La vida de John de Zulueta: líder de empresarios, hijo de ministro y ejemplo de lucha contra la borrelia

La muerte de John de Zulueta Greenebaum, a los 78 años, cierra la trayectoria de uno de los ejecutivos y referentes empresariales más influyentes de la España democrática. Hijo del ministro de Estado de la República, Juan de Zulueta, y de la estadounidense Mary Greenebaum, creció entre dos culturas y dos formas de entender el mundo, algo que marcaría para siempre su estilo de liderazgo: cosmopolita, directo, poco dado a artificios y profundamente comprometido con la modernización de España.
John de Zulueta, nacido en Cambridge (Massachusetts) el 23 de febrero de 1947, era licenciado en Historia Contemporánea por la Universidad de Stanford (California) y MBA con honores por la Columbia University de Nueva York.
Con una carrera marcada por su paso por grandes compañías, su presidencia en el Círculo de Empresarios y su impulso al debate económico nacional, John de Zulueta deja un legado profesional indiscutible. Pero también humano. Durante años libró una batalla silenciosa y constante contra la borrelia (infección asociada a la enfermedad de Lyme), una lucha que convirtió en ejemplo de fortaleza para quienes le rodeaban y que nunca utilizó como excusa para reducir su actividad, sus intervenciones públicas o su empeño en contribuir a un país mejor.
Carrera marcada por la gestión y la modernización
Formado en Estados Unidos y España, Zulueta inició su carrera profesional en el sector privado internacional (años en grupos de EEUU) antes de asumir la dirección de Sanitas, donde fue consejero delegado entre 1990 y 2005. Bajo su liderazgo, la compañía se consolidó como uno de los grandes actores de la sanidad privada en España, con una profunda transformación en su modelo de negocio y una expansión que dejó huella en el sector.
Tras su etapa en Sanitas, siguió vinculado al ámbito corporativo como consejero y asesor de distintas compañías. En los últimos años mantenía un puesto relevante en Línea Directa Aseguradora, donde su visión estratégica y su capacidad para entender los ciclos económicos lo convirtieron en una figura de referencia dentro del consejo.
Pero si hubo un lugar donde dejó una impronta especialmente reconocible fue en el Círculo de Empresarios. Fue presidente de la organización entre 2018 y 2022, años especialmente convulsos para la economía española. Su mandato estuvo marcado por una defensa firme de la competitividad, la necesidad de reformas estructurales y la importancia de crear un clima de confianza que permitiese a España atraer más inversión y generar mayor bienestar.
Zulueta asumió ese liderazgo con naturalidad y con una honestidad poco habitual. Hablaba claro, sin rodeos, y lo hacía desde la convicción de que un país solo avanza cuando las empresas pueden desarrollarse en un entorno estable y moderno. Sus discursos, frecuentes en los medios económicos, siempre huían de la demagogia para centrarse en datos, análisis y propuestas concretas.
Un referente que no dejó de trabajar
Aunque su trayectoria profesional es la parte más visible de su legado, quienes lo conocieron destacan especialmente su capacidad de trabajo incluso cuando su salud comenzó a resentirse.
En los últimos años, John de Zulueta convivió con una infección por borrelia, una enfermedad compleja que limita la movilidad, causa dolor continuado y obliga a un seguimiento médico constante. Él, sin embargo, se negó a permitir que esta condición condicionara su aportación pública. Participó en debates, consejos, conferencias y entrevistas con una disciplina que sorprendía incluso a quienes sabían de su fortaleza de carácter.
Su actitud discreta ante la enfermedad, sin dramatismos ni exposición personal, hizo que muchos solo supieran de su lucha cuando ya era imposible ocultar el deterioro físico. Pero hasta en ese último tramo mantuvo el tono sereno y la vocación de servicio que habían guiado toda su vida.
Legado que trasciende cargos y empresas
La biografía de John de Zulueta es también la historia de un puente entre generaciones. Hijo de un ministro de la República y heredero de una familia con profundas raíces en España, eligió construir una identidad profesional vinculada a la apertura económica, al europeísmo y a la gestión moderna de las empresas. No fue un hombre de nostalgia, sino de futuro.
Quienes trabajaron con él lo describen como un líder accesible, exigente y educado, con una mezcla poco común de rigor intelectual y calidez personal. Nunca perdió el acento americano que lo acompañaba desde la infancia, ni la costumbre de razonar cada idea como si se tratara de una conversación entre iguales.
Su muerte deja un vacío evidente en el debate empresarial español.