EXCLUSIVA DE OKDIARIO

El ingeniero del Fortuna se convirtió en chef de La Angorrilla tras un cursillo en el restaurante Flanigan

La Angorrilla
Manuel Cerdán

Juan Carlos I siempre ha sido calificado como un verdadero sibarita gastronómico, para lo que no tenía reparos económicos, pero también a veces se convertía en un gourmet que rozaba la chapucería. A Corinna Sayn-Wittgenstein le tocó experimentar esa faceta de monarca despreocupado durante sus cortas estancias en La Angorrilla, mientras fue su pareja sentimental.

El entonces jefe del Estado se servía del chef del yate Fortuna para solventar el servicio de cocina en el supuesto palacio de El Pardo, pero cuando el cocinero abandonó los fogones de la embarcación tuvo que buscarse un sustituto. ¿Y a dónde acudió Don Juan Carlos para seguir disponiendo de cocinero en La Angorrilla?: a la tripulación del yate regalado por los empresarios baleares. El Rey reunió a la decena de servidores y les preguntó: “¿Quién de vosotros sabe cocinar medianamente bien?”. Paco, el ingeniero, levantó la mano y Juan Carlos I, sin pensárselo dos veces, le dijo: “Te ha tocado. Serás mi futuro cocinero personal”.

Mesa lúgubre sobre la que Corinna y su hijo comían en La Angorrilla.
Mesa lúgubre sobre la que Corinna y su hijo comían en La Angorrilla.

Y de una manera tan simple, la persona que se movía entre las grasas de las máquinas de navegación cambiaba los aceites industriales por los extravirgen. Como al ingeniero le faltaban algunas lecciones de gastronomía, el monarca se puso en contacto con su amigo Miguel Arias, el propietario del afamado restaurante Flanigan de Puerto Portals, en Palma de Mallorca, y le pidió que Paco hiciera un curso intensivo en la cocina de su establecimiento vip.

Paco acabó de chef en La Angorrilla y Corinna fue uno de sus conejillos de indias. Su servicio fue intermitente, pero cuando no podía trabajar en la cutre cocina del chalé de caza de El Pardo se hacía cargo de la comanda el cocinero de La Zarzuela. Era tal la penuria de las instalaciones, de lo que algunos llamaban palacio, que el empresario Plácido Arango, amigo de Juan Carlos, compró en el Corte Inglés una cocina completa para resolver el problema.

El salón de La Angorrilla contaba con varios sofás viejos y alfombras anticuadas.
El salón de La Angorrilla tenía sofás viejos y alfombras anticuadas.

En La Angorrilla los menús encargados por el entonces jefe del Estado no eran ni ambiciosos ni pantagruélicos. Basta comprobar la mesa del comedor del falso palacio para comprender cuál era el nivel culinario de las estancias de Corinna y su hijo entre las frías paredes de piedra.

Juan Carlos I aprovechaba sus visitas a La Angorrilla para atiborrarse de los alimentos que no le dejaban ingerir en La Zarzuela. El monarca era un adicto a los alimentos que le prohibían. Se le podía olvidar alguna de sus obligaciones, pero nunca dar las instrucciones precisas para que no faltaran en la despensa del pabellón de caza: jamón de bellota, tortilla de patata, latas con ventresca de atún y sardinas, entre otros alimentos. Y por supuesto sus vinos favoritos: Vega Sicilia y Alión.

Un aprendiz de cocinero  

Don Juan Carlos no se percató ni se cuestionó que echaba mano de un miembro de la tripulación del Fortuna que había sido contratado para labores técnicas del yate, que en un principio corrían a cargo de Unión Naval Valencia, que había firmado un contrato con Patrimonio Nacional.

El entonces monarca recibió, en 2000, el Fortuna como regalo de un grupo de empresarios mallorquines para sustituir al anterior Fortuna que le había obsequiado el rey de Arabia Saudí en los 70 y que se había quedado viejo. El yate moderno fue construido en los astilleros de Izar en San Fernando (Cádiz) y contaba con una excelente cocina además de un salón, un comedor y cuatro camarotes.

En la entrevista a Corinna, publicada en exclusiva por OKDIARIO en octubre de 2020, la princesa alemana se quejaba de las condiciones del supuesto palacio. Según ella, era “un antiguo chalé de caza de Franco que estaba en un estado ruinoso, no se arreglaba desde los años 60 y sólo tenía tres pequeñas habitaciones sumamente sencillas”.

Otra de las fotografías inéditas que OKDIARIO publica sobre el interior de La Angorrila.
Otra de las fotografías inéditas que OKDIARIO publica sobre el interior de La Angorrila.

El pasado martes OKDIARIO publicaba en exclusiva una serie de fotografías de su interior en las que se demostraban las carencias del llamado “nidito de amor” para alcanzar la categoría de palacio, como algunos lo llamaban. En medio de tales penurias, Corinna y su hijo se vieron obligados a vivir cada vez que se desplazaban de Londres o Mónaco a Madrid.

Las instalaciones carecían de comodidades, pero aseguraban confidencialidad al estar ubicadas en una zona protegida dentro del monte de El Pardo. Pero los muros de la privacidad se desmoronaron tras el accidente de la cacería que sufrió Juan Carlos I en Botsuana. Sorprendentemente, desde las entrañas del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) y del departamento de Prensa de la Casa del Rey filtraron los datos a los medios de comunicación amigos.

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