SpaceX multiplica sus pérdidas un 700% y aun así Wall Street quiere la mayor OPV de la historia
El debut en bolsa de SpaceX está un paso más cerca de completarse incluso tras multiplicar sus pérdidas trimestrales por ocho
La inminente salida a bolsa de SpaceX amenaza con convertirse en la mayor OPV de la historia con una valoración cercana a los 2 billones de dólares, pero lo hace en medio de una contradicción que desconcierta incluso a parte del mercado. La compañía tiene previsto realizar una gira de presentación a inversores el 4 de junio, fijar el precio de las acciones el 11 de junio y cotizar en el Nasdaq bajo el símbolo SPCX el 12 de junio.
SpaceX apunta a recaudar unos 75.000 millones de dólares en su salida a bolsa, valorando la compañía en cerca de 1,75 billones de dólares. Paralelamente, la compañía acaba de multiplicar sus pérdidas trimestrales por ocho, más de un 700%, en apenas un año.
SpaceX perdió 4.276 millones de dólares en el primer trimestre de 2026, frente a los 528 millones registrados en el mismo periodo del año anterior, mientras dispara su gasto en IA, satélites y Starship.
Pérdidas de 5.000 millones
En el conjunto de 2025, SpaceX registró pérdidas de 4.937 millones de dólares (4.252 millones de euros), en contraste con las ganancias de 791 millones de dólares (681 millones de euros) de 2024.
Lo que nadie se explica es cómo puede sostenerse una valoración cercana a los dos billones de dólares cuando la compañía acaba de presentar unas pérdidas históricas de semejante magnitud. Estas pérdidas se remontan a ajustes contables relacionados con la adquisición de xAI, la empresa de inteligencia artificial de Elon Musk, por parte de SpaceX.
Los analistas ven posible que algunas pérdidas relacionadas con la IA compleja no se revelen por completo en la documentación para inversores de cara a la próxima salida a bolsa.
La principal preocupación es lo que los analistas denominan el «riesgo del conglomerado Musk». Los accionistas de Tesla ya han experimentado la volatilidad que supone que Musk divida su atención entre SpaceX, xAI, su red social X, Neuralink y The Boring Company.
Los inversores en la salida a bolsa de SpaceX no solo estarían adquiriendo una empresa de cohetes, sino también una exposición a las decisiones financieras que Musk toma en toda su cartera.
El hecho de que las pérdidas relacionadas con la IA complementaria no sean del todo transparentes en la documentación de la OPV añade más interrogantes a la operación.
Goldman Sachs lidera la salida
Pese a ello, bancos e inversores mantienen intacta la euforia alrededor de la operación y se preparan para respaldar una de las salidas a bolsa más ambiciosas jamás vistas. Morgan Stanley y Goldman Sachs liderarán la oferta pública inicial.
Bank of America, Citigroup y JPMorgan también desempeñarán papeles importantes. Se espera que otros 16 bancos tengan una participación menor en los canales institucionales, minoristas e internacionales.
También SpaceX dará a conocer la lista de sus principales accionistas, entre los que se incluyen el propio Musk y Google, de Alphabet Inc.; entre sus inversores también figuran Valor Equity Partners, Sequoia y Andreessen Horowitz.
El contraste entre unas cuentas históricamente en rojo y una valoración récord vuelve a poner sobre la mesa hasta qué punto el “efecto Musk” pesa hoy más que los fundamentales financieros tradicionales.
37 billones de pérdidas en 24 años
Y es que las pérdidas récord presentadas ahora no son un episodio aislado ni un simple bache previo a la OPV. Según los datos conocidos hasta la fecha, SpaceX ha acumulado cerca de 37.000 millones de dólares en pérdidas a lo largo de sus 24 años de historia.
Esta cifra supera incluso las pérdidas combinadas que tuvieron que reconocer las diez mayores tecnológicas que debutaron en bolsa en números rojos.
Además, Franco Macchiavelli, analista de mercados, señala un detalle que no conviene pasar por alto. Hasta ahora, SpaceX jamás había publicado sus cuentas auditadas. Es decir, la empresa que aspira a ser la más cara de la historia nunca había enseñado sus deberes.
Con todo, el problema sigue siendo el precio; a 1,75 billones de dólares, SpaceX cotizaría a aproximadamente 110 veces sus ventas anuales.
Para que esa valoración tuviese alguna lógica, habría que asumir que, de forma simultánea, Starship se convierte en transporte comercial masivo, los centros de datos orbitales alimentados por energía solar reemplazan a los terrestres y el turismo espacial escala hasta el punto de convertir Marte en un negocio tangible.
Por todo ello, los expertos invitan a la cautela. Sus promesas son públicas y verificables, y los datos lo confirman. Se anunciaron cuatro fechas de llegada a Marte y ninguna se cumplió; el año pasado se preveían 25 vuelos de Starship y solo se realizaron cinco. Nada de esto invalida el proyecto, pero obliga a aplicar un descuento razonable a todo lo que aún tenga tinte de promesa.
Wall Street mantiene su compra
Existe además una dimensión técnica que conviene entender, porque tendrá una influencia decisiva no solo en la cotización, sino en los propios índices.
En cuestión de pocas semanas, cuatro de los organismos más influyentes del mundo financiero, el Nasdaq, el S&P 500, el FTSE Russell y el CRSP, han modificado sus reglas de inclusión para permitir que empresas como SpaceX entren en sus índices de forma casi inmediata tras salir a bolsa. Algo sin precedentes.
Y esto no es una cuestión menor, ya que los fondos indexados, donde la gran mayoría de los ahorradores tiene su dinero, estarían obligados a comprar cualquier empresa incluida en el índice, sin análisis previo, sin negociación y al precio que sea.
Los más de 500.000 millones de dólares que replican el Nasdaq a través de fondos pasivos entrarían de golpe en SpaceX con compras masivas y automáticas el mismo mes de su debut.
El problema añadido es que SpaceX planea poner en circulación entre el 5 y el 10% de sus acciones, un free float muy reducido. La combinación de demanda obligatoria y oferta escasa haría que el precio no lo fijase el mercado, sino la escasez.
Cuando el periodo de lock-up de 180 días venza en diciembre, el Nasdaq realizará casualmente su rebalanceo trimestral. Si el porcentaje de acciones en circulación supera el 20%, el índice recalcularía al alza el peso de SpaceX y los fondos estarían obligados a volver a comprar.
Eso significa que los grandes accionistas, que controlan entre el 90 y el 95% de las acciones y que hasta ese momento no podían vender, podrían colocar sus participaciones a fondos que no tendrían capacidad de negarse.
Riesgos de ser una empresa familiar
Además, que Elon Musk mantenga el control prácticamente absoluto del poder de voto tras la OPV lo convierte en un riesgo de gobernanza para los inversores institucionales.
Primero, porque Musk tiene unos incentivos muy altos en que la compañía vaya bien, porque de lo contrario se enfrenta a una caída de su propio patrimonio.
Y segundo, que el resto de accionistas están a merced de Musk y, si su estrategia es la incorrecta y no están de acuerdo, la única solución es vender sus acciones, porque con tal poder de voto es imposible tener influencia.
En definitiva, «la inversión en SpaceX no es solo una inversión en el negocio, sino también en el liderazgo de Musk», añade Javier Cabrera, analista de mercados.