¡Es el mercado, amigo!

No eres nadie en España si no has perdido dinero con Madoff

Toda la alta sociedad compró los fondos del estafador; si no invertías con Madoff, no eras VIP

Muere a los 82 años Bernard Madoff, autor de una gigantesca estafa piramidal que afectó a Santander

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Bernie Madoff en su detención

En la España actual parece que no eres nadie si no te ha espiado Villarejo. Pero los que sí son alguien de verdad, de verdad, en nuestro país tienen otra cosa en común: haber perdido dinero en la estafa de Bernard Madoff, fallecido esta semana en la cárcel. Invertir con el supuesto mago de Wall Street era el signo de distinción definitivo, el lujo al alcance sólo de la créme de la créme, en la primera década del siglo. Si no tenías tu dinero con Madoff, no estabas entre los elegidos por los dioses.

Invertir con Madoff se convirtió en tal obsesión para nuestros VIP, que España fue el tercer país más afectado por el escándalo, sólo por detrás de Estados Unidos y Suiza, pese al pequeño tamaño de nuestro mundo financiero. En esta venta participaron con fruición Banco Santander y la firma del hermano y el marido de Ana Botín: M&B, Morenés & Botín (por Guillermo Morenés y Javier Botín). Pero el genio del marketing que convirtió a un fondo de inversión (un hedge fund en realidad) en un artículo exclusivo como si fuera un Picasso o un yate, fue el colombiano Andrés Piedrahita.

Andrés Piedrahita (der.)
Andrés Piedrahita (der.)

Piedrahita, yerno de uno de los grandes de Wall Street, Walter Noel, se mudó de Londres a Madrid en 2003 precisamente para colocar los fondos de Madoff -el principal producto de la firma de su suegro, Fairfield Greenwich- entre las grandes fortunas españolas y, posteriormente, entre las latinoamericanas. Para ello, contrató a algunos banqueros privados con las carteras de clientes más selectas y se instaló en un espectacular ático en el barrio de Salamanca de Madrid donde los recibía para impresionarlos. Pero, sobre todo, compró una ostentosa mansión en Puerta de Hierro para poder hacer fiestas.

Koplowitz, Abelló, Almodóvar, March… y hasta el Rey

Y qué fiestas. Ríanse de las de Isabel Preysler en los anuncios de Ferrero Rocher (por cierto, la Preysler era de las asiduas a las de Piedrahita). Eran legendarias y, al parecer, muy divertidas. Incluso algunas veces le daba por disfrazar a los invitados. Por el chalet de Puerta de Hierro desfilaron personajes como las hermanas Koplowitz, Alberto Cortina, Juan Abelló, Pedro Almodóvar y su hermano Agustín, Javier López Madrid, el expresidente colombiano Andrés Pastrana, Martín Varsavsky (fundador de Jazztel y amigo personal de Piedrahita) y representantes de las familias March, Hohenlohe, Suñer, Lladró… o Borbón. El propio Rey (entonces Príncipe) Felipe acudió a alguna de las fiestas de Piedrahita.

El colombiano también se hizo con una casa en Mallorca de 2.000 metros cuadrados y 11 habitaciones, donde llevaba a sus invitados en verano. La ostentación y convencerles de que eran sus amigos eran su forma de deslumbrar a sus clientes: «Mi trabajo era vivir mejor que cualquiera de mis clientes», llegó a decir a un amigo, según el Wall Street Journal. Además, Madoff tenía como norma que sus clientes no podían revelar que invertían con él, y así se lo decía Piedrahita. Nada mejor para que se corriera la voz en un país tan cotilla como el nuestro.

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Isabel Preysler

«¿Has invertido ya con Andrés?», era la pregunta del momento en los restaurantes chic de la capital, primero, y en los de toda España, después. Si el interpelado respondía «¿qué Andrés?», estaba perdido. No era de la elite. El inquiriente se iba tan ufano de su superioridad, y el otro movía cielo y tierra para poder invertir con Fairfield Greenwich. Y así la bola no dejaba de crecer.

¿Qué tenía Madoff? Una regularidad imposible

Emilio Botín quiso participar de este pastel e incluso creó una filial del Banco Santander exclusivamente para que los clientes VIP invirtieran en los fondos de Madoff: Optimal. Y como los patrimonios más altos querían una atención más personalizada, su hijo y su yerno también los ofrecieron a través de su boutique de banca privada, M&B. No había gran fortuna, ni mediana (casi), en España que no tuviera dinero invertido con el estafador.

Pero, ¿qué tenía Madoff que todo el mundo quería invertir con él? Aparte del aura exclusiva que le dio Piedrahita, consiguió algo que jamás se había logrado en la historia del mercado: regularidad. No ganaba un 100% en un año como muchos hedge funds que al año siguiente perdían la mitad o el 80% (como le ocurrió a Vega, el único hedge fund español, famoso por las cenas con Carlos Arenillas; pero esa es otra historia). Ganaba un 10%-12% anual, pero TODOS LOS AÑOS. No perdía nunca. Su gráfico de rentabilidad tenía una pendiente perfecta de 45 grados. Lo nunca visto.

Como dicen los anglosajones, cuando algo es demasiado bueno para ser verdad, es que no es verdad. Y efectivamente, lo de Madoff no lo era. Era un fraude piramidal, lo que se conoce como esquema Ponzi, en el que la rentabilidad de los inversores más antiguos se paga con las aportaciones de los nuevos entrantes. Por eso necesitaba captar constantemente dinero nuevo, o la rueda dejaría de girar y se descubriría el pastel. En realidad, no invertía nada en mercado, era todo un trampantojo. Sus oficinas en Nueva York tenían un piso de arriba donde se hacía la «magia» para lograr esa regularidad, y que estaba vacío.

Emilio Botín se dio cuenta, pero demasiado tarde

El pastel acabó descubriéndose el 13 de diciembre de 2008. Pero antes empezaron a correr los rumores y las habladurías. Emilio Botín, el mayor zorro de la historia de la banca española, se olió la tostada y mandó a Nueva York directamente a Rodrigo Echenique, su hombre de absoluta confianza que desfacía los peores entuertos del Santander.

9 septiembre
Emilio Botín

Echenique planteó a Madoff que quería sacar los 2.300 millones que Optimal había invertido en su fondo, ante lo que el gurú norteamericano montó en cólera y amenazó directamente al representante del Santander: «Aquí el que se va no vuelve», le espetó. La reunión terminó ahí y, a su regreso a Madrid, Echenique elaboró un informe demoledor en el que recomendaba al banco salir de allí cuanto antes. No dio tiempo, puesto menos de un mes después Madoff se entregaba al FBI y reconocía que su gestora era en realidad una estafa piramidal cuyo volumen superaba los 50.000 millones de dólares.

Cuando se vio que el rey estaba desnudo, llegaron las reclamaciones. Piedrahita juró y perjuró que no lo sabía y que él era el primer estafado. Botín fue más pragmático y ofreció a los clientes pillados unas preferentes (bonos a 30 años con un interés del 2%) como compensación, fórmula que utilizaría posteriormente con los perjudicados por el fondo Banif Inmobiliario y por la resolución de Banco Popular.

Para los clientes institucionales, Santander organizó una subasta en Bahamas (como todos los hedge funds, su domicilio fiscal estaba en un paraíso) en 2014, en la que pudieron vender sus participaciones en los fondos de Madoff y recuperar en torno a un 30% de su dinero. Algo que no le libró de una class action en EEUU y de una condena en el Supremo español frente un partícipe que no aceptó las compensaciones.

Los que invirtieron directamente con Fairfield Greenwich o M&B tuvieron que acudir a la Justicia estadounidense, que logró recuperar un porcentaje elevado de las inversiones: el 70% del dinero real que habían metido los clientes, 19.000 millones de dólares, muy lejos de los 65.000 ficticios que aparecían en los balances. Pero tuvieron que asumir una pérdida. Y es que, en España, si no has perdido dinero con Madoff, no eres nadie.

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