Canguelo en Barcelona, manden los dodotis

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Gerard Piqué, desolado tras perder ante el Valencia. (AFP)

Sí, sí, sí, el canguelo ya está aquí. Como las alergias, las flores o la Feria de abril, el canguelo aparece en Barcelona por primavera. Se dispara el cagómetro, que dice mi maestro y amigo Tomás Guasch. Los culés circulan por Las Ramblas con el trasero apretadito, prieto el esfínter, que no les cabe ni el bigote de una gamba.

Tenían la Liga ganada hace un mes, pero han decidido tirarla por la borda como Shakira su carrera musical. En cuanto empezaron a sentir en el cogote el aliento del Real Madrid –y del Atleti, que anda por ahí de tapado– a los jugadores del Barcelona se les nubló la vista, se les desvió el periscopio y les entraron los siete males.

Ese sentimiento pesimista de la vida es algo muy culé y muy catalán. Cuando las cosas van bien, un catalán que se precie siempre espera que se tuerzan. Y en la Liga se han torcido más que la escritura de un loco. El Barcelona está sufriendo un ictus futbolístico que paraliza a jugadores cuyo talento está fuera de toda duda. Messi, Neymar y Luis Suárez ya no parecen una delantera como la de Ana Simón, sino más bien tres tuercebotas.

Ahora, con el canguelo en fase de ebullición, la culerada se teme lo peor. El triplete ya se ha ido por el retrete. Sin Champions, el Barcelona amenaza con regalar una Liga que tenía en el bolsillo, lo cual sería digno de ser estudiado no ya por Míster Chip, sino por el mismísimo Iker Jiménez.

Puede que el Barcelona acabe ganando esta Liga, eso es incuestionable, pero el mal rato que los de Luis Enrique están haciendo pasar a los culés, ese sufrimimiento, ese CANGUELO, ya no se lo quita nadie.

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