Los ecologistas de Baleares deliran: «El turismo de cruceros es tan perjudicial como el de borrachera»
La plataforma contra los cruceros exige reducirlos a un máximo de un buque al día en el puerto de Palma
Acusa a las patronales de comercio de "priorizar los beneficios a corto plazo por encima de la salud pública"

Los ecologistas de Baleares deliran. «El turismo de cruceros es tan perjudicial como el de borrachera», ha afirmado la denominada Plataforma contra los Megacruceros de Palma, que ha acusado a las patronales del pequeño comercio de la capital balear de «priorizar los beneficios a corto plazo por encima de la salud pública, el medio ambiente y la calidad de vida de la ciudadanía».
La entidad que agrupa a una treintena de entidades vecinales, ecologistas y sociales afines a los partidos de la izquierda balear y que aboga por reducir al mínimo este tipo de turismo del puerto de la capital balear, ha asegurado que los cruceristas degradan la ciudad, que expulsan a los residentes y que ese modelo «es claramente insostenible».
Ante esta realidad, que los miembros de la entidad argumentan en base al supuesto «escaso gasto que hacen estos visitantes y al rechazo social que generan», han reclamado «medidas inmediatas y valientes».
Su propuesta, que plantean desde hace años, es establecer un máximo de un crucero al día en el puerto de Palma, mientras se elaboran los estudios de carga pertinentes para ver los impactos positivos y negativos de este modelo.
Por todo ello, la plataforma ha exigido al Govern y a la Autoridad Portuaria de Baleares (APB) que «deje de ceder a las presiones del lobby crucerístico» y adopte medidas para limitar de forma estricta este tipo de turismo.
La entidad responde así al llamamiento realizado esta misma semana por más de 40 entidades entre asociaciones y empresas, entre ellas la Federación de la Pequeña y la Mediana Empresa de Mallorca (Pimem) y la Asociación del Pequeño y Mediano Comercio (Pimeco), que exigieron al Govern de la popular Marga Prohens que no limite más la llegada de cruceros a Palma (máximo de tres al día) que impuso la pasada legislatura la socialista Francina Armengol.
Estos colectivos defienden que el sector inició hace tiempo una transición pionera, y una apuesta patente en desarrollo de nuevas tecnologías para cumplir con las normativas internacionales con inversiones millonarias, y de ahí, por ejemplo, que muchos de los buques que llegan ahora a Palma ya operan con gas natural licuado (GNL), lo que reduce las emisiones y partículas, o la electrificación donde la clave está en la conexión a tierra.
A su juicio, el turismo de cruceros no es sólo un producto vinculado al sol y playa sino «la capacidad de mantener a muchos trabajadores y pequeñas empresas, el comercio, la restauración, los guías, el transporte discrecional, los taxis, las agencias de viajes», defendiendo a su vez que el crucerista de clase media-alta que busca cultura y gastronomía fuera de temporada alta es el perfil que Baleares necesita para no depender del sol y playa.