Gran impacto en la geología: bajo España y Portugal existe mucha más actividad tectónica de lo que se pensaba
La comprensión de la actividad tectónica en la península ibérica ha estado marcada durante años por la idea de estabilidad relativa. Lejos de los grandes límites de placa, el territorio parecía ajeno a los procesos que explican terremotos y deformaciones en otras regiones del planeta.
Sin embargo, el avance de las técnicas de análisis geofísico ha permitido observar con mayor precisión qué ocurre bajo la superficie. Ahora, la actividad tectónica emerge como un factor persistente, distribuido de forma desigual y condicionado por una compleja herencia geológica que sigue influyendo en España y Portugal.
Una actividad tectónica más compleja de lo que se creía: ¿Qué ocurre bajo la tierra de España y Portugal?
La península ibérica suele percibirse como una región geológicamente estable, especialmente si se compara con zonas de alta sismicidad del planeta. Sin embargo, una nueva investigación acaba de poner en duda esa idea.
El estudio, publicado en la revista Gondwana Research, demuestra que bajo España y Portugal actúan procesos tectónicos complejos que siguen moldeando lentamente el territorio. Aquí, los geólogos analizaron cómo la convergencia entre las placas de África y Eurasia, activa desde la orogenia alpina, ha dejado una huella profunda en la estructura peninsular.
La actividad tectónica no se manifiesta de forma uniforme: algunas zonas absorben las tensiones acumuladas, mientras otras las transmiten de manera directa, generando un comportamiento fragmentado del subsuelo.
La frontera Atlántico-Mediterráneo y su papel tectónico
Uno de los focos principales del trabajo es la franja donde confluyen el océano Atlántico y el mar Mediterráneo, considerada una de las regiones tectónicamente más complejas de Europa occidental.
En este espacio interactúan restos de la antigua microplaca ibérica y el dominio de Alborán, formados por combinaciones de corteza continental y oceánica de distintas edades.
Esta diversidad estructural explica por qué la actividad tectónica no se reparte de manera homogénea. Algunas áreas responden de forma más rígida a la compresión regional, mientras que otras canalizan las tensiones a través de estructuras profundas y más frágiles.
Para entender este comportamiento, los investigadores combinaron registros sísmicos con mediciones de desplazamiento del terreno obtenidas mediante sistemas GNSS de alta precisión.
Así son los cuatro sectores tectónicos bajo España y Portugal
El análisis permitió identificar cuatro grandes sectores con dinámicas claramente diferenciadas. El sector atlántico actúa como una zona donde las tensiones entre África y Eurasia se transmiten casi sin amortiguación. Esta transferencia directa explica parte de la actividad tectónica detectada frente a las costas occidentales de la península.
En contraste, el Arco de Gibraltar y el dominio de Alborán funcionan como regiones de absorción. Allí, la corteza más delgada disipa parte de la energía acumulada, reduciendo la transmisión directa de esfuerzos.
Más al este, el sector argelo-balear presenta un patrón propio, influido tanto por la compresión regional actual como por procesos heredados de etapas geológicas anteriores. Este esquema confirma que la península ibérica no actúa como un bloque único, sino como un mosaico de estructuras con respuestas distintas.
La actividad tectónica también se encuentra dentro de las placas
Uno de los resultados más relevantes del estudio es la constatación de actividad tectónica incluso en zonas consideradas intraplaca, es decir, alejadas de los límites principales. Aunque la deformación horizontal sea baja, persisten señales asociadas a la compresión regional y a fuerzas verticales que siguen actuando en profundidad.
Estos procesos confirman que la dinámica tectónica en España y Portugal continúa activa, aunque lo haga de forma lenta y poco perceptible en superficie.
Desde luego, entender este funcionamiento resulta clave para reconstruir la evolución geológica de la península y para afinar la evaluación del riesgo sísmico.