La curiosa relación entre los sabores y la música
La relación entre los sabores y la música es mucho más profunda de lo que podríamos imaginar. Aquí te contamos algunos datos curiosos.
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La relación entre el oído y el gusto es más estrecha de lo que se podría imaginar. Los sonidos que se escuchan durante una comida pueden influir de diversas maneras en la percepción del sabor, creando una experiencia multisensorial única.
La música no solo es una compañera en la mesa; también puede realzar la experiencia culinaria al despertar emociones y recuerdos asociados con sabores y aromas específicos. Su capacidad para evocar sensaciones puede transformar un simple acto de comer en una experiencia sensorial completa.
El gusto y el oído
Los sonidos que acompañan la experiencia gastronómica pueden impactar en la percepción de la textura de los alimentos. Un ejemplo claro es el crujido de las patatas fritas, cuyo sonido puede sugerir que son más crujientes de lo que realmente son. La sinfonía de sonidos contribuye así a la interpretación de la experiencia culinaria.
Para comprender la relación entre el gusto y los sentidos, es esencial conocer el funcionamiento del sistema sensorial. La lengua, un órgano crucial para el gusto, alberga papilas gustativas que detectan las cinco categorías básicas de sabores: dulce, salado, ácido, amargo y umami. Este último siendo la adición más reciente a la lista oficial.
Cuando un alimento toca las papilas gustativas, las células receptivas envían señales eléctricas al cerebro, desencadenando la interpretación de la sensación gustativa.
Contrario a la creencia popular, el sabor no reside en las moléculas individuales de los alimentos, sino que es el resultado de la elaborada interpretación del cerebro, que integra información visual, olfativa, auditiva y táctil.
La interacción mutua entre sonidos y sabores
La música y los sabores pueden trabajar juntos para crear una experiencia multisensorial más rica. La sinergia entre la música y los sabores puede intensificar la satisfacción general durante una comida.
Se ha observado que el tempo y el ritmo de la música pueden influir en el ritmo al que se come. Por ejemplo, música rápida podría acelerar la velocidad de ingesta, mientras que música lenta podría tener el efecto contrario, alentando a los comensales a disfrutar más lentamente de cada bocado.
También se ha establecido que hay una asociación entre la altura tonal de la música y la percepción de ciertos sabores. Por ejemplo, tonos agudos podrían realzar la percepción de sabores dulces, mientras que tonos graves podrían asociarse con sabores más amargos.
Independientemente de la preferencia musical de cada individuo, es innegable que la música tiene el potencial de influir en la percepción global del entorno. Algunos lugares se recuerdan con alegría debido a la armonía entre la música y la experiencia gastronómica, mientras que otros quedan a deber o incluso entorpecen el disfrute del momento.
El respaldo de la ciencia
Charles Spence y Massimiliano Zampini llevaron a cabo un estudio que exploró cómo la música puede influir en la percepción del sabor de los alimentos. Encontraron que la música puede afectar las preferencias gustativas y la intensidad de los sabores, y que la sincronización de la música con la acción de comer puede aumentar la experiencia sensorial.
Otra investigación, de North, Hargreaves y McKendrick (1997), examinó cómo la música ambiental en un restaurante afecta las preferencias de alimentos y bebidas. Descubrieron que la música lenta condujo a una mayor compra de vino y alimentos, mientras que la música rápida tuvo el efecto opuesto.
Un estudio de Reinoso Carvalho et al. (2017) exploró la influencia de diferentes estilos musicales en la percepción del sabor del vino. Los participantes evaluaron el mismo vino con diferentes estilos de música de fondo. Los resultados indicaron que la música afectaba la percepción de ciertos atributos del vino, como la dulzura y la acidez.
La interacción entre la música y los sabores es un campo fascinante y en constante evolución en el ámbito científico.
También con la bebida
Pero la relación entre los sabores y la música no se limita solo a la comida. También se ha descubierto que la música puede influir en la percepción del sabor de las bebidas. Un estudio realizado por el profesor Adrian North de la Universidad de Heriot-Watt encontró que la música puede afectar la forma en que percibimos el sabor del vino.
Los participantes del estudio probaron diferentes vinos mientras escuchaban diferentes géneros musicales y luego calificaron su sabor. Los resultados mostraron que la música tenía un impacto significativo en la forma en que los participantes percibían el sabor del vino. Por ejemplo, la música suave y relajante hizo que el vino pareciera más suave y elegante, mientras que la música enérgica y rápida lo hizo parecer más intenso y audaz.
Estos descubrimientos han llevado a la creación de eventos especiales donde se marida la música con diferentes platos y bebidas. Los amantes de la música y la gastronomía pueden disfrutar de conciertos en los que se sirven platos especialmente diseñados para complementar la música y viceversa. Esto crea una experiencia multisensorial única que combina los placeres de la música y la comida de una manera innovadora.
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