Irán y Turquía comparten agenda internacional de medios

Recep Tayyip Erdogan Turquía
Recep Tayyip Erdogan. Foto: AFP
  • Raúl Redondo | Atalayar.com

La República Islámica de Irán y Turquía, dos aliados dentro del concierto internacional, cooperan conjuntamente en su estrategia mediática y de propaganda en el plano internacional; sin duda, una herramienta relevante para poder manipular la opinión pública y favorecer la imagen de ambos países.

Según The Arab Weekly, diversos analistas indican que Teherán y Ankara sacan partido de las debilidades de las estrategias de comunicación exterior del mundo árabe propiciadas por los conflictos existentes entre las agendas de diferentes naciones.

En esta línea, el miércoles pasado, se produjo una reunión telemática entre el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores turco, Hamis Aksavi, y su homólogo iraní, Abbas Mousavi, según la agencia de noticias turca Anadolu, que citó a representantes diplomáticos de la nación euroasiática.

Diferentes fuentes indicaron que Hamas Aksavi y Abbas Mousavi remarcaron la necesidad de llevar la excelente cooperación entre los dos países al campo de los medios, y añadieron que ambas partes acordaron fortalecer los lazos bilaterales en este aspecto y establecer mecanismos para este propósito. También coincidieron en la necesidad de celebrar reuniones consultivas periódicas sobre el asunto.

Turquía y la República Islámica de Irán comparten intereses en varios asuntos regionales de Oriente Medio. Uno de ellos es el relativo a la guerra de Yemen, donde el régimen de los ayatolás sustenta a los rebeldes chiíes hutíes que tratan de socavar el Gobierno reconocido internacionalmente de Abd Rabbuh Mansur al-Hadi, el cual recibe el apoyo militar de la coalición árabe dirigida por Araba Saudí, gran rival regional de Irán y representante máximo de la rama suní del islam, contrapuesta a la chií patrocinada por el Estado persa.

Tanto Turquía como Irán tienen vínculos con el partido yemení Al-Islah (Reforma) dominado por los Hermanos Musulmanes, entidad considerada terrorista por varios países occidentales y que está ligado al salafismo (versión radical del islam). Este bando está orientado a incrementar la inestabilidad, en este caso en el país yemení, y fomentar la oposición al reino saudí.

Según diversos analistas, Turquía e Irán desarrollan una campaña mediática para acusar a la coalición árabe de interferir e imponer su hegemonía en Yemen de cara a poner la nación yemení a su servicio y a tomar el control de sus puertos y sitios estratégicos. Esta perspectiva permite a Teherán y Ankara ocultar las verdaderas agendas propias, que consisten en perpetuar las condiciones de crisis y caos que les permite establecerse en el mar Rojo.

Los Hermanos Musulmanes gozan de otro altavoz importante, como es Qatar. La monarquía del Golfo destina mucho esfuerzo de comunicación en dar voz a personas ligadas a la Hermandad. Además, Ankara y Teherán han utilizado durante mucho tiempo los medios de comunicación qataríes para desarrollar una campaña en contra del reino saudí y de sus intereses en Yemen y en otros lugares.

Pero ahora los dos países se han movido para establecer canales satelitales directamente conectados a ellos o bajo el control de uno de sus representantes, como el canal Al-Mayadeen, propiedad del grupo chií Hizbulá de Líbano, que promueve el expansionismo regional de Irán.

Precisamente, Qatar es el gran financiador de toda esta campaña gracias a su músculo financiero y a sus recursos. El país qatarí tuvo un gran acercamiento a Irán y Turquía a raíz del embargo que le impusieron en 2017 Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Egipto y Bahréin (que acusaban a la monarquía del Golfo de terrorismo transfronterizo) y que supuso un gran golpe económico para Qatar, lo que le obligó a buscar estrechos aliados.

Diferentes medios y analistas han remarcado en muchas ocasiones la labor de injerencia de Irán en los asuntos internos de Estados vecinos. En esta línea, el Estado iraní se vale de la actividad de las Fuerzas Quds, división internacional de la Guardia Revolucionaria Islámica (cuerpo de élite del Ejército iraní), para colaborar con grupos chiíes afines en diferentes países de cara a defender los intereses persas en estas naciones.

Este es el caso de Líbano con el propio Hizbulá, Yemen con los citados hutíes, Irak con las Fuerzas de Movilización Popular, Palestina con Hamás o Siria con las guerrillas de origen afgano de Liwa Fatemiyoun.

Turquía también ha establecido un canal de habla árabe compuesto por profesionales de los medios afiliados a la Hermandad Musulmana. Los invitados favoritos de este canal son, obviamente, personalidades vinculadas a los Hermanos Musulmanes en varios países árabes, con la intención de interferir en diferentes naciones.

Además, Turquía ha aprovechado los generosos fondos qataríes para invertir en la expansión de numerosos canales satelitales árabes que transmiten desde Turquía y trabajar para lograr los objetivos políticos de Ankara, como si fueran canales turcos.

Por el contrario, hay muy pocos proyectos del lado árabe para tratar de apuntar a audiencias iraníes y turcas en sus idiomas locales. La mayoría de las iniciativas existentes se basan en propuestas personales y carecen de apoyo oficial, a pesar de que están logrando exactamente lo que las herramientas de los medios oficiales árabes no han podido lograr a pesar de sus enormes recursos financieros y técnicos.

La coordinación bilateral entre Turquía e Irán para desarrollar una estrategia de medios conjunta revela que los líderes de los dos países han establecido la conquista de los medios árabes y el espacio de la opinión pública como su máxima prioridad; mientras que en los países árabes los medios continúan fragmentados y centrados en sí mismos, como recuerda el medio The Arab Weekly.

Todo esto se explica porque en los últimos tiempos hubo una gran aproximación entre Turquía e Irán. Principalmente, por el acercamiento que tuvo el régimen de los ayatolás al país presidido por Recep Tayyip Erdogan después de recibir las sanciones políticas y económicas impuestas por Estados Unidos a raíz de la denuncia de incumplimientos por parte del país iraní de los acuerdos del pacto nuclear suscrito en 2015 (JCPOA, por sus siglas en inglés) que limitaba el programa atómico iraní, sobre todo, en materia armamentística. Ese embargo, efectuado en 2018 cuando el Gobierno de Donald Trump abandonó el JCPOA, afectaba sobre todo al petróleo, gran fuente de financiación iraní, y supuso un gran golpe económico para Irán, que se acercó en ese momento a Turquía y Qatar en búsqueda de socios en el plano internacional.

Estas tres naciones son acusadas de propiciar la inestabilidad regional y mundial por sus posturas beligerantes e intervencionistas en diferentes países vecinos. Turquía se muestra muy activa en este sentido con la participación en las guerras de Libia y Siria, incluso a través del envío de mercenarios a sueldo ligados a grupos vinculados en el pasado con organizaciones terroristas yihadistas como Daesh y Al-Qaeda, como han señalado varios medios y analistas.

En esta línea, Hossam Zaki, subsecretario general de la Liga de Estados Árabes, confirmó en una entrevista con el medio Al-Ain News que «las amenazas planteadas por Turquía a los asuntos árabes son paralelas a sus peligros con la interferencia iraní». Agregó que «Ankara y Teherán tienen el mismo método desafortunado de tomar medidas enérgicas contra los países árabes que han perdido su capacidad de unirse y sufren crisis importantes, colaborando con partidos influyentes en la escena doméstica fuera del control del Estado, para lograr sus propósitos regionales”.

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