Manos Unidas advierte: no habrá paz en el mundo mientras persistan el hambre y la pobreza
Alrededor de 673 millones de personas en el mundo padecen hambre
Fidéle Podga, coordinador de Manos Unidas: "El hambre es un insulto que debe sonrojar a la humanidad"
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Manos Unidas presenta su campaña número 67, que, bajo el lema «Declara la guerra al hambre», sitúa el desarrollo y la defensa de los derechos humanos en el centro de la paz mundial: combatir el hambre, la pobreza y la desigualdad es esencial para construir la paz. Según el estudio de Manos Unidas «Paz en un mundo en conflicto», para el 94% de los españoles, la paz es mucho más que ausencia de guerras y exige justicia social, derechos y dignidad humana.
Actualmente, alrededor de 673 millones de personas en el mundo padecen hambre. Además, 1100 millones de personas viven en extrema pobreza, de ellos, unos 455 viven en países en guerra o en situación de fragilidad (PNUD, 2024).
Según el índice Global de la Paz 2025, el mundo no es solo menos pacífico, sino también menos capaz de construir la paz. Actualmente, hay 59 conflictos activos, la cifra más alta desde la Segunda Guerra Mundial; y el hambre es, a la vez, tanto causa como consecuencia de esos conflictos.
«Declarar la guerra al hambre es, por tanto, un imperativo moral. Es un llamamiento a la paz, a la justicia y al desarrollo. Es reclamar alimentos, claro que sí, pero también es clamar por los derechos que, teóricamente, a todos nos amparan: a la educación, a la salud, a la tierra, al agua, a la igualdad. Es, en definitiva, derecho a tener derechos», ha explicado Cecilia Pilar Gracia, presidenta de la ONG.
Manos Unidas lleva 67 años trabajando con comunidades profundamente vulnerables a la violencia, sea directa, estructural o cultural. De esa experiencia histórica surge la visión de la paz de esta organización, que descansa sobre una triple convicción: la paz es un reto universal y urgente que no puede esperar; es una responsabilidad compartida, aunque diferenciada; y es resultado de un desarrollo inclusivo que no deja a nadie en el olvido.
La campaña «Declara la guerra al hambre» ha sido presentada en rueda de prensa esta mañana. En un coloquio posterior a la intervención de Cecilia Pilar, moderado por Fidele Podga, coordinador del departamento de Estudios y Documentación de Manos Unidas, han participado tres socios locales procedentes de proyectos que la entidad apoya en Siria (hermano Georges Sabe), Sierra Leona (hermana Sandra Ramos) y Colombia (padre Jesús Albeiro Parra), y que han compartido la situación que viven sus comunidades, marcadas por la violencia, la fragilidad postconflicto y la inseguridad.
El Pacífico colombiano es hogar de pueblos indígenas y comunidades afrodescendientes que han vivido durante siglos en estrecha relación con la selva, los ríos y el mar. Durante los últimos años, la vida en el Pacífico se ha vuelto más difícil. A la pobreza histórica se suman el conflicto armado y un modelo de desarrollo impuesto desde fuera, que ve el territorio solo como una fuente de recursos para explotar.
«Grupos armados ilegales se disputan el control de ríos, caminos y fronteras. Allí donde el Estado no llega con derechos, llegan las armas. Muchas comunidades viven hoy confinadas, sin poder salir a pescar, sembrar o ir al médico por miedo a los combates o a las minas antipersona», afirma el padre Jesús Albeiro Parra, director ejecutivo de la Coordinación Regional del Pacífico Colombiano.
Mientras, hablar hoy de Sierra Leona es hablar de un país herido, pero no vencido. Un país que arrastra dificultades profundas (políticas, económicas y sociales) y, al mismo tiempo, una enorme capacidad de resistencia y esperanza que se sostiene, sobre todo, en su gente. El país arrastra un duro legado: la guerra civil, la epidemia de ébola y la pobreza estructural dejaron escuelas destruidas, aprendizajes interrumpidos y generaciones enteras con escasas oportunidades. Aun así, la educación sigue siendo una de las herramientas más poderosas para reconstruir el país desde dentro.
«En medio de este contexto tan complejo, la educación se convierte en una auténtica semilla de paz y esperanza. Educar no es solo enseñar a leer y escribir: es abrir caminos, ofrecer alternativas y romper ciclos de pobreza que se repiten de generación en generación», añade la hermana Sandra Ramos, misionera en el país.
Mientras tanto, y aunque el mundo ya no mira hacia Siria, el final del gobierno de Assad en diciembre de 2024 abrió una nueva etapa en el país. Tras la caída del régimen de dictadura, tomó el poder el Hayat Tahrir al-Sham (HTS) nombrando a Ahmad Chareh como presidente interino para un periodo de cinco años. Se disolvió el ejército, el parlamento y la constitución.
De acuerdo con este informe, el 93% de los encuestados considera que estamos muy desinformados sobre los conflictos «olvidados» y el 90% cree que no interesan ni a medios ni a responsables políticos, un dato clave en un mundo en el que 78 países están involucrados en guerras más allá de sus propias fronteras.
Mientras, el 86% cree que, para construir la paz, los gobiernos del norte deben invertir más en desarrollo y menos en carreras armamentísticas… y, sin embargo, según el Índice Global de Paz 2025, la inversión global en mantenimiento y construcción de la paz fue mínima en 2024: apenas 47.200 millones de dólares, solo el 0,52% del gasto militar, que alcanzó un récord de 2,7 billones.
Pobreza, desigualdad y falta de derechos
La campaña «Declara la guerra al hambre» pone el foco en una violencia silenciosa que rara vez abre informativos, pero que destruye vidas cada día: la pobreza extrema, la desigualdad creciente y la vulneración sistemática de derechos básicos.
Frente a esta realidad, Manos Unidas, la ONG de la Iglesia católica, denuncia esta forma de violencia estructural y reclama políticas y compromisos que pongan en el centro la dignidad humana y la justicia social.
Por eso, la organización trabaja para romper el círculo entre hambre, pobreza y conflicto. Desde la convicción de que un mundo en paz es más que un mundo sin guerras, Manos Unidas sitúa la paz en el centro de su misión, tanto desde la acción humanitaria como desde los proyectos de cooperación al desarrollo y la sensibilización en España.

Para Manos Unidas la paz no puede esperar, porque la dignidad no puede esperar. En un mundo herido por la violencia, el hambre y la indiferencia, la organización reafirma su compromiso de trabajar, junto a más de 400 socios locales, apoyando iniciativas que fomenten el desarrollo y la paz, y que impacten positivamente en las vidas de personas víctimas del hambre, la pobreza y la desigualdad. Solo así, alimentando hoy la paz, será posible un mañana donde ninguna persona quede relegada a la espera.
«Hace unos días me hablaban de utopías. De ese sueño de los que estamos convencidos de que, entre todos, podemos hacer del mundo un lugar más justo y en paz. Y pensé que donde otros ven fronteras, en Manos Unidas vemos horizontes, de paz, de justicia y de desarrollo para todos. Mientras unos hablan de utopía, otros hablamos de responsabilidad compartida, de esfuerzo y, sobre todo, de voluntad», concluye Cecilia Pilar.