Independentismo en Cataluña

Rajoy se prepara para un Govern títere y nuevas elecciones tras la condena a los golpistas

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Mariano Rajoy y el ex presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont.

Mariano Rajoy se prepara para un Govern títere y nuevas elecciones tras la sentencia que condenará a los golpistas del 1-O. El Gobierno es consciente de lo que viene. De que el golpe separatista no ha acabado y de que tan sólo nos encontramos en una nueva fase: la de rearme de los separatistas para volver a tensar el panorama en plena recta final de las elecciones municipales y autonómicas.

El análisis lleva días madurándose en Moncloa. Y el presidente Rajoy sabe que el nuevo Govern que puede salir los próximos días en Cataluña tan sólo será un Ejecutivo títere de Carles Puigdemont. Un Ejecutivo autonómico cuyo objetivo es mantener la tensión separatista y reabrir el grifo de las subvenciones a las asociaciones golpistas y a los medios de comunicación que colaboran con la ruptura constitucional.

El Govern que salga tendrá como objetivo mantener la tensión separatista y reabrir el grifo de las subvenciones a las asociaciones golpistas

Es más, en Presidencia saben que el próximo epicentro será la publicación de la sentencia del Tribunal Supremo sobre el golpe del 1-O. Un momento en el que el control mediático de los nacionalistas puede provocar un auge de la intención de voto en partidos como JxCAT, ERC y la CUP y que, por lo tanto, los separatistas pueden aprovechar para intentar convocar nuevas elecciones.

Y todo ello pasa por mantener un clima de victimismo y rebeldía latente que haga que la sensación de desafío al Estado no cese. Se trata de un mal ambiente que no ayudará al desarrollo económico de Cataluña y que, pese a relajar el ambiente a ojos del PNV, lo cierto es que será difícil de gestionar.

Tensión en las calles

Los informes de la Guardia Civi y de la Policía Nacional que se están elevando son igualmente esclarecedores del panorama a medio plazo en Cataluña: los grupos de resistencia al separatismo y de retirada de lazos amarillos (GDR) empiezan a ser conscientes de que numéricamente no son muy inferiores a los Comités de Defensa de la República (CDR) -los separatistas- y ello está generando una órbita en la que no sería extraño que hubiese enfrentamientos en las calles, tal y como están alertando desde las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado.

En el seno del propio PP se comparte el análisis. Y ya han empezado a surgir voces críticas contra el acuerdo con el PNV. En primer lugar porque económicamente es un destino la subida del gasto por el alza de las pensiones y Bruselas va a poner problemas. Y en segundo lugar porque ha exigido al Gobierno una relajación de la respuesta en Cataluña al separatismo que está aprovechando claramente Ciudadanos para crecer. Todo ello sin descontar la posibilidad de que Vox se cuele en el Congreso de los Diputados desde el ámbito puro de la derecha y genere por primera vez una pérdida de voto del PP por los dos costados ideológicos.

El desafío no ha terminado

En el Gobierno tenían como objetivo prioritario prolongar la legislatura. Y para ello necesitaban del acuerdo con PNV para aprobar los Presupuestos. Pero saben que el coste es alto y que ello exigirá de una respuesta visible en la opinión pública en cuanto sean aprobados. Porque, como ya admiten, el panorama de desafío a la Constitución no ha terminado ni mucho menos. Y las próximas elecciones en Cataluña pueden lanzarse justo tras una sentencia que victimizarán los separatistas. Y que tensará el ambiente en plenas elecciones municipales y autonómicas en toda España.

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