de lo que puede pasar en estos días en los que todo puede ser posible.

Es hora de empezar a pensar en una serie de viajes hacía un lugar que puede acabar siendo lo que nos acompañará en estos días en los que todo puede ser posible. Será el momento de apostar claramente lo que tenemos por delante y lo que podría acabar siendo clave. En estos días en los que realmente cada detalle puede ser clave. Para poder llegar a un cambio en la manera de ver el mundo que puede ser clave. En especial cuando descubrimos este viaje que podría ser uno de los más largos de la humanidad, 4 siglos en los que tendrán que vivir encerrados hasta un nuevo planeta.

Tardarían 4 siglos en llegar

Llegar a un nuevo planeta no es tan sencillo como parece, sino que estamos ante un cambio de tendencia que puede ser esencial. En estos días en los que realmente cada detalle puede convertirse en la antesala de algo más, de un cambio de tendencia que puede ser esencial en estos días.

Tocará empezar a pensar en una serie de elementos que pueden acabar siendo los que nos marcarán de cerca. Con la mirada puesta a una serie de elementos que pueden acabar siendo los que nos afectarán de lleno en estos días en los que todo puede ser posible.

Es hora de saber un poco más qué es lo que puede pasar en estos días en los que la realidad puede superar la ficción. Con este tipo de elementos que pueden acabar siendo los que nos afectarán de lleno, en estos días en los que realmente cada detalle cuenta.

Este planeta que puede ser el lugar en el que empezaremos de cero, en un planeta que puede convertirse en la antesala de algo más. De un cambio que podría acabar siendo lo que nos dará un giro en la manera de explorar el universo, sabiendo que nunca veremos el objetivo.

Una nave especial llevará a 1.000 años a otra galaxia

Este proyecto es uno de los que realmente pone los pelos de punta, estamos ante un reto que puede cambiar lo que nos imaginaríamos en un viaje que durará nada más y nada menos que 400 años. Serán varias las generaciones que deberán sacrificarse para que unos pocos acaben llegando al destino.

Tal y como se presenta este proyecto en Dailygalaxy: «Se necesitarían cuatro siglos para llegar a su destino. Llevaría a 2.400 personas que nunca verían el mundo que dejaron o el mundo que sus descendientes eventualmente habitarían. Tendría que generar su propia gravedad, cultivar su propio alimento, reciclar cada molécula de agua y aire, y preservar suficiente conocimiento técnico y cultural a lo largo de 16 generaciones para completar un viaje que ningún ser humano ha intentado nunca. Lo que hace que Chrysalis sea diferente de los conceptos de buques de generación anterior es el nivel de integración de sistemas. El diseño no asume simplemente que el soporte vital de circuito cerrado o la propulsión de larga duración eventualmente estarán disponibles. Especifica cómo esos sistemas podrían conectarse, qué redundancias se requerirían y dónde la investigación actual se queda corta. El documento funciona menos como un plano y más como un inventario detallado de lo que sigue siendo desconocido».

Siguiendo con la misma explicación: «La gravedad artificial dio forma a cada decisión estructural en el diseño de Chrysalis, y la física de los hábitats giratorios impone restricciones implacables. Un análisis detallado publicado por ABC Science señala que los humanos experimentan desorientación cuando las tasas de rotación superan aproximadamente dos revoluciones por minuto. Para simular la gravedad útil a esa baja velocidad de rotación, un hábitat debe ser grande. Muy grande. El equipo de Chrysalis llegó a una estructura de 58 kilómetros con cilindros anidados girando en direcciones opuestas. Las capas más externas producen una fuerza centrífuga equivalente a 0,9 veces la gravedad de la Tierra. Las carcasas internas giran en contra de las exteriores, una configuración destinada a reducir las perturbaciones estructurales que podrían propagarse a través del recipiente. El módulo de hábitat se encuentra en el extremo delantero, estrechando para minimizar el riesgo de colisión con los escombros interestelares durante la aceleración y la desaceleración».

Aunque aún faltan algunos elementos que debemos tener en consideración: «El diseño Chrysalis asume potencia de fusión para la propulsión y la energía a bordo. El equipo especificó una transmisión de fusión directa utilizando helio-3 y deuterio, con un año de aceleración para alcanzar la velocidad de crucero, 400 años de carrera y un último año de desaceleración. No existe un reactor de fusión operativo adecuado para la propulsión de naves espaciales a principios de 2026. Las hojas de ruta de investigación del gobierno proyectan reactores de demostración décadas por delante, y ninguno de esos planes aborda los requisitos adicionales del despliegue de naves espaciales: radiadores que funcionan en vacío, blindaje que dura siglos, acceso de mantenimiento que sigue siendo posible cuando el reactor es demasiado peligroso para acercarse. La protección contra la radiación presenta incertidumbres similares. El espacio profundo expone a las tripulaciones a rayos cósmicos galácticos y eventos de partículas solares. El blindaje suficiente para bloquear partículas de alta energía durante varios siglos requeriría un espesor del material más allá de lo que los sistemas de lanzamiento actuales podrían ofrecer».

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