Los chinos se pasan el juego: una familia de 100 miembros construye un edificio de 15 plantas para vivir todos juntos
Algunas noticias que vienen desde China no paran de sorprender. En esta ocasión, nos topamos con la historia de una familia de 100 integrantes en una aldea china que rompe con cualquier tendencia y forma de vivir. En lugar de optar por viviendas separadas, el clan decidió unificar recursos y levantar un único inmueble capaz de albergar a todos sus miembros.
El resultado es un edificio de 15 plantas que no responde a una promoción inmobiliaria ni a una inversión especulativa, sino a una estrategia colectiva para mantener la convivencia. Esta numerosa familia apostó así por crecer en vertical para evitar que la migración laboral y el paso del tiempo fragmentaran sus vínculos.
Todos juntos: la historia de la familia china de 100 miembros que construyó un edificio para convivir
La iniciativa surgió hace casi una década, cuando varios núcleos del clan Zhou, residentes en la aldea de Zhuyuan, en la zona de Quanzhou, se plantearon demoler sus antiguas casas.
En un primer momento, cada unidad familiar pensó en construir su propia vivienda independiente. Sin embargo, el terreno disponible y los derechos de uso de suelo no permitían levantar tantas casas como se pretendía.
Fue entonces cuando tomó forma una alternativa distinta: solicitar a las autoridades locales varios cientos de metros cuadrados para edificar un bloque común. La propuesta fue aceptada y dio paso a un proyecto compartido que acabaría convirtiéndose en la residencia permanente y simbólica de esta familia de 100.
En lugar de dispersarse, los distintos miembros optaron por un modelo híbrido: apartamentos privados dentro de una misma estructura. Así, cada hogar mantiene su autonomía diaria, pero la cercanía física facilita el contacto entre abuelos, padres, hijos y nietos.
Cómo es el edificio donde viven los Zhou, la familia china de 100 integrantes
El inmueble cuenta con 15 plantas y presenta características propias de un bloque urbano más que de una construcción rural tradicional. Entre sus elementos destacan los siguientes:
- 22 apartamentos residenciales distribuidos en las plantas superiores.
- Dos niveles subterráneos destinados a aparcamiento.
- Planta baja con espacios comunes y almacén.
- Ascensores para facilitar la movilidad entre pisos.
- Zonas compartidas para reuniones y actividades familiares.
Cada planta tiene alrededor de 200 metros cuadrados y alberga dos viviendas. Actualmente, los Zhou ocupan principalmente del segundo al duodécimo piso.
Durante celebraciones como el Año Nuevo Lunar, el edificio cambia por completo de ritmo. Los pasillos se llenan de maletas y de platos preparados en cada vivienda. El bloque actúa entonces como punto de reencuentro y refuerza su función como espacio común más allá de la residencia habitual.
Un símbolo en una aldea de casas bajas
En un entorno donde predominan construcciones de pocas alturas, la torre del clan Zhou estaca en el paisaje. Desde la distancia, el edificio se asemeja a un pequeño rascacielos plantado en medio de viviendas que no superan las seis plantas.
No se trata de un complejo comercial ni de un proyecto destinado a la venta. La construcción fue financiada por los propios miembros del clan, que reunieron capital y coordinaron la ejecución.
Según la información difundida por el portal asiático AsiaOne, el edificio obtuvo los permisos necesarios en un momento en el que la normativa local aún permitía este tipo de alturas en suelo rural. Hoy, ese mismo proyecto difícilmente recibiría autorización.
La torre se ha convertido en un referente visible de unidad familiar. Más allá del hormigón y el acero, representa una decisión colectiva frente a la tendencia dominante de migración y fragmentación doméstica.
El día a día de vivir en una vivienda compacta y el debate sobre sostenibilidad
El caso también plantea interrogantes sobre el impacto ambiental de este tipo de construcciones. El sector de la edificación concentra más de un tercio del consumo energético mundial y una proporción similar de emisiones vinculadas a la energía.
Materiales como el cemento y el acero, imprescindibles en un edificio de 15 plantas, tienen una huella de carbono elevada.
Sin embargo, concentrar a esta numerosa familia en un único bloque reduce la ocupación de suelo en comparación con la construcción de veinte casas independientes dispersas por el campo. Menor extensión urbanizada puede traducirse en más terreno agrícola conservado y menos desplazamientos para reunirse.
El modelo recuerda en parte a las fórmulas de cohousing o vivienda colaborativa que se analizan en Europa. En estos esquemas, cada hogar dispone de espacio privado, pero comparte infraestructuras y servicios. Esto puede suponer un ahorro en consumo energético por persona si se gestionan de forma eficiente ascensores, climatización y zonas comunes.
Así, la torre de Zhuyuan no solo redefine la convivencia intergeneracional en su entorno inmediato. También abre una conversación sobre cómo organizar la vida familiar en tiempos de movilidad laboral, presión sobre el suelo y necesidad de reducir emisiones.
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