María Lourdes, experta en limpieza, sobre cómo lavar la ropa y dejar como nueva: «No lo hagas con agua caliente»

Lavar la ropa parece la tarea más sencilla del mundo: sólo tenemos que meter las prendas en el tambor, programar un ciclo de lavado y, una vez finalice, tender. Sin embargo, si realmente queremos cuidar la ropa y alargar su vida útil, hay tejidos que requieren un cuidado muchísimo más delicado, como el lino o la seda. En este contexto, la la experta en limpieza María Lourdes, cuyo perfil en Instagram @uvasycolor, ha compartido con sus seguidores cómo lavar la ropa a mano y dejarla como nueva.
Según ella, buena parte de los errores que cometemos se deben al desconocimiento. Hemos crecido creyendo que podemos lavar todo tipo de prendas en la lavadora, así que nunca nos hemos interesado en conocer el proceso para hacerlo a mano. Por este motivo, hay algunos fallos que se cometen con frecuencia, como utilizar agua caliente, que puede dañar las fibras de los tejidos delicados.
¿Cómo lavar la ropa a mano? Una experta lo explica
En primer lugar, es fundamental escoger el tamaño del recipiente adecuado. La ropa necesita espacio suficiente para moverse y empaparse de agua y detergente, y si el recipiente es demasiado pequeño no va a poder hacerlo. La experta recomienda utilizar un barreño lo bastante amplio para que las prendas queden completamente sumergidas. Esto facilita el lavado, al tiempo que evita las arrugas y cuida las prendas.
Sin lugar a dudas, el error más común según Lourdes es lavar con agua caliente, creyendo que los resultados van a ser mejores que si se hace con agua fría. Si bien es cierto que el calor es útil en tejidos resistentes, en prendas delicadas puede hacer que se decoloren o encojan. En este caso, la solución es muy simple: utilizar siempre agua fría. La experta señala que la clave para que la ropa quede como nueva no es la temperatura del agua, sino el cuidado durante el lavado.
Por otro lado, tendemos a pensar que todos los detergentes son adecuados para lavar a mano, pero nada más lejos de la realidad. Algunos contienen químicos demasiado agresivos que pueden dañar las fibras, alterar los colores y provocar irritaciones en la piel. Asimismo, utilizar demasiado producto tampoco va a hacer que las prendas queden más limpias. Lo ideal es utilizar detergentes específicos para ropa delicada, preferiblemente con propiedades acondicionadoras para no tener que usar suavizante.
El lavado a mano debe ser delicado, de manera que frotar con fuerza para eliminar las manchas o retorcer la prenda para escurrir el agua puede romper las fibras, deformar el tejido y dejar marcas. Todo el proceso debe realizarse con movimientos suaves, presionando las prendas ligeramente contra el agua. Luego, conviene dejarlas en remojo 15 minutos y, finalmente, enjuagar con agua fría presionando sin retorcer. Es la mejor forma para que la suciedad se desprenda de manera natural.
Una vez lavada la prenda, llega el momento del secado. Colar prendas delicadas mojadas con pinzas puede deformarlas, dejar marcas o estirarlas por el peso del agua. En este caso, Lourdes tiene una solución tan sencilla como efectiva: extender una toalla limpia en una superficie plana, como una mesa, y colocar la ropa sobre ella. De esta forma, mantiene su forma, se seca uniformemente y se evitan arrugas o desgaste excesivo.
El mejor detergente
Nathan Kilah, químico en la Universidad de Tasmania, ha publicado un artículo en The Conversation donde explica cómo elige él mejor detergente
La base de cualquier detergente son los tensioactivos, moléculas capaces de unirse tanto al agua como a la grasa. Gracias a esta doble afinidad, desprenden la suciedad de los tejidos y la mantienen en suspensión durante el lavado. Sin embargo, el agua dura, rica en sales de calcio y magnesio, puede reducir su eficacia, por lo que los detergentes incorporan ablandadores de agua. Algunos también incluyen blanqueadores ópticos, que reflejan luz azul y hacen que la ropa parezca más blanca.
En los detergentes en polvo, el componente mayoritario son sales como el sulfato de sodio, que aportan volumen y evitan que el producto se apelmace. Suelen contener carbonato de sodio, que ayuda a disolver la grasa, y agentes oxidantes como el percarbonato de sodio, que proporciona un efecto blanqueador suave. Su formato sólido permite mantener separados ciertos ingredientes hasta el momento del lavado.
Por su parte, los detergentes líquidos tienen como base principal el agua. Incorporan tensioactivos iónicos y no iónicos, estos últimos especialmente eficaces para eliminar grasa y evitar residuos. También necesitan conservantes para impedir el crecimiento de microorganismos. A diferencia del polvo, no contienen peróxidos, lo que puede favorecer la aparición de biofilms en la lavadora, aunque sí suelen incluir blanqueadores ópticos.
Muchos detergentes incluyen enzimas, proteínas que aceleran la eliminación de manchas concretas como grasas, proteínas o almidones. Funcionan mejor a bajas temperaturas, entre 15 y 20 °C, ya que el calor excesivo puede inactivarlas.