César Millán, experto en educación canina: «Entender a tu mascota antes de corregirla es una de las claves para construir una relación de confianza»
No es ninguna tontería que tu perro lo pueda estar pasando mal y puede acabar en tragedia
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Los veterinarios lo tienen claro: éste es el comportamiento que demuestra cuánto quiere realmente un perro a su dueño

Muchos propietarios relacionan el buen comportamiento de un perro con su capacidad para seguir órdenes básicas. Sin embargo, César Millán, uno de los referentes más conocidos en educación canina, considera que la convivencia con una mascota requiere mucho más que enseñarle a obedecer. Lo primero y más importante es conocer las necesidades del animal, así como aprender a identificar sus emociones y sentimientos. Precisamente, muchos de los problemas de conducta no se deben a que el perro no conozca las normas, sino a situaciones que sus dueños no han sabido detectar a tiempo.
Según Millán, el perro actúa como un «reflejo de sus dueños». Es decir, su comportamiento puede estar muy condicionado por las dinámicas y hábitos presentes en el hogar. Por ello, observar cómo reacciona el animal ante determinadas situaciones puede ayudar a los propietarios a identificar qué aspectos de su propia conducta o del entorno necesitan cambiar.
Diferencias entre un perro obediente y un perro educado
Para el especialista, que una mascota conozca y responda a determinadas órdenes no significa necesariamente que esté equilibrada. Bajo su punto de vista, la educación debe apoyarse en límites claros, ejercicio, socialización y una rutina estable. También considera fundamental que todas las personas que conviven con el animal mantengan unas mismas pautas, de manera que el perro pueda comprender con claridad qué se espera de él.
En su libro, «El líder de la manada», Millán señala que los perros son animales sociales y necesitan comprender su posición dentro del entorno en el que viven. Al mismo tiempo, deben aprender a desenvolverse ante estímulos habituales de la vida cotidiana, como el tráfico, los ruidos, otros animales o los lugares concurridos.
El papel del adiestramiento
Normalmente, el adiestramiento se relaciona con el hecho de enseñar al perro determinadas conductas o ejercicios. Sin embargo, que un animal haya aprendido correctamente varias órdenes no significa que no pueda experimentar miedo, estrés o inseguridad en algunas situaciones de su día a día.
Por este motivo, más allá de si el perro obedece las instrucciones, también es fundamental observar cómo responde ante diferentes estímulos. La clave está en diferenciar ambos objetivos. Mientras el entrenamiento busca respuestas concretas ante determinadas indicaciones, una convivencia equilibrada requiere entender las necesidades del animal y abordar aquellas conductas que pueden generar dificultades tanto dentro como fuera del hogar.
Las principales claves del adiestramiento canino pasan por mantener una comunicación clara, ser constante y respetar las necesidades del animal. El refuerzo positivo resulta fundamental: las conductas adecuadas pueden premiarse de inmediato con comida, caricias o elogios, evitando los gritos y los castigos físicos. También es recomendable realizar sesiones breves, de unos cinco a diez minutos al día, para no saturar al perro y mantener su atención.
Asimismo, la constancia y una rutina estable ayudan a establecer normas claras y a repetir los ejercicios en distintos entornos, incorporando las distracciones de forma progresiva. Por último, cubrir sus necesidades de paseo, ejercicio y bienestar contribuye a que esté tranquilo y más receptivo durante el aprendizaje.
Cómo interpretan las emociones humanas
Científicos de la Universidad de Lincoln mostraron a 17 perros domésticos imágenes de personas felices y alegres, y otras de personas enfadadas o agresivas. También asociaron de forma aleatoria fragmentos de audio de personas hablando en un tono autoritario y otros en un tono calmado. Pues bien, los perros se detuvieron más tiempo en las imágenes que correspondían a la emoción transmitida por la voz.
«Hace tiempo que se debate si los perros pueden reconocer las emociones humanas. Muchos dueños de perros han informado anecdóticamente que sus animales parecen altamente sensibles al estado de ánimo de los miembros humanos de la familia», explica el profesor Daniel Mills, quien co-firmó el informe. «Sin embargo, hay una diferencia importante entre la actitud asociativa, como aprender a responder adecuadamente a una voz enfadada, y el hecho de reconocer una variedad de señales muy diferentes que indican una emoción en el otro. Nuestras conclusiones son las primeras en mostrar que los perros realmente reconocen las emociones en los humanos».
En la misma línea, investigadores de la Universidad de Medicina Veterinaria de Viena estudiaron si los perros eran capaces de distinguir las emociones humanas. Para ello, utilizaron una pantalla táctil y un sistema de recompensas con el que mostraron a un grupo de perros dos fotografías del rostro de una misma mujer: en una aparecía alegre y en la otra enfadada. Un grupo recibía una recompensa cuando tocaba con el hocico la imagen sonriente, mientras que otro obtenía el premio al seleccionar el rostro enfadado.
Los resultados mostraron que ambos grupos fueron capaces de diferenciar ambas expresiones. Además, los investigadores comprobaron que los perros que habían seleccionado los rostros alegres reaccionaban con mayor rapidez que los del otro grupo. Ludwig Huber, de la Universidad de Medicina Veterinaria de Viena, señaló que los resultados apuntaban a que los perros podrían sentirse menos cómodos ante rostros enfadados.