Ponce corta dos orejas en Fuengirola, Emilio de Justo se lleva un trofeo y Fortes se va de vacío

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  • EFE

La habilidad y el dominio escénico de Enrique Ponce, así como el valor, más o menos evidente, de Fortes y Emilio de Justo fueron las armas con los tres espadas se impusieron a una compleja corrida de toros de Manuel Blázquez, en el festejo nocturno celebrado este jueves en Fuengirola.

Esa habilidad de torero veterano le valió a Ponce para cortar sendas orejas sin gran peso específico, pero con las que el amable público quiso premiar la aparente forma que tuvo de salir airoso, sobre todo, ante las dificultades del segundo de su lote.

Fue este, entre los cuatro realmente complicados de la corrida, el toro más accesible, porque no añadió un excesivo peligro a una brusquedad creciente que el valenciano no llegó a someter, aunque trasteó con él, más que con entrega, con la habilidad y la ligereza de un esgrimista, hasta tumbarlo de una estocada no menos habilidosa.

Antes, al noble toro que abrió plaza, Ponce le hizo una faena liviana, sin gran compromiso ni apreturas, rematada de una estocada baja que le sirvió para terminar paseando un trofeo muy barato.

Más peso tuvo la oreja que cortó Emilio de Justo, quien firmó los pasajes más brillantes de la noche, tanto con su buen primero, del que perdió trofeos por pinchar con la espada, como con el peligroso quinto.

A su primero, el sobrero que sustituyó al titular devuelto por lesionarse en el ruedo, el torero extremeño le hizo una faena a más, a medida que acertó a coger el buen ritmo y la clase manifiesta del toro con los vuelos de la muleta.

Una tanda final de frente y con la derecha, pero sin ayudarse con la espada, y unas lucidas chicuelinas al paso para llevarlo al caballo fueron los momentos más brillantes del trasteo de mayor relieve de la noche. En cambio, De Justo tuvo que apretarse de verdad con el quinto, un toro serio y fuerte y con un comportamiento incierto y desconcertante.

Con firmeza de plantas y de planteamiento, el cacereño quiso y logró torearlo con pureza, a pesar de que el astado respondía al esfuerzo exigido con cabezazos, coladas y frenazos que no llegaron a amilanar al matador..

La reaparición en los ruedos de Fortes, después de 22 meses sin vestirse de luces a causa de una grave lesión ósea, se vio emsombrecida por el pésimo juego de su lote, ya que el primero añadió sentido a sus violentas arrancadas y el sexto se defendió con peligro antes de rajarse cuando se vio sometido.

El torero malagueño se asentó férreamente sobre la arena con el primero de ellos, intentando siempre torearlo por derecho y con sinceridad, solo que sin transmitir esa sensación al tendido, en un exceso de naturalidad y sin darse apenas importancia, mientras que no tuvo opción con el rajado que cerró la sesión nocturna.

 

FICHA DEL FESTEJO:

Seis toros de Manuel Blázquez (el 3º lidiado como sobrero), de buena presencia aunque sin excesos en las cabezas. Salvo los más terciados, 1º y 2º, que resultaron dóciles, el resto desarrollaron complicaciones y peligro manifiesto, derivados de la falta de casta y de su comportamiento defensivo.

Enrique Ponce, de tabaco y oro: estocada baja (oreja); estocada tendida (oreja).

Emilio de Justo, de grana y oro: dos pinchazos y dos descabellos (ovación); estocada delantera (oreja).

Fortes, de marino y oro: bajonazo y nueve descabellos (silencio tras aviso); pinchazo y media estocada delantera (ovación).

Corrida nocturna, con lleno (unas 2.000 personas) dentro de la limitación del cincuenta por ciento del aforo, en cumplimiento de las medidas de seguridad establecidas frente al Covid-19.

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