Jardinería

Álvaro Pedrera, experto en plantas: «El mayor error que podemos cometer con el aloe vera no es ponerlo a la sombra»

Aloe vera
Planta de aloe vera. Foto: Pexels.

El aloe vera destaca por su resistencia y por la capacidad de adaptarse a distintos entornos, lo que explicaría su popular presencia tanto en interiores como en terrazas. Aun así, su aspecto robusto puede llevar a confusión y provocar cuidados inadecuados que terminan debilitando la planta con el paso del tiempo.

En este contexto, el creador de contenido Álvaro Pedrera, conocido en TikTok e Instagram como @ypikue, insiste en que el problema no suele estar en la ubicación ni en la luz. El aloe vera tiene un punto crítico que condiciona su supervivencia y que conviene entender para evitar daños irreversibles.

¿Cuál es el error más común en el cuidado del aloe vera, según Álvaro Pedrera?

Según explica Álvaro Pedrera en uno de sus videos, el mayor fallo con el aloe vera no está relacionado con la sombra ni con la falta de sol. El verdadero problema aparece con el riego. El aloe vera es una planta suculenta y almacena agua en sus hojas y raíces.

Regarla con demasiada frecuencia, rompe su equilibrio natural y genera un entorno húmedo que la planta no puede gestionar. Este exceso termina siendo más dañino que una sequía puntual.

Respecto a lo que se cree popularmente sobre su iluminación, esta planta tolera bien la luz intensa e incluso el sol directo durante algunas horas, aunque una exposición continuada puede provocar que las puntas adquieran un tono rojizo. Aun así, este cambio no suele ser grave.

¿Por qué el exceso de agua daña al aloe vera?

El riego excesivo es la principal causa de deterioro del aloe vera en interiores. Cuando el sustrato permanece húmedo de forma constante, las raíces dejan de oxigenarse y comienzan a degradarse. Este proceso, conocido como pudrición radicular, suele ser irreversible.

Entre las consecuencias más habituales del exceso de agua destacan:

  • Pudrición de raíces: las raíces se vuelven blandas y oscuras, perdiendo su función.
  • Agua acumulada en la roseta: si el agua se deposita en el centro de la planta, se favorece la aparición de hongos.
  • Hojas amarillas y blandas: el aloe vera muestra hojas translúcidas, hinchadas y sin firmeza cuando hay demasiada humedad.

Estos síntomas suelen confundirse con falta de riego, lo que agrava aún más la situación al añadir más agua.

¿Cómo se riega correctamente el aloe vera?

El riego del aloe vera debe adaptarse a su naturaleza suculenta. La clave está en espaciar los riegos y observar el estado del sustrato antes de añadir agua. No existe una frecuencia fija válida para todo el año, ya que influyen factores como la temperatura y la humedad ambiental.

Las pautas básicas para un riego adecuado son claras:

  • Comprobar la tierra: solo se riega cuando los primeros 3 o 4 centímetros del sustrato están completamente secos.
  • Riego profundo y puntual: cuando toca regar, se hace de forma abundante hasta que el agua salga por los orificios de drenaje.
  • Buen drenaje: macetas con agujeros y sustrato específico para cactus o mezclas con arena y perlita.
  • Ajustar la frecuencia: en verano, cada 10 o 15 días; en invierno, una vez al mes o incluso menos.
  • Eliminar el agua sobrante: nunca se deja agua acumulada en el plato inferior.

Usos y curiosidades de esta planta, según expertos

Además de su valor ornamental, el aloe vera es conocido por el uso de su gel en cuidados tradicionales de la piel. Álvaro Pedrera también recuerda que esta planta tiene aplicaciones menos conocidas dentro de la jardinería doméstica. Su gel puede emplearse para ayudar al enraizamiento de esquejes de otras especies.

Por último, otra señal de buen estado es la aparición de hijuelos, pequeños brotes que crecen junto a la planta madre. Cuando esto ocurre, es posible separarlos y obtener nuevos ejemplares sin coste. Un indicio de que el aloe vera se encuentra en un entorno adecuado y con un riego bien controlado.

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