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Alerta de la OCU por las patatas con brotes y raíces: lo que puede pasar si te las comes

Patatas con brotes
Janire Manzanas
  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

La patata es uno de los alimentos más consumidos del mundo por su amplio abanico de beneficios para la salud y su versatilidad en la cocina. Se puede preparar de muchísimas formas distintas, ya sea como ingrediente principal o como acompañamiento, y aporta un gran valor nutricional. Respecto a su conservación, duran de uno a dos meses en un lugar fresco, oscuro y seco. Sin embargo, la situación cambia cuando, al revisar las patatas, aparecen pequeños brotes en su superficie, algo bastante habitual cuando han estado almacenadas durante demasiado tiempo o en un lugar poco adecuado.

Lo primero y más importante es saber que las patatas no son raíces, sino tallos que crecen bajo tierra y actúan como una especie de reserva de nutrientes para la planta. Con el tiempo, cuando la planta muere, los tubérculos pueden volver a desarrollarse y dar lugar a una nueva planta si se dan las condiciones adecuadas. Por este motivo, cuando las patatas permanecen almacenadas durante un tiempo prolongado en la despensa, y bajo determinadas condiciones de luz, temperatura y humedad, es habitual que empiecen a aparecer pequeños brotes en su superficie.

¿Las patatas con brotes son peligrosas para la salud?

«La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) ha evaluado los riesgos para la salud de los glicoalcaloides en determinados alimentos que contienen solanina. tomates, berenjenas, patatas y productos derivados. Se trata de unos compuestos que están presentes en algunas hortalizas de forma natural», explica la OCU.

En el caso del tomate y la berenjena, la EFSA no ha alcanzado conclusiones definitivas debido a la falta de datos suficientes. Entre los aspectos pendientes de estudio se encuentran la concentración de glicoalcaloides en estos alimentos y sus posibles efectos adversos tanto en animales de laboratorio como en seres humanos. En relación con la patata, la EFSA tampoco ha podido evaluar de forma completa sus efectos en animales de granja o de compañía. Sin embargo, sí existe información suficiente sobre este tubérculo para analizar las posibles consecuencias de la ingesta de solanina y otros compuestos en humanos, así como para establecer ciertos niveles de riesgo.

Los expertos de la EFSA señalan que los grupos más vulnerables a alcanzar concentraciones tóxicas de glicoalcaloides son los bebés y los niños pequeños, ya que su menor peso corporal implica que, incluso sin consumir grandes cantidades de patata, podrían estar más expuestos. En cambio, los adultos tendrían que ingerir cantidades mucho mayores para llegar a niveles considerados peligrosos.

Cómo saber si están estropeadas

Uno de los primeros signos de que las patatas ya no están en buen estado es la aparición de brotes, que indican que ha comenzado su proceso natural de germinación. Otra señal importante es el color; las patatas en mal estado pueden presentar zonas verdes en la piel o incluso en la pulpa. La textura también ofrece pistas claras sobre su estado. Una patata fresca debe ser firme al tacto. Si al presionarla se nota blanda, arrugada o con zonas hundidas, es probable que esté en proceso de descomposición.

Consejos prácticos

La cantidad de glicoalcaloides presentes en una patata puede variar según la variedad, el grado de envejecimiento y las condiciones de almacenamiento. Por ejemplo, se ha observado que la piel puede contener entre tres y diez veces más glicoalcaloides que el interior del tubérculo.

Una de las principales recomendaciones de los expertos es comprar únicamente las patatas que se vayan a comer en las próximas semanas. En caso de observar en el punto de venta zonas verdosas o presencia de brotes, es preferible no adquirirlas, ya que en puede concentrarse una mayor cantidad de solanina en las mismas.

Una vez en casa, deben almacenarse en un lugar seco, fresco, bien ventilado y protegido de la luz, evitando la nevera, ya que el frío favorece la transformación de almidones en azúcares. A la hora de cocinarlas, el hecho de pelar las patatas puede reducir el contenido en glicoalcaloides entre un 25% y un 75%, especialmente si se eliminan zonas verdes o brotes, retirando incluso parte de la pulpa alrededor en caso de germinación.

Finalmente, la Fundación Española de Nutrición (FEN) recuerda que «en la composición de la patata destaca su contenido en hidratos de carbono, principalmente en forma de almidón, junto con pequeñas cantidades de glucosa, fructosa y sacarosa. El hecho de ser uno de los vegetales con mayor proporción de almidón explica su valor energético, situado en torno a 88 kcal por cada 100 g de patata. La fibra está presente, aunque en cantidades moderadas. También es una fuente de vitamina C, aunque parte de esta puede perderse durante los procesos de cocción.Además, la patata aporta vitamina B6, que puede cubrir alrededor del 21 % de las ingestas  recomendadas para este mismo grupo de población. En cuanto a minerales, destaca su contenido en potasio, un nutriente que contribuye al funcionamiento normal del sistema nervioso y de los músculos. Por último, la patata contiene distintos carotenoides».

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