CONCIERTO DE AÑO NUEVO

Yannick Nézet-Séguin moderniza el Concierto de Año Nuevo de Viena con obras inéditas y un mensaje de paz

El director canadiense introduce compositoras históricas y moderniza un recital clásico seguido por millones de personas

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Marta Torres
  • Marta Torres
  • Corresponsal internacional. He escrito en La Razón, El Mundo, Wall Street Journal Edición Américas.

La Orquesta Filarmónica de Viena ofreció este jueves 1 de enero su tradicional Concierto de Año Nuevo en la Sala Dorada del Musikverein, bajo la batuta del maestro franco-canadiense Yannick Nézet-Séguin. Debutó al frente del recital más seguido del planeta, con más de 50 millones de espectadores en más de 150 países. El concierto terminó con los tradicionales valses El Danubio Azul y la Marcha Radetzky, durante los cuales Nézet-Séguin bajó al patio de butacas para animar al público.

El director de 50 años, conocido por su estilo moderno y enérgico, aportó una visión renovadora a un concierto que, desde 1939, ha seguido un formato clásico centrado en los Strauss y sus contemporáneos. Esta edición incluyó cinco piezas inéditas, entre ellas dos obras de compositoras, un hecho histórico que subraya la importancia de abrir espacio a voces olvidadas en la música clásica. Además, ofreció un discurso por la paz: «La paz dentro de vuestros corazones, la paz con la gente que amáis y, sobre todo, la paz entre todas las naciones del mundo. La paz viene con la bondad. La música puede unirnos porque vivimos en el mismo planeta».

Los bises incluyeron la polca Circus, op. 110 de Philipp Fahrbach Jr., con la participación del director tocando percusión, y otras obras tradicionales que cerraron el recital con energía y alegría.

Innovación: compositoras olvidadas

Las obras inéditas fueron de Josephine Weinlich, fundadora de la primera orquesta femenina de Europa, y Florence Price, la primera mujer afroamericana reconocida por una gran orquesta estadounidense. La inclusión de estas piezas simboliza un paso hacia la diversidad y el reconocimiento de figuras históricamente marginadas en la música clásica.

Primera parte: Strauss y Ziehrer

El concierto comenzó con la obertura de la opereta Indigo y los cuarenta ladrones, de Johann Strauss hijo. Luego sonó Donausagen, de Carl Michael Ziehrer, que nunca antes se había interpretado en un Concierto de Año Nuevo. Otra novedad fue el Malapou-Galoppe de Joseph Lanner, una danza rápida con influencias de la música de la India, interpretada con un pequeño coro.

La primera parte se cerró con piezas más conocidas, como la polca Brausteufelchen de Eduard Strauss, la Fledermaus-Quadrille y El Carnaval de París de Johann Strauss, que recibieron aplausos entusiastas del público. Durante el intermedio, la ORF emitió un documental sobre el 250 aniversario del Museo Albertina, destacando obras de Alberto Durero.

Segunda parte: mujeres y legado olvidado

En la segunda mitad del concierto, Nézet-Séguin introdujo las piezas de Josephine Weinlich y Florence Price, nunca antes interpretadas en este recital. Price, nacida en Arkansas y criada en Chicago, fue pionera en la música clásica afroamericana. Su inclusión marca un hecho histórico en los 85 años de historia del Concierto de Año Nuevo.

Otras obras incluyeron piezas de Johann y Josef Strauss, como Frauenwürde op. 277 y la Polca Diplomática, acompañadas por el Ballet de la Ópera Estatal de Viena.

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