Los científicos no dan crédito: descubren fósiles de mamut que no son lo que pensaban

Durante más de siete décadas, han permanecido custodiadas en el Museo del Norte de la Universidad de Alaska dos enormes vértebras óseas catalogadas como restos de mamut. Estos fósiles se encontraron a mediados del siglo XX cerca de Fairbanks, una ciudad situada a unos 400 kilómetros de la costa más cercana. Su ubicación ya resultaba llamativa, pero nadie cuestionó su identificación… hasta ahora. Un nuevo estudio científico ha revelado que los fósiles que durante años se creyeron pertenecientes a un mamut lanudo no son, en realidad, de un animal terrestre, sino de dos especies de ballena.
El hallazgo, publicado en la revista Journal of Quaternary Science, ha sorprendido a toda la comunidad científica, poniendo de manifiesto que incluso los museos y colecciones más prestigiosos pueden albergar errores que pasan desapercibidos durante décadas. Sin embargo, lejos de ser un fracaso, los investigadores subrayan que este tipo de hallazgos demuestran la fortaleza del método científico, que se corrige a sí mismo a medida que surgen nuevas herramientas y conocimientos.
Los fósiles de ‘mamut’ que en realidad eran de ballena
El naturalista Otto Geist, una figura clave en la exploración científica de Alaska durante el siglo XX, fue quien encontró las vértebras. Durante décadas, nadie dudó de la clasificación original, ya que encajaban en tamaño con lo esperado para un mamut del Pleistoceno tardío.
El punto de inflexión llegó en 2022, con el lanzamiento del proyecto «Adopt a Mammoth», una iniciativa científica cuyo objetivo es mejorar la datación por radiocarbono de restos de mamut para identificar cuáles fueron los ejemplares más jóvenes de la especie.
Cuando los investigadores aplicaron técnicas modernas de carbono 14 a las vértebras encontradas por Geist, los resultados fueron desconcertantes: los huesos tenían entre 1.900 y 2.700 años de antigüedad. Esto contradecía el consenso científico, que sitúa la extinción de los mamuts en Alaska continental hace unos 13.000 años.
Posteriormente, el equipo realizó un análisis de isótopos de nitrógeno, una técnica utilizada para estudiar la dieta de los animales a partir de sus restos óseos. El resultado fue definitivo: los niveles detectados correspondían a organismos marinos, no a herbívoros terrestres. A partir de ese momento, la investigación dio un giro de 180 grados: el problema no era la datación, sino la identificación de la especie.
Análisis de ADN antiguo
Gracias al análisis de ADN antiguo, los investigadores confirmaron que las los fósiles no pertenecían a un mamut, sino a una ballena minke común y a una ballena franca del Pacífico Norte. Pero, ¿cómo podían aparecer huesos de ballena a cientos de kilómetros del océano?
Una de las primeras hipótesis que se plantearon los científicos fue que las ballenas hubieran llegado nadando por antiguos ríos que conectaban el interior con la costa. Sin embargo, esta idea fue rápidamente descartada. El pequeño arroyo cercano al lugar del hallazgo no tenía, ni en el pasado, el caudal ni la profundidad necesarios para permitir el paso de cetáceos de ese tamaño.
Otra hipótesis apunta a la intervención humana. Grupos humanos prehistóricos podrían haber trasladado los huesos desde la costa hacia el interior, ya sea por su valor simbólico o para utilizarlos como materia prima en la fabricación de herramientas.
La opción que gana más peso entre los científicos es, paradójicamente, la más sencilla: un error de etiquetado. Otto Geist recolectó materiales tanto del interior de Alaska como de zonas costeras, como Norton Bay. En este contexto, no es descabellado pensar que algunos restos se mezclaran o fueran catalogados de manera incorrecta, confundiendo los fósiles de mamut con los de ballena.
Museo del Norte de la Universidad de Alaska
El Museo del Norte de la Universidad de Alaska (UAMN) es uno de los principales referentes culturales y científicos del estado y una pieza clave dentro de la Universidad de Alaska Fairbanks. Se trata del único museo de Alaska dedicado de forma simultánea a la investigación, la docencia y la divulgación.
Sus colecciones científicas y culturales albergan más de 2,5 millones de especímenes, que documentan millones de años de biodiversidad y miles de años de historia humana en el norte circumpolar. Estos fondos se organizan en diez grandes disciplinas, entre ellas arqueología, ciencias de la Tierra, etnología e historia, bellas artes, mamíferos, aves, peces, insectos y plantas.
Las colecciones constituyen la base de sus programas educativos, proyectos de investigación y exposiciones. Entre sus espacios más destacados se encuentran la Rose Berry Alaska Art Gallery, que ofrece un recorrido de 2.000 años por el arte de Alaska; la Gallery of Alaska, donde se exhiben piezas icónicas como Blue Babe, un bisonte estepario momificado de casi 50.000 años; y la instalación inmersiva The Place Where You Go to Listen, que transforma en sonido y luz datos en tiempo real del sol, la luna, la actividad sísmica y las auroras.
La historia del museo se remonta a 1926, cuando el naturalista Otto Geist comenzó a recolectar objetos etnográficos y arqueológicos por encargo del entonces presidente de la universidad, Charles Bunnell. En 1929, el museo abrió oficialmente sus puertas al público, mostrando esas primeras colecciones.