Codorniú rechazó la primera oferta del fondo americano Carlyle

Codorníu
Mar Raventós y Javier Pagés, presidenta y CEO de Codorníu, respectivamente

El Grupo Codorniú, que ha afirmado estudiar la entrada de un socio minoritario externo en su accionariado para dar salida a algunos de sus accionistas, ya rechazó una primera oferta del fondo de inversión Carlyle. Los estadounidenses proponían a la catalana una entrada por todo lo alto y controlar la mayor parte del capital. Tras la primera negativa de los Raventós, las negociaciones entre ambas partes siguen adelante.

La centenaria Codorniú tiene en su haber 216 accionistas, todos ellos miembros de la numerosa familia Raventós. Según fuentes de la compañía, algunos de ellos quieren deshacerse de sus acciones, no por malestar con la gestión de la actual cúpula, sino porque quieren emprender nuevos proyectos profesionales.

La bodega atraviesa una etapa de reorganización y, según ha señalado, está barajando la posibilidad de incorporar a su accionariado un nuevo socio minoritario externo para reforzar su plan estratégico.

Codorniú está actualmente en negociaciones con el fondo Carlyle para venderle un paquete de acciones minoritario. Sin embargo, según confirma a OKDIARIO la compañía, la primera oferta de los americanos puesta sobre la mesa era para tomar el control mayoritario de la sociedad bodeguera.

Una opción que se rechazó de inmediato, pues argumentan desde Codorniú que, efectivamente, están estudiando la oferta de Carlyle, pero no están buscando un inversor que controle la compañía.

Además, desde Codorniú sacan pecho por los números que esperan tener a cierre de ejercicio fiscal en el mes de junio. Según datos de la compañía, esperan un ebitda de entre 26 y 30 millones de euros, así como un beneficio operativo de alrededor de 11 millones de euros. Un resultado, según ha informado la empresa catalana, que estaría en línea con los objetivos previstos en el plan estratégico.

El grupo posee 10 bodegas en las denominaciones de origen como por ejemplo Bodegas Bilbaínas en La Rioja, Codorníu en Cava, Scala Dei en Priorat, Legaris en Ribera del Duero, Raimat en Costers del Segre, Abadia de Poblet en Conca de Barberà, Artesa en Napa Valley (California), y Septima en Mendoza (Argentina). La sede social, por su parte, fue trasladada a la localidad riojana de Haro tras la Declaración Unilateral de Independencia en el Parlamento de Cataluña.

A finales de este 2018 la presidenta, Mar Raventós, abandonará la primera línea de gestión -lleva en el sillón de mando desde 1998- y centralizará el poder en Javier Pagés Font, CEO de Codorniú. Señalan también desde la empresa, que el acuerdo familiar resultante tras barajar la entrada de Carlyle ayudará a perseverar en los cambios que se están llevando a cabo en su gobierno corporativo con la incorporación de un nuevo director general y un consejo asesor orientado al negocio y la estrategia, formado por externos independientes.

En definitiva, Codorniú abre las puertas a la entrada de un nuevo inversor que, por primera vez en cinco siglos de historia, no lleva en su heráldica el apellido Raventós.

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