España se impone a Argentina (75-95) y conquista su segundo Mundial

¡Campeones del mundo!

La selección española se proclamó, por segunda vez en su historia, campeona del mundo de baloncesto después de derrotar a Argentina en una final histórica en la que demostraron su superioridad para regresar a la cima del basket mundial.

¡Campeones del mundo!

La historia del deporte español tiene un nuevo capítulo entre los destacados de sus memorias. 4.760 días después de saborear por primera vez la gloria en Japón, España volvió a saborear las mieles del triunfo en la final de un Mundial y al igual que sucedió en Saitama, lo hizo asombrando al planeta al alcanzar el sobresaliente en el momento clave. La selección española se impuso a Argentina (95-75) en una final majestuosa, perfectamente llevada por el ejército de soldados de Sergio Scariolo, un combinado reunido para ponerse al servicio de un equipo en el que no se conocen líderes ni estrellas colocadas por encima del único fin: la victoria.

Un clinic de baloncesto, una función histórica para el equipo que ha dejado para siempre de ser sólo una generación de oro para convertirse en leyenda. Saitama abrió la veda de grandeza de un equipo cuya competitividad y calidad han convertido en tradición su presencia en la lucha por las medallas en las grandes citas y Pekín, con el Wukesong Sport Arena como escenario, ha ratificado al país que, dejando a Estados Unidos a un lado, permanece consolidado como la referencia mundial del deporte de la canasta.

Las cabezas de millones de españoles permanecían inundadas por un pensamiento, todavía irreal, que tenía a España como protagonista de una nueva victoria histórica en la final de un Mundial. 13 años después de lo sucedido en Japón, la selección regresaba a la final de un campeonato del mundo con visos de convertirse en la dominadora del planeta ante un rival cuya admirable intensidad no le alcanzaba para convertirse en favorita. Argentina asustaba por su carácter, pero no tanto por sus nombres, que más allá de Campazzo y Scola no podían competir de tú a tú con un combinado que cuenta con los Gasol, Ricky, Rudy o Llull entre sus elegidos.

España necesitaba salir enchufada desde el primer momento para confirmar su favoritismo desde el parqué, y un parcial de 2-14 autorizaba el sueño del segundo Mundial para la selección. La decisión de Scariolo de alinear de inicio a Oriola en lugar de Claver resultaba –una vez más– ganadora para los españoles y Marc y Rudy se encargaban de liderar a un equipo cuyo acierto desconcertó a Argentina. La reacción llegaba, pero el desacierto en porcentajes y decisiones de los jugadores de la albiceleste impedía que pudieran acercarse al liderato en un marcador copado por una España cercana a su mejor versión.

El segundo cuarto marchó por los mismos derroteros, con una España netamente superior a su rival en sus momentos de inspiración, premiados con parciales que permitían distanciarse en el marcador. La intensidad de Rudy y Claver, la dirección de Ricky o la destreza de Willy en el poste desesperaban a una Argentina cuyos líderes permanecían, obligados por el excelso nivel defensivo de la selección, absolutamente desconectados del partido. La llegada del descanso podía verse como algo positivo para los sudamericanos, aunque los españoles, frenados por el necesario parón, podían presumir de una ventaja de doce puntos que, a 20 minutos del final del campeonato, les colocaba más cerca que nunca del oro.

Se esperaba un cambio de estrategia de Argentina, posiblemente basado en la intensidad y el desparpajo como claras señas de identidad, pero la concentración de Scariolo y los suyos convirtió en inerte cualquier intento de repunte de los argentinos. Marc y Willy hacían pasar todos los balones por sus manos en el poste alto y a partir de ahí, tejiendo con paciencia y puntualidad, España construía con firmeza una ventaja dorada para vivir todo lo tranquilo que se puede en la final de un Mundial.

El mundo a los pies de España

Siempre por encima de los diez puntos, España llegó al último cuarto nerviosa por dentro pero con el saber estar del ganador instalado en las muñecas y las piernas de cada uno de los integrantes de la rotación. Un triple de Juancho, un tapón de Marc o una entrada de Llull. Las increíbles actuaciones de los españoles permitían ver el final del túnel para tocar la gloria con la punta de los dedos. Argentina había reaccionado para mostrar su verdadero nivel en el partido, pero España seguía jugando un baloncesto bárbaro que debía alargar, si no quería sobresaltos, hasta el último segundo de partido.

Argentina se estaba dejando la vida, al límite del reglamento y con el corazón como único conductor de su juego. El admirable carácter de los jugadores de la albiceleste provocó cierto descontrol en el seno del equipo español, pero la experiencia de unos jugadores con cientos de partidos importantes a sus espaldas parecía suficiente argumento para seguir con la carta ganadora bajo el brazo. Y vaya si lo fue

El sistema lo ponía España sin temblar lo más mínimo en el terremoto en que se había convertido el encuentro por instancia de Argentina. Esa calma en la tempestad fue, más allá de la circulación de balón o el cierre de la zona, la clave primordial de un partido que fue consumiendo sus minutos hasta desatar la euforia en un país que vuelve a salir a la calle para celebrar una gesta histórica de su equipo nacional de baloncesto. Los abrazos y las lágrimas de los jugadores están más que justificadas. España es, por segunda vez en su historia, CAMPEONA DEL MUNDO.

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