CEDIÓ EN SEMIFINALES DEL US OPEN (4-6, 7-5, 6-3 y 6-4)

El gigante Anderson despierta a Carreño de su sueño americano

Pablo Carreñp
Pablo Carreño, en un lance de su partido frente a Anderson. (AFP)

No pudo ser. Después de cinco partidos para enmarcar, Kevin Anderson despertó a Pablo Carreño de su sueño americano a base de golpazos. El sudafricano se clasificó para la final del US Open tras remontar al asturiano (4-6, 7-5, 6-3 y 6-4) en un encuentro que cambió tras una doble falta de Carreño en el segundo set, perdiendo la confianza que le ha alzado hasta las puertas del Top 10. Hoy fue superado, pero Pablo sigue escribiendo pequeñas páginas para la historia del tenis nacional, en busca de un éxito que si sigue trabajando, acabará por llegar.

Como si hubiera jugado muchas veces un segundo viernes de Grand Slam, Pablo saltó a la Artur Ashe y de inmediato se puso a hacer su juego frente a Anderson. Así de sencillo y así de difícil en los encuentros grandes. Puro Carreño. El encuentro comenzaba siendo favorable al español, pero su rival le iba a hacer sudar desde el comienzo.

Los juegos pasaron sin demasiado intercambio por el exceso atacante de Anderson, un gigante de 2’03 que no estaría donde está si no fuera a base de bombas. Cada uno iba ganando su saque sin mayores complicaciones hasta que el gigante sudafricano, ya con 3-3 en el luminoso, marró un segundo saque para darle una ventaja mínima a Carreño. Hablábamos de Kevin como un auténtico bombardero, pero la principal cualidad de Pablo es la de aguantar el acoso de sus rivales y penar cualquier pequeño fallo. La doble falta se convirtió en una rotura de servicio en un abrir y cerrar de ojos.

La inseguridad se apoderó a partir de entonces de Anderson, impreciso en sus golpes y ya con una desventaja notoria en el marcador. En un guión perfecto para Carreño, en el partido más importante de su vida, la templanza le dio un margen importante para cuando, con 5-4 en el luminoso e iguales con su saque, disfrazarse de sacador para lograr con dos puntos consecutivos apuntarse el primer parcial del encuentro. Carreño seguía sin perder un set en el US Open 2017.

Algo estaba cambiando. Los cuatro anteriores sets que habían jugado ambos contendientes se habían decantado del lado de Anderson, y Pablo, en el día D, había demostrado comenzar más preparado. Para un sacador, sentir que su saque es franqueable les otorga una sensación de inseguridad de las que cuesta partidos y Kevin, consciente de lo que estaba ocurriendo, subió una marcha al servicio para compensar la confianza de Carreño.

Pablo seguía a lo suyo, pero la constatable subida de nivel de su rival le obligaba a buscar más cosas que defenderse y esperando el error. Anderson avisó con un break que podría ser definitivo en el segundo set, pero estamos hablando de un choque contra Pablo, la roca de Gijón, que no dejó pasar ni un juego para, con tres passing shots de manual, devolver la normalidad al marcador.

Una doble falta fatídica

La diestra de Anderson amenazaba ante cualquier resquicio, pero Carreño, en cada situación de peligro, sacaba su saque para solucionar los problemas. Así fue hasta que, con 6-5 favorable al sudafricano, Pablo repitió el error que le costó la primera manga a su contrincante. Una doble falta volvía a condenar. El marcador pasaba a firmar tablas, y la mentalidad del español había cambiado hasta pasar de verse como un gigante a sufrir en las garras del que tenía enfrente.

Tras un juego salvado de puro milagro, la siguiente ronda de servicios condenó a Pablo a verse por primera vez por detrás en el marcador. Una nueva doble le impedía competir con Anderson, que subía su nivel al oler la sangre de su rival. Carreño mejoró su juego minutos después de asimilar la nueva situación, pero el sudafricano estaba demasiado fuerte al saque y con su vigésimo ace ponía el sello a la tercera manga.

El cuarto parcial, para desgracia de los cientos de miles de españoles que se agolparon ante el televisor, siguió el mismo discurso que el de su predecesor. Anderson subió más si cabe su nivel hasta rozar la perfección en los golpes y Carreño, todo pundonor, apenas pudo aguantar los intercambios, sin ninguna opción al saque. Un fallo de concentración volvió a suponer un break favorable al gigante, que a partir de ahí se escudó en sus bombas para confirmar el billete a su primera final de Grand Slam.

 

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