Los expertos en psicología coinciden: «Quienes devuelven los productos a su lugar en el supermercado no actúan siguiendo la norma, sólo respetan el orden invisible»
¿Por qué algunas personas vuelven a poner bien las cosas en los estantes del supermercado? La psicología lo explica
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Seguro que en más de una ocasión, habrás hecho la compra en el supermercado y te habrás dado cuenta por ejemplo, que ese paquete de galletas que has cogido en realidad, no te apetece tanto o has encontrado otro que te convence más. Puedes seguir haciendo la compra y al llegar a caja decirle a la cajera que no lo quieres y que ella lo aparte, pero también hay muchas personas que no dudan y cogen ese producto y lo devuelven al estante para dejarlo tal cuál estaba. Algo que no parece ser un problema, aunque según la psicología tiene que ver con el llamado comportamiento prosocial, es decir, aquellas acciones que benefician a otras personas, aunque quien las realiza no reciba nada a cambio.
La Asociación Americana de Psicología es la que habla de este concepto para referirse a conductas que favorecen el bienestar ajeno, ya sea ayudar a alguien que lo necesita hasta colaborar en tareas que facilitan la convivencia. Y en el contexto de un supermercado, si colocas de vuelta un artículo a su lugar puede encajar en esa definición ya que lo que provocas es que otra persona tenga que hacerlo después. No obstante, un gesto aislado no permite determinar la personalidad de alguien ni demostrar que sea más empático que los demás. aunque también existe otro motivo, de nuevo solidario, dado que se puede pensar que si lo ponemos nosotros donde lo habíamos cogido, ahorraremos trabajo al empleado de supermercado que lo puede encontrar en la caja o en cualquier otro lado tirado.
La psicología dice: «Quienes devuelven los productos a su lugar en el supermercado respetan el orden invisible»
Cuando entramos en un supermercado encontramos los productos clasificados, los pasillos despejados y las estanterías preparadas para que podamos localizar lo que buscamos. Pero mantener ese orden requiere trabajo. Los empleados no sólo reponen mercancía, sino que también comprueban precios, revisan existencias y recogen los artículos que algunos clientes dejan fuera de su sitio. Precisamente a ese trabajo que apenas vemos hace referencia la idea del orden invisible. No se trata de una norma escrita ni de una obligación que aparezca en un cartel, sino de reconocer que nuestras decisiones tienen consecuencias para otras personas. De este modo si volvemos a poner ese paquete de galletas en su lugar, evitamos pasar esa tarea a un empleado, aunque hacerlo le suponga perder unos minutos.
Desde la psicología social, este comportamiento también puede relacionarse con la cooperación y el respeto por los espacios compartidos. Ahora bien, las motivaciones no son siempre las mismas, ya que algunos devuelve las cosas por costumbre, quien lo hace porque le molesta verlas desordenadas y quien piensa directamente en el trabajador que tendrá que recogerlas. Por tanto, aunque el resultado sea positivo, no puede asegurarse que todos actúen por empatía. También influye la manera en la que nos comportamos cuando sabemos que nadie nos está observando. Es fácil seguir las normas cuando hay alguien pendiente de lo que hacemos, pero en un supermercado nadie suele vigilar si devolvemos un paquete de arroz a su estantería. En ese momento, la decisión depende de cada uno.
Por qué no siempre debemos devolver un producto a la estantería
Dentro de todo esto algunos productos es mejor que no los dejemos de vuelta sin más. Nos referimos por ejemplo a las bandejas de carne, a los yogures o cualquier otro producto de los que están en las neveras de los supermercados, dado que puede que haya pasado demasiado tiempo entre que lo hemos colocado en el carro y lo devolvemos a su lugar. Esto también ocurre con los congelados. Seguro que más de una vez hemos encontrado una bolsa de patatas congeladas o un helado abandonado entre productos que no tienen nada que ver. Y aunque lo primero que se nos puede ocurrir es recogerlo y llevarlo al congelador, hacerlo no siempre es buena idea. Si no sabemos cuánto tiempo lleva allí, tampoco podemos saber si ha empezado a descongelarse. Lo mejor en estos casos es avisar a un trabajador del supermercado.
Según las recomendaciones de seguridad alimentaria, muchos alimentos que necesitan refrigeración no deben pasar más de dos horas a temperatura ambiente, y menos todavía si hace mucho calor. El problema es que no siempre se nota cuándo un producto ha dejado de conservarse correctamente. Una bandeja de pollo puede tener el mismo aspecto que cuando salió de la nevera y, sin embargo, haber estado expuesta a temperaturas que favorecen el crecimiento de bacterias.
Con el resto de productos no hay tanta complicación. Si hemos cogido una lata de tomate, un paquete de galletas o una botella de aceite y después encontramos otra opción que nos convence más, podemos devolverlos al lugar donde estaban. No cuesta demasiado y evitamos que los reponedores tengan que ir recogiendo mercancía por toda la tienda. Eso sí, cuando hablamos de alimentos que necesitan frío y no sabemos si se han conservado bien, es preferible dejar que sea el personal quien se encargue.