Emociones

Los psicólogos coinciden: las personas que posponen constantemente sus decisiones no son metódicas, sino que pueden tener una autoestima frágil

Imagen generada por IA.
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Carmen Ruiz
  • Carmen Ruiz
  • Carmen Ruiz Rodríguez (Madrid, 2005) es estudiante de periodismo en la Universidad Complutense de Madrid (UCM) desde el año 2023. Es especialista en periodismo de SEO y en información de actualidad. Con experiencia en comunicación empresarial y radio.

El sencillo gesto de mirar hacia otro lado, ignorar lo que sucede o posponer una actividad para más tarde son comportamientos cotidianos que realizan numerosos seres humanos. La psicología confirma que las personas que se toman un tiempo para pensar antes de elegir no se traduce como algo negativo, aunque si esa decisión se convierte en una conducta habitual puede llegar a perjudicar a un individuo. Este patrón se relaciona con factores como el miedo a equivocarse, perfeccionismo y la autoestima vulnerable.

¿Qué es la procastinación decisional?

La psicología habla sobre la denominada procastinación decisional para definir este tipo de conductas. Un fenómeno que aparece cuando una persona aplaza una decisión, es decir, en lugar de actuar y encontrar la mejor opción se produce un aumento de la incertidumbre.

Al mismo tiempo, la autoestima y la procastinación van cogidas de la mano y de esa forma son estudiadas. Alguns estudios confirman que una mayor autoestima se relaciona con una menor tendencia a retrasar decisiones y los investigadores insisten en que la relación es compleja y requiere de más estudios.

El caso del perfeccionismo

Los estudios aseguran que el perfeccionismo se ha convertido en un elemento importante y querer tomar siempre la decisión correcta genera miedo al error y hacer que cualquier alternativa parezca insuficiente. A esto se suma que cuanto mayor es la necesidad de acertar, más difícil resulta dar el paso.

Los expertos opinan

Los expertos advierten que posponer una decisión no es el resultado de tener una autoestima baja, sino que la espera para reunir información, comparar opciones o valorar las consecuencias funcionan como una estrategia razonable.

El problema llega cuando el retraso se repite y afecta al bienestar. Por lo tanto, cuando ese aplazamiento está acompañado por el miedo intenso a equivocarse o fallar, puede ser útil analizar qué hay detrás de esa conducta. La procrastinación no tiene una causa específica y se debe entender como una circunstancia que depende del individuo.

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