Julián Álvarez pica de nuevo y rescata al Atlético en Oviedo
El argentino rescata a su equipo en la última jugada con el único disparo a puerta de los rojiblancos en todo el partido
Ya miran al duelo copero contra el Barcelona en el que se juegan el billete a la final
Había fantasmas que exorcizar en Oviedo El Carlos Tartiere, pese a que sea el segundo estadio de la Liga del que más puntos sacan los visitantes, es una pesadilla para el Atlético. Es el lugar del crimen, donde se certificó la defunción a Segunda División en el año 2000. Desde entonces no había regresado el Atlético en Liga. Lo hizo con un ejercicio que recordó al de antaño, carente de chispa, de juego y casi triunfo. Demasiadas carencias para un Atlético atascado y de entreguerras que venía de la Champions, va a la Copa y por el camino se encontró una Liga que estas alturas les sobra más que aporta. Los de Simeone firmaron un insulso partido que rescató Julián Álvarez en el último minuto y en el único disparo a puerta de los rojiblancos.
Mostró su cara B, como lleva haciendo esta temporada cada vez que juega lejos del Metropolitano. Es un mal endémico. No importó que enfrente estuviera el colista del campeonato. El Oviedo, con sus limitaciones, tenía más claro cómo amarrar un empate. Sólido y esforzado logró un empate con el que ninguno de sus rivales contaban. Desde que Diego Simeone entrena al Atlético no existe entrenador alguno en las cinco grandes ligas europeas que haya empatado a cero más partidos en todas las competiciones que el argentino (56). Y todo parecía ir por esa carretera hasta Julián Álvarez encontró la salida.
Simeone a buen seguro que se marchó de Oviedo con más certezas que dudas de cara al once titular que se jugará en tres días el billete a la final de Copa. Los menos habituales no aprovecharon la oportunidad para dar el paso y llenarse méritos para vestirse de corto en el Camp Nou. Al Atlético no le sientan bien las rotaciones. Entre ellas figuró Julio Díaz, canterano y debutante en esto de la Liga, aunque conocedor de lo que hay que hacer vestido de rojiblanco para repetir en más alineaciones. No escatimar un solo esfuerzo. Suya fue la fe para no dar por perdido el balón, tras hora y media de carreras, y originar la jugada que desembocó en el gol sobre la bocina de Julián.
No se esperaba que Julio completara el partido y tampoco que el despertar de Julián sería este sábado después de más de tres meses sin marcar en Liga. No se esperaba ni lo uno ni lo otro y todo sucedió. El desenlace fue sonriente, pero el nudo insípido. Como un pan sin sal en plena comida de domingo. Juego trompicado, carente de claridad y atascado en el centro. Y eso que el Atlético inició con Cardoso y Mendoza, artistas con el balón. Pero hubo más errores que aciertos. Una pérdida sirvió el gol a Fede Viñas, pero se lo negó Oblak. No es Viñas tampoco el más letal. Necesita un caudaloso río de ocasiones para anotar.
La apatía obligó a Simeone a sacar a los de siempre. Entraron Julián, Griezmann, Llorente, Giuliano y Koke. El Atlético elevó sus líneas, pero no creaba peligro. El Oviedo tampoco demasiado, aunque sí obligaba a Oblak a ejercitarse. Los carbayones tenían más fe que argumentos futbolísticos. Y al final, con poco que apretaron los rojiblancos, vieron la luz. De hecho, fue en el único disparo a puerta del Atlético. Trámite atragantado y superado. El martes tendrán media temporada en juego ante el Barcelona. Por Oviedo siguen pasando fantasmas.