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En el aeropuerto de Palma hace más frío que en Siberia: trabajadores y pasajeros con abrigos y bufandas

Son Sant Joan lleva años sumido en obras interminables que han convertido sus instalaciones en un caos absoluto

aeropuerto Palma frío
Pasajeros esperando para embarcar con chaquetones y bufandas.
Julio Bastida

Lo que debería ser la puerta de entrada al paraíso balear se ha transformado en un auténtico infierno para pasajeros y trabajadores. El aeropuerto internacional de Palma, uno de los más rentables de España y con mayor tráfico de pasajeros, lleva años sumido en obras interminables que han convertido sus instalaciones en un caos absoluto. Pero ahora, además de suciedad, polvo, goteras y recorridos interminables entre facturación y recogida de equipajes, el frío se ha convertido en el protagonista absoluto de la pesadilla aeroportuaria.

Los pasajeros que llegan a Palma se enfrentan a largas caminatas bajo estructuras en obra, charcos y filtraciones de agua. «Cuando llueve, llueve más dentro que fuera», comenta un viajero visiblemente molesto. Pero el drama no termina ahí: el suelo polvoriento y los pasillos sucios obligan a los visitantes a sortear obstáculos mientras cargan maletas, y los precios abusivos del parking de AENA castigan a los residentes que solo quieren recoger a sus familiares: apenas 15 minutos de estancia gratuita y luego tarifas desorbitadas.

A esta situación se suma ahora un problema que ha desatado la indignación general: el frío extremo en el aeropuerto. Según denuncian desde la sección sindical de CCOO de GroundForce, las temperaturas en la zona de facturación han caído por debajo de los 15ºC. Los trabajadores aseguran que las condiciones son “insoportables” y deben desarrollar sus tareas con abrigos, bufandas y guantes para intentar soportar la climatización deficiente.

CCOO critica que la inadecuada climatización ha sido señalada en múltiples ocasiones a AENA, sin que la entidad haya ofrecido soluciones efectivas. «El frío no solo es incómodo, es un riesgo para la salud y la seguridad de los trabajadores», asegura la organización sindical, que ha exigido medidas urgentes para garantizar condiciones laborales adecuadas.

Los pasajeros también sufren: largas esperas en mostradores helados, escaleras mecánicas que parecen más propias de un túnel de viento ártico, y pasillos donde el frío se cuela entre las grietas de las obras. La indignación es palpable y las redes sociales se han llenado de quejas sobre un aeropuerto que, a pesar de ser uno de los más importantes del país, parece estar viviendo su peor pesadilla.

Algunos trabajadores han relatado escenas surrealistas: «Tenemos que movernos constantemente para no congelarnos mientras gestionamos equipajes y facturamos a los pasajeros. Es como trabajar dentro de un frigorífico gigante», denuncia una empleada.

El caos en Palma no es solo un problema temporal: las obras llevan años y la sensación de abandono de AENA crece día a día. CCOO ha insistido en que la climatización deficiente se suma a un entorno ya de por sí estresante, inseguro y agotador, afectando directamente a la experiencia de los pasajeros y la salud de los trabajadores.

Mientras tanto, el frío sigue marcando la pauta: bufandas, guantes y chaquetas gruesas se han convertido en el uniforme obligatorio para quienes trabajan en el aeropuerto, y la paciencia de los viajeros se va agotando junto con la temperatura en las terminales.

La pregunta que muchos se hacen ahora es: ¿Cuánto más tendrán que soportar los trabajadores y pasajeros hasta que AENA tome medidas reales y eficaces?

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