La gasolinera de Coria del Río, llamada a juicio en el caso de los gases tóxicos

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Antes de que el coronavirus entrara en nuestras vidas, en Coria del Río ya usaban mascarillas para salir a la calle. E incluso dentro de sus casas. ¿El motivo? Unos fuertes gases tóxicos que están causando graves problemas de salud a las cerca de 4.000 personas que habitan en la zona, especialmente a los vecinos de la Barriada Guadalquivir.

El origen de los gases, hasta el momento, no estaba claro. Algunas fuentes apuntaban a un vertido ilegal, otras a un antiguo pozo ciego de aguas negras. El tercer candidato era una de las gasolineras del pueblo, a orillas del Guadalquivir, cuyo surtidor es Zamarrila Inversiones S.L.

Esta empresa se dedica a la explotación de estaciones de servicio y al comercio al por menor de combustibles, carburantes y lubricantes para la automoción en establecimientos especializados. Pues bien, según ha podido confirmar OKDIARIO, la juez que instruye el caso ha llamado a declarar a Zamarrilla Inversiones S.L. en condición de investigado en el caso abierto en el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 3 de Coria del Río.

Al parecer, los derrames y fugas de hidrocarburos de la gasolinera se filtran a las aguas subterráneas y de ahí pasan a las viviendas vía colectores de evacuación de las aguas residuales. Las pruebas toxicológicas realizadas a ocho vecinos del pueblo encontraron extraños parámetros de hexano y acetona en su cuerpo. Ambos compuestos químicos son «extremadamente dañinos» para la salud y con «altos niveles de riesgo», según el informe realizado por el Instituto Nacional de Toxicología. Tanto el hexano (un hidrocarburo) como la acetona (utilizada para reducir la tensión artificial de la gasolina) son compuestos químicos asociados al combustible para automóviles.

El empleado de la gasolinera, un joven de un pueblo cercano, se mantiene al margen cuando OKDIARIO le pregunta por los gases: «Llevo un mes sustituyendo a un compañero, estoy de paso». Sorprende su desconocimiento de la situación: el caso de los gases tóxicos lleva afectando a la localidad desde hace una década y los medios se han hecho eco de ello en numerosas ocasiones.

A la espera de más pruebas toxicológicas

El pasado 20 de enero, ocho personas fueron sometidas a análisis de sangre y orina a instancias de la Guardia Civil. El informe del Instituto Nacional de Toxicología desveló inusuales niveles de hexano y acetona en sangre en los ocho casos. Tanto la acetona como el hexano son dos volátiles tóxicos que en valores elevados pueden ocasionar secuelas en riñones, pulmones, hígados y corazón.

Este pasado junio, otros casi 400 vecinos más se sometieron de nuevo a análisis de sangre y orina por orden judicial. Los resultados de las pruebas toxicológicas verán la luz en pocas semanas. Los corianos esperan que esta muestra sí sea «suficiente y representativa» para que «se nos tome en serio de una vez. Ya no sabemos qué hacer». Desde la Plataforma de Afectados por Tóxicos de Coria del Río se quejan de la dejadez de las autoridades, que «parece que quieren taparlo».

De momento, los vecinos toman sus propias medidas ante lo que definen como «genocidio»: tapan con felpudos y cinta aislante alcantarillas y desagües. Otros, como Sergio González, uno de los representantes de la Plataforma de Afectados, han tenido que abandonar el pueblo y volver a casa de sus padres huyendo de los gases tóxicos.

Los vecinos: «Estamos envenenados»

OKDIARIO ha tenido acceso al grupo de Whatsapp ‘Problemas Tóxicos’, donde se recogen múltiples quejas de los vecinos, que denuncian los malos olores que se filtran en sus casas y los muchos y distintos problemas de salud derivados, presumiblemente, de la inhalación de los gases.

«No se puede respirar, hay un fuerte olor a gasolina», reza uno de ellos. Los mensajes hablan de olores a «gas butano», «desagüe», «agua estancada», «ráfagas de amoníaco» o el característico de «un atasco». Otros, más específicos, lo definen como olor a «Volvone» (producto de limpieza) o «alpechín» (líquido fétido a raíz de aceitunas).

En cuanto a los problemas de salud, se puede leer: «Tanto mi mujer y yo tenemos náuseas y dolores de cabeza. Mi hijo tiene sangrados nasales». Otros vecinos relatan «dolor de oídos», «mareos», «fatiga», «picores de garganta», «dolores musculares», «insomnio», «taquicardias», «periodo irregular», «dolor de riñones» o «vértigos».

La portavoz de la Plataforma de Afectados, Rogelia Gómez, recomienda a los miembros del grupo acudir, en caso de algún síntoma, a los «ambulatorios para que quede constancia de los malestares físicos». Aunque se resigna: «Mientras vivamos en esta refinería estamos envenenados».

El alcalde nacionalista de Coria del Río, Modesto González (Juntos por Andalucía), se muestra impasible ante la desagradable situación. Y lo peor: no es el único problema del pueblo. Una vez pasado el virus del Nilo, acecha también el virus de los okupas, a los que ya visitó OKDIARIO.

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